Cementerio de Cofete

El Cementerio de Cofete

Cementerio de Cofete

Cementerio de Cofete

Hasta principios del siglo XIX, los enterramientos de la isla de Fuerteventura se hacían bajo el suelo de las iglesias.
Cuando alguien moría en la maxorata lejos de iglesia o camposanto, se ataba el cuerpo a un dromedario y así se iniciaba un penoso cortejo fúnebre, que en el caso de Cofete suponía que se recorrieran 40 o 50 kilómetros, a fin de llevar al difunto hasta Pájara para darle cristiana sepultura. Este duro recorrido se solventó en Cofete con los enterramientos a pie de playa.

Para desentrañar la particular ubicación del cementerio de Cofete tenemos que remontarnos a los orígenes de esta aldea, así como al modo de vida que en ella se desarrollaba.

La pequeña aldea de Cofete fue el primer asentamiento poblacional permanente que surgió en Jandía. Sus orígenes se deben a las ansias colonizadoras por parte del sargento mayor de Lanzarote, José Feo de Armas y de Francisco Guerra Bethencourt que promovieron, a principios del siglo XIX, la colonización de la zona con foráneos de la isla.
El cabildo de Fuerteventura, conocedor de la reputación conflictiva y dictatorial de Feo, intentó contrarrestar este proyecto de colonización del sargento mayor, con otro proyecto en el que la zona sería poblada por vecinos de la isla. Esto produjo el nacimiento de Cofete en 1811 como asentamiento permanente.
La colonización de Cofete fue llevada a cabo por arrendatarios del Marqués de Lanzarote, Conde de Santa Coloma y Cifuentes, que era dueño de la dehesa de Jandía, siendo el administrador principal de la finca, Francisco María de León y Xuarez de La Guardia. En Cofete residía el arrendatario con sus colonos que eran en torno a unas cien personas.

Las familias campesinas de Cofete vivían en unas condiciones muy duras y se dedicaban a la recolección de la orchilla, del escán, al marisqueo, a la pesca y la ganadería caprina. Estos campesinos eran sobreexplotados por los medianeros, con normas abusivas y dictatoriales más propias de épocas feudales.
El arrendatario en épocas de sequía, cobraba unos cánones abusivos por cada res que traspasara los linderos de la finca, hasta el punto de que los ingresos por este concepto sobrepasaban, en muchos casos, las rentas agrícolas.

Justo P. Villalva en 1868 describe así Cofete:

En Cofete hay varias casas: la principal donde reside el arrendatario, es una buena casa de un piso, con doce huecos, incluso el Oratorio o Capilla; tiene además una atahona, un almacén contiguo a la casa y dos casas más, hechas por el arrendatario; dos casas unidas a la tahona, otras dos más pequeñas, todas en buen estado, y además diez y ocho casuchos de piedra seca para habitación de los medianeros; que entre todas componen un total de veinte y siete casas.

El Cementerio de Cofete.

Saliendo del pueblo en dirección a la playa por una angosta pista de tierra, encontramos un sencillo camposanto a pie de playa, que fue abierto a principios del siglo XIX por los primeros habitantes de la zona.

Este cementerio se encuentra rodeado por un pequeño murete de escasos centímetros, que la arena de la playa va tapando.  En la entrada encontramos una vetusta puerta de madera con cerrojo, y a su derecha un bloque de piedra negra con los nombres de los yacentes.  Arena, piedras y sencillas cruces de madera, eso es todo lo que podemos ver en esta última morada, sin esculturas u otros ornamentos típicos de los cementerios neoclásicos.

Vicente Martínez Encinas en 1980 nos describe y nos da la clave del por qué está enclavado el cementerio en este sitio, y como la medianería abarcaba más allá de la vida del ser humano:

“Los cadáveres están enterrados en la playa, sin valla, bajo la arena, sujetos con gruesas piedras, y las frágiles cruces de madera diseminadas y deshechas acusan la marea alta y frecuente sobre el camposanto. Intrigado por este fenómeno hemos podido colegir, ante la extrañeza de no sepultar a sus muertos en terreno firme tan abundante y sin cultivar, que la playa no era propiedad de nadie y a la vez era propiedad de todos. Aquellos medianeros, sin ser dueños de un miserable terrón, podían sin temor dejar en paz a sus muertos”.

En el cementerio de Cofete el último enterramiento data del año 1956.

Recordemos que, desde la conquista de Fuerteventura las costas de la isla eran zonas comunales. Los vecinos lo utilizaban con el consentimiento y aprobación del señor territorial. Cuando se extinguieron los señorios y se constituyen los ayuntamientos en 1833, pasaron estas zonas comunales a ser propiedad de las corporaciones locales.

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