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LA SAL Y LAS SALINAS NATURALES DE FUERTEVENTURA

    LA SAL Y LAS SALINAS NATURALES DE FUERTEVENTURA

    Fuerteventura cuenta con un perímetro de más de 340 kilómetros de litoral. Esta ha jugado un papel fundamental en la vida de los moradores de la isla desde tiempos inmemoriales. La costa majorera ha sido una valiosa fuente de recursos naturales. Ya era utilizada por los primeros pobladores para la pesca, la recolección de moluscos y para la extracción de sal marina.

    Hoy, nos adentramos en la historia de las salinas naturales de Fuerteventura.

    Tipos de salinas en Fuerteventura

    En Fuerteventura podemos encontrar dos tipos de salinas: las artificiales, como las emblemáticas Salinas del Carmen, y las naturales, que destacan por su singularidad y belleza.

    Las salinas naturales son parajes únicos que se ubican principalmente en la costa oeste de Fuerteventura. La naturaleza abrupta del terreno, el oleaje intenso y los vientos constantes que azotan esta zona de la isla son factores clave para que la mayoría de estas formaciones se encuentren en dicha área.

    En términos generales, las salinas naturales se forman en pequeños charcos situados en los límites de la zona intermareal . El viento, al transportar las salpicaduras de las olas unos metros hacia el interior, llena estos charcos con agua salada. La acción del sol provoca la evaporación del agua, dejando la sal que se cristaliza en los cocederos, creando espectaculares tapices blancos que contrastan con la oscuridad de la roca volcánica circundante.

    LA SAL Y LAS SALINAS NATURALES DE FUERTEVENTURA

    Los mahos, ya recolectaban sal de los charcos naturales que se formaban en la zona intermareal de la costa. Los aborígenes incluso mejoraban la productividad de estos cocederos rebajando el fondo de los charcos para aumentar la cantidad de sal recolectada. La sal obtenida era utilizada para salar tanto pescados como carnes, y para la elaboración de los quesos.

    El sistema tradicional de obtención de sal en Fuerteventura tras la conquista

    La conquista de Fuerteventura por los franco-normandos a principios del siglo XV marcó un cambio significativo en la vida de los isleños.

    En lo referente a los cocederos o charcos naturales, que anteriormente se utilizaban libremente para recoger sal, estos pasaron a ser propiedad del señorío . No obstante, la sal continuó considerándose un “bien común” y debía estar accesible para todos los habitantes de la isla.

    Fuerteventura con 8 salinas naturales de gran producción:

    • Baja del Cotillo.
    • Playa de la Mujer .
    • Salinas de La Pescadora. 
    • Salinas del Paso del Diablo.
    • Salinas del Gavioto
    • Salinas de Playas del Valle 
    • Salinas del Vigocho
    • Punta Pesebre.

    En el sistema tradicional de obtención de sal en Fuerteventura, los charcos y cocederos naturales desempeñaban un papel esencial. Los llamados charcos ‘primarios’, equivalentes a los cocederos de las salinas industriales, se llenaban de agua durante los temporales o en las mareas máximas del período equinoccial. En otros casos, este llenado se realizaba manualmente. Estos depósitos de agua salada servían como calentadores, donde el agua se evaporaba parcialmente, aumentando la concentración de cloruro sódico en la solución restante. En un proceso más elaborado, si se realizaba de manera artificial, el llenado y la evaporación se repetían varias veces, obteniendo finalmente una salmuera altamente concentrada.

    LA SAL Y LAS SALINAS NATURALES DE FUERTEVENTURA

    El siguiente paso consistía en transferir esta salmuera a charcos más pequeños, considerados depósitos ‘secundarios’, que funcionaban propiamente como salinas. Estas formaciones podían ser oquedades naturales producidas por la acción del mar, grietas de retracción generadas durante el enfriamiento de la lava, canales lávicos de los malpaíses volcánicos, o pocetas excavadas en pumitas y superficies cementadas. En estos charcos, el agua completaba su evaporación, y las sales se cristalizaban hasta formar un depósito sólido.

