Un pescador salvado – Leyendas de Fuerteventura

Un pescador salvado – Leyendas de Fuerteventura

playa del Puertito de Los Molinos

playa del Puertito de Los Molinos

Desde hace tiempo la mar es uno de los sustentos de los habitantes de Fuerteventura, y como no, también de los cuentos y leyendas relacionados con ella. En la leyenda  “Un pescador salvado” se nos cuenta el desventurado día que tuvieron  Juan Santos y su hijo, que fueron a pescar a la Playa de Los Molinos y como la Virgen de la Peña intercedió por ellos.

La Playa de Los Molinos es una de las playas que se encuentran en la costa oeste de la isla de Fuerteventura, es muy frecuentada por pescadores y, a veces, es azotada por fuertes vientos y grandes olas.

«El siguiente año de 1701 por el mes de octubre, Juan Santos y un hijo suyo del mismo nombre fueron al mar a pescar a un puesto llamado los Molinos.

Llegaron al sitio y armando los instrumentos, comenzaron a un tiempo su ejercicio y trabajo, cada uno en diversa piedra, aunque no muy distantes. Estando pues uno y otro con las cañas en las manos y los anzuelos en las aguas, el Mozo o fuese descuido suyo o fuese algún impulso del mar de los que su deslealtad a deshora y súbitamente suele, se deslizó de la peña donde estaba y cayó al mar.

El Padre, que no estaba lejos, viendo a su hijo en las aguas y que perecía en ellas, intrépido se arrojó al mar por ver si podía salvarle a nado.

No teme el amor el riesgo, aunque aventura su vida, arriesga siempre su vida el más diestro nadador cuando en semejantes lances se arroja a favorecer a otro si llegando a él no le halla tan capaz, que haciéndose con las manos solamente de la cintura, deja libre todo el cuerpo para que pueda nadar. Siendo así se salvan ambos. Pero si el primero está ya en tal agonía que sintiendo cualquier cuerpo de tal suerte lo abraza y sujeta todo, que no lo deja capaz de poder nadar, entonces perecen ambos si por ventura no puede desacirse del agonizante que fue a favorecerle. Es muy antigua experiencia.

En este segundo estado halló este leal Padre a su hijo en esta ocasión, pues con la agonía de la muerte lo hació de tal suerte que, aunque sabía bien nadar, perecían ambos sin remedio humano.

Fue dicha de estas dos vidas que estuviese por allí poco distante otro pescador, llamado Luis de Tajaraste, viendo a sus patricios sofocados ya en las saladas aguas sin poder favorecerles, con vehemente dolor de tan lastimosa fatalidad, se arrodilló en la peña donde estaba y con altos fervorosos clamores clamaba a N. S. de la Peña se dignase su clemencia socorriese aquellos dos miserables en trance tan penoso y necesidad tan extrema.

¡Que pronto se muestra la poderosa y clementísima Reina a la voz de un condolido!—Apenas aquel compadecido próximo imploró el poderosísimo auxilio de esta Señora, cuando en aquel mismo instante los dos, que ya se hallaban en las fauces de la muerte, por modo no conocido y de improviso, se hallaron padre e hijo de rodillas en la playa con voces muy sonantes y estupendas dando alabanzas y gracias a la celestial Señora, cuya maravillosa Imagen de la Peña tenían presentes a los ojos y estaban claramente mirando entre resplandores y luces más de que de sol. Vinieron todos gozosos, como admirados, clamoreando al Pueblo este prodigioso caso y colocóse pintado en lienzo en el templo de esta celestial Imagenpara eterno monumento de sus maravillosos y celestiales beneficios»

 

Fuente: Diego Henrique en su libro Fuerteventura

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