Convento Franciscano de Betancuria

Convento Franciscano de Betancuria

Convento Franciscano de Betancuria o convento de San Buenaventura

Convento Franciscano de Betancuria o convento de San Buenaventura

 

En la entrada de la Villa histórica de Betancuria se encuentran los restos del Convento de San Buenaventura, que fue el primer convento de la isla de Fuerteventura y de Canarias. Perteneció a la Orden franciscana, y se fundó en 1416 autorizado por la bula “Pía fidelium” que firmó en Peñíscola el papa Benedicto XIII, el 1 de abril de 1416. En ella se daba conformidad a la solicitud que hicieron Fray Pedro de Pemía y Fray Juan de Baeza, para erigir en Fuerteventura, una casa dedicada a la gloria y honor de Dios y al servicio de los frailes menores. Ambos frailes querían que Fuerteventura fuese el punto de partida del nuevo plan misionero de Canarias de cara al resto de las islas.
Benedicto XIII había asumido personal y directamente la fundación de este convento y proclamó varias bulas con la principal función de la recolección de fondos económicos para terminarlo, ordenando a los arzobispos de Sevilla y Toledo, que consiguieran cada uno 1.000 florines de oro aragoneses, detraídos de las limosnas procedentes de dispensas matrimoniales, conmutación de votos, legados imprecisos, etc …
En la bula “Justis petentium” del 13 de abril, Benedicto XIII pone al convento y a los frailes bajo la guardia y tutela del obispo de Rubicón, el arzobispo de Sevilla y el oficial de la misma ciudad.

Los franciscanos que habitaron el convento, además de predicar se dedicaron a otras ocupaciones, asistieron a los enfermos, enseñaron las primeras letras y compartieron, por lo general, las miserias y calamidades del pueblo llano.
San Diego y Fray Juan de Santorcaz fueron los primeros moradores con cierta transcendencia. San Diego de Alcalá ya era conocido en su época y fue elegido como uno de los guardianes del convento. Recordemos que los guardianes de los conventos eran elegidos por el ministro provincial, sin embargo, Benedicto XIII con la bula “Devotionis sinceritas”, pone en manos de los frailes la elección del mismo.

Diego García de Herrera amplia la edificación del convento franciscano de Betancuria, sobre el año 1454, “reedificó el convento de Fuerteventura, ampliándolo con celdas en la forma necesaria altas, y mayor iglesia”. La reedificación efectuada por Diego García de Herrera amplió la capacidad de doce hasta treinta frailes.
Diego de Herrera, tras la toma de posesión del Señorío en 1455, estableció junto con su esposa Inés de Peraza su residencia en la Villa de Betancuria. En esta villa falleció, en el año 1485, siendo enterrado en el convento de San Buenaventura.

Otro de los personajes ilustres que fueron enterrados en este convento fue D.Claudio de Lila, ingeniero del Rey, que construyó las fortalezas de Tostón y Caleta de Fustes, así consta en el libro parroquial de defunciones de la Villa de Betancuria.

«En quinze de Junio de mili zeptecientos quarenta y tres años se enterró en el Convento de nuestro Señor San Francisco al capitán Don Claudio de Lila imgeniero de su Magestad natural de la Ciudad de León en los Reinos de espafia y rresidente en esta Villa de Santa María asistió el Veneficiado con capa y de capitanes: Morales, Don Bernardo Cabrera, Don Pablo Joseph y Negrín, se le hizo encomendasión pausas con su mena sinco, hubieron gracias. Resivió los Sacramentos. Hizo testamento por ante Su S. Cabrera: escribano público.»

Del convento del siglo XV apenas queda nada, pues casi todo fue arrasado en el ataque a la isla de 1593 del arráez Xaban. En el S. XVII se reedificó y amplió la iglesia conventual, cuyos muros aun se conservan, mientras que del primer convento solo perviven restos de los cimientos.

A partir del siglo XVII las duras y penosas condiciones económicas que pasaba el convento hicieron que el número de frailes del mismo se redujeran peligrando su continuidad puesto que como mínimo tenían que habitar en él doce frailes. Estas condiciones se mantuvieron hasta su cierre.

Legajo 12-a, f. 24, 4 julio 1793. Villa de Betancuria.
A. Mayor, Miguel Bias Vázquez. Síndico Personero, Manuel Cardona. Escribano, Ambrosio Rodríguez. Regidores, Martín Fabricio, Carlos Joseph Ageno, Manuel Arze y Agustín Cabrera.

El Síndico Personero hace constar el lamentable estado en que se halla el Convento del Señor S. Diego de esta Villa así por lo deteriorado como por la falta de religiosos, no hallándose completo el número que previene la contrata, suplicando se sirva pasar este Cabildo oficio al Provincial, para que lleve adelante la contrata o se hagan los recursos que sean necesarios hasta que se cumpla, lo cual se acordó.

La planta de la iglesia es de cruz latina con cabecera plana, los arcos son de medio punto a excepción de algunos apuntados con acanaladuras puramente góticos. El templo posee dos puertas de acceso, una situada a los pies del mismo y la otra en el lado de la epístola, ambas con arcos de medio punto y realizadas en cantería. Se conservan dos pequeños retablos hornacinas de cantería labrada que estuvieron policromaos.

A raíz de las desamortizaciones del XIX la casa franciscana de Betancuria se subastó en varias ocasiones; y se tasó junto a su huerto y su iglesia. El anuncio de su venta se arrastró sin que nadie optase por adquirirla, como si se respetara aquel rincón de nuestra historia y su significado.

Esta iglesia está incluida dentro del conjunto Histórico de Betancuria, declarado en 1979.

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