El Saladar de Corralejo Un lugar de gran valor paisajístico y florístico

El Charco de Bristol

Charco de Bristol

Charco de Bristol

El Charco de Bristol o saladar de Corralejo es una pequeña zona, con algo más de 100 metros de longitud y una anchura de 30 metros, situado en el comienzo de la pista que conecta Corralejo con Majanicho. Forma parte del tramo Corralejo-faro del Tostón que ha sido declarado IBA (Important Bird Area) por BirdLife International.

El Ayuntamiento de La Oliva ha habilitado un espacio en el litoral de la zona turística, en el área de Bristol, para que los dueños puedan pasear a sus mascotas. La zona que se ha habilitado en el litoral comprende una extensión aproximada de cien metros en la zona de Bristol. Se han instalado dos carteles en los que informa sobre las normas que se deben cumplir en dicho espacio, entre ellas no soltar a los perros que no estén seguros de ser controlados, no molestar a los bañistas y la obligatoriedad de recoger los excrementos.

El Charco de Bristol es visitado por las aves limícolas en épocas reproductivas, especialmente por zarapitos, garcetas, cigüeñuelasvuelvepiedrasespátulaschorlitoscorrelimos,  archibebesgarzas reales, … También acuden a diario para alimentarse de los alevines de peces, moluscos y crustáceos que crecen en sus aguas.

La Caleta de Bristol

La Caleta de Bristol es una depresión costera que cuenta con circulación permanente de agua marina y que suele quedar temporalmente inundada.

Es un lugar de gran valor paisajístico y florístico, con plantas tan escasas en Fuerteventura como los matorrales de la Sarcocornetea fruticosi o de la Sarcocornia perennis, esta última figura como “sensible a la alteración de su hábitat” en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias (Decreto 151/2001). Además en esta zona podemos encontrar una gran comunidad de la uva de mar (Zygophyllum fontanesii), algunos ejemplares de mato (Arthrocnemum macrostachyum) y otras plantas características de los saladares.

La comunidad constituida principalmente por la Sarcocornia perennis que se encuentra en el Charco de Bristol es una de las más importantes de Fuerteventura. Este matorral cespitoso cubre casi toda la zona donde está presente y se desarrolla en suelos salinos, tanto arenosos como arcillosos.

El jable del Charco de Bristol se ha ido acomodando en las irregularidades del borde costero rocoso formando una playita encajada. Esta playa por su escaso oleaje y poca profundidad es ideal para el baño con niños.

Tiene mucha importancia el jable que se adentra en el malpaís colindante al Charco de Bristol, pues va mezclado con restos de algas ordinarias, microfauna y bacterias. Las marejadas acumulan en la orilla grandes cantidades de algas procedentes del entorno sumergido cercano. Una vez que las algas amontonadas han sido secadas y desmenuzadas por el sol, son arrastradas por el viento hacia el malpaís, formando una mezcla de arena calcárea y abono algal que ha hecho posible que los terrenos de malpaís invadidos estén colonizados por una vegetación que, aunque discreta por su tamaño y densidad, constituye un soporte importante para la avifauna esteparia de este espacio.

En la Caleta de Bristol el aporte eólico de jables se ha paralizado como consecuencia del proceso urbanizador que se desarrolla desde hace bastantes años en la zona.

Origen del topónimo “Charco de Bristol”

El topónimo de Bristol aparece, en Fuerteventura, a principios del siglo XVIII, y lo hace en la descripción de los linderos de la dehesa de Guriame de Don Fernando Mathias, con el nombre de “Pesca de Bristol”. El Charco de Bristol era justo el limite de dicha dehesa. 

El nombre que se le da a esta parte de Corralejo es un antropónimo. Se lo debemos al apellido de uno de los conquistadores de Fuerteventura que Abreu Galindo dejó reflejado de la siguiente manera. 

Y, tomando lengua y razón de algunos marineros que tenían noticia del descubrimiento de las dichas islas, creciéndoles más el deseo de ir a verlas, lo más breve que pudieron se apercibieron de gente y navios y lo necesario para la jornada, vendiendo algunos de sus pueblos, y empeñando otros, y pidiendo favor a su hermano Monsiur Reinaldo Marlote de Betancor, que le había de suceder, por no tener hijos. Y embarcándose en tres navíos con hasta doscientos hombres poco menos, sin los marineros, en primero de mayo año de 1400, llevando pilotos y marineros diestros, dieron vela, sin contraste de tormenta, que daño ni estorbo les hiciese. Vinieron en su compañía muchos caballeros mancebos, como fueron Masiote de Betancor y Enrique de Betancor, y Guillerno de Betancor, primos suyos, y Arríete Perdomo y Aybone Mehán y Aybone de Armas y Fierre Picar y Rubín de Umpierres y Rubín de Bracamonte y Monsiur de Bristor y Monsiur Guillermo y otros muchos deudos y vasallos suyos cuya descendencia permanece en estas islas

Monsiur de Bristor dejó en la isla descendencia y su apellido que con el tiempo se transmutó en Bristol.

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