Las dos Tormentas – Leyendas de Fuerteventura

Las dos Tormentas – Leyendas de Fuerteventura

Atardecer en las playas del Cotillo

Atardecer en las playas del Cotillo

Entre las leyendas sobre la Virgen de la Peña encontramos el milagro de las “Dos Tormentas”, que nos relata como la Virgen de la Peña salvó al barco La Bailadora no de una tempestad, sino de dos, ante el descuido de su tripulación de cumplir la promesa que hicieron al  liberarlos de la primera tormenta.

«Del mismo año de 1703 por Noviembre, hacía viaje de la isla de Tenerife a la de Fuerteventura Juan Díaz y sus compañeros en su barco nombrado la Bailadora.  Y en la Punta de Jandía les entró tal tormenta, el mar tan soberbio y tan furioso el viento, que se vieron ya constreñidos a alijar al mar la carga para escapar con las vidas. Llevaban la cera y otras cosas, que el Mayordomo de esta Santa Imagen quedándose en Tenerife remitía para la festividad de esta Señora que ya se acercaban y eran a ella necesarias.

Una era la voz de lodos con que clamaban unánimes a nuestra Señora de la Peña, que ya miraban cercana, les favoreciese en aquel amargo susto, prometiendo ir todos descalzos a su santa Casa a venerarle y llevar una arroba de aceite para su culto.
No tardó la piadosísima Señora en socorrerlos, aunque ellos no tardaran en la promesa. Tan compasiva Madre atendió a sus clamores, cuan presta la hallaron al remedio. Cesó luego al instante la tormenta y entraron con bonanza en el Puerto, nombrado Caleta de Fustes.

Hallándose ya contentos en el Puerto, echaron la carga en tierra y, desterrando de su memoria lo pasado, volvieron luego a cargar el barco de otra carga y pasajeros y partieron otra vez la vuelta a Tenerife sin cumplir la promesa que hicieron en la tormenta. ¡Necia deslealtad en la obligación tan única!—¡Rústico descuido donde toda la atención debe aplicarse!

Disimuló por entonces la prudentísima Reina la torpe e ingrata necedad de estos obligados a exacta correspondencia. Permitióles hacer viaje a Tenerife; pero, volviendo de allí a la de Fuerteventura, descargoles el  azote porque sirviese de aviso.
Salieron del Valle de Salazar, que dista cinco o seis millas del Puerto de Santa Cruz, día de la Natividad del Señor con mar llana y viento favorable. Navegaron con facilidad la travesía, pero el siguiente día entrando en la Bocaina (así llaman vulgarmente diez o doce millas de mar que media entre las dos islas de Lanzarote y Fuerteventura) vino sobre ellos tal huracán de viento con el mar tan horroroso que, viéndose muchas veces perdidos, no creyeron escapar, y mucho más lo juzgaron cuando entre la isla de Lobos y Fuerteventura se vieron tan apurados con la altivez de los mares que hallaban ya los umbrales de un desdichado naufragio.

Conocieron su abominable omisión, confesaron su necia ingratitud, pidieron perdón a esta Señora de la culpable tibieza en la debida satisfación y cumplimiento del voto que le habían hecho, arrojó al mar un pasajero unas reliquias de esta admirable Imagen.
Y la tiemísima Madre y piadosísima Reina que no aflige para destruir ni matar, sí sólo pulsa para despertar, al instante quietó el viento, humilló la soberbia del mar, serenó el impetuoso ímpetu de las aguas, conortó  (¿) del susto los corazones y entraron compugidos en el mismo Puerto de Caleta de Fustes, donde llegaron antes de la primera tormenta del viaje antecedente.
Estaba muy reciente el recuerdo y aviso de la pereza y descuido y cuidaron de curarla con la pronta diligencia, que remedio de aquel vicio. Dieron al fondo las áncoras con que amarraron su barco, y, sin otra  detención, caminaron descalzos a cumplir la promesa, llevando la aceite y un grueso pedazo de amarra.

Llegaron al templo de esta celestial Imagen y, postrados en su presencia, le pidieron repetidas veces perdón de su culpa, que humildes confesaban. Ofreciéronle con la primera ofrenda sus corazones y, habiéndole hecho fervorosas gracias de ambos beneficios, dejando pendiente en el templo el pedazo de maroma por signo y memoria de las admirables piedades de esta benignísima Reina, se volvieron gozosos y consolados de la vista y presencia de la que es consuelo de las almas.

Entre mas de cien pasajeros que en esta segunda ocasión venían en dicho barco, fue uno de ellos el Bachiller Don Luis Gómez de Silva, quien como testigo y participante del susto, luego que llegó a su casa y  parroquia de aquella Isla, de la cual era Beneficiado, declaró lo aquí referido para gloria de esta Señora, gozo de sus devotos y escarmiento de los que hacen promesa a Dios, su Madre y sus Santos y teniendo manos muy largas para el recibo del beneficio, las tienen tan cortas para la satisfación de la promesa. Hay mucha solicitud para pedir el remedio cuando se ven en conflicto, pero mucho descuido y pereza para el agradecimiento y cumplimiento del voto.

Fuente: Diego Henrique en su libro Fuerteventura

tiendaonline-002

Deja una respuesta

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

2 comentarios

  1. escapada romantica valencia

    ¿Puedes explicarnos màs sobre esto?, ha sido Genial encontrar mas datos sobre este tema.

    Saludos

    escapada romantica valencia en Casa Rural Antiga