    El proceso culminaba con el raspado de la flor de sal, una capa fina que se recogía cuidadosamente con cucharas. La sal recolectada se colocaba en recipientes, se amasaba y se secaba sobre lienzos protegidos de la maresía. Así se completaba la obtención de este valioso recurso.

    Los trabajos de raspado se realizaban principalmente en verano, aprovechando las largas jornadas para combinar esta actividad con el marisqueo o la recolección de vidrio marino. Sin embargo, desde finales de la primavera, muchas familias comenzaban a preparar los charcos y cocederos, limpiándolos cuidadosamente para optimizar el rendimiento de la temporada.

    El derecho a explotar una zona salinera específica solía estar controlado por grupos familiares, quienes protegían con firmeza sus enclaves. Este derecho, orientado al autoabastecimiento familiar, era profundamente respetado en épocas antiguas, garantizando un acceso ordenado y sostenible a este recurso esencial.

    Medidas de control de las salinas

    LA SAL Y LAS SALINAS NATURALES DE FUERTEVENTURA

     A finales del siglo XV los Reyes Católicos instauraron un monopolio salinero en todo el reino. Esto obligaba a los propietarios de las tierras donde se encontraban las salinas a pagar un canon a las arcas reales.

    Esta medida generó un profundo descontento entre los Señores de Fuerteventura y Lanzarote, quienes trataron de esquivar el control estatal sobre las salinas, defendiendo sus privilegios frente a la nueva política real.

    Los consejos responsables del “común” tenían la obligación de vigilar y garantizar el acceso y disfrute equitativo de las propiedades de utilidad pública. En 1525, la Corona concedió a Francisco Jiménez de Albornoz el monopolio sobre la producción y comercialización de la sal.

    Posteriormente, en 1605, una real orden instó a la Audiencia de Canarias a elaborar un informe que integrara las salinas existentes dentro del monopolio de la Real Hacienda. Aunque esta iniciativa no pareció tener un gran éxito en su implementación, marcó el inicio de la reglamentación salinera en el archipiélago.

    La Policía de Bienes Comunales era la encargada de garantizar el cumplimiento de las normas establecidas en las salinas.

    Las autoridades locales emitieron edictos para regular el uso y comercio de la sal extraída de los charcos costeros, considerados un recurso común. Se decretó que la sal no podía ser embarcada ni vendida fuera de la isla. Su comercio debía limitarse entre vecinos, asegurando que nadie tuviera privilegios sobre este bien, considerado propiedad de todos. Aquellos que incumplieran estas normas serían sancionados con una multa de seis ducados.

    Además, se establecieron límites claros para la recolección: cada persona solo podía recoger la cantidad de sal necesaria para su consumo diario y no permanecer más de un día consecutivo en la costa recolectándola. Si otro vecino llegaba y encontraba sal ya recogida, tenía derecho a adquirirla pagando un precio fijado de tres reales por fanega, siempre garantizando que el recolector inicial conservara la cantidad que necesitara. En los mercados locales, la sal debía venderse al precio que marcaba el Cabildo

    Estas medidas buscaban preservar el acceso justo a la sal, evitar su acaparamiento y regular su distribución, asegurando que este recurso vital beneficiara a toda la comunidad por igual.

    Veamos algunos ejemplos.

    Está informado este Cabildo que algunos vecinos van a la costa, donde hay charcos en los que se cuaja alguna sal, con la que se remedian los vecinos sin irla a buscar fuera, y al presente dicen la embarcan para otras partes con daño de la república. Acordaron se pregone que nadie ose embarcarla ni venderla a quien la embarque, sino sólo se venda por unos vecinos a otros, sin que ninguno tenga privilegio sobre la sal cogida en los charcos, por ser bien realengo y pertenecer a todos, siendo sancionado el que lo contrario hiciere con pena de 6 ducados…

    …que nadie haga noche en las salinas ni las estanque so pena de apercibimiento…

    Y que ninguna persona esté de un día para otro en la costa cogiendo sal, sino sólo la que hubiere en un día y necesitare para su gasto; y si llegare un vecino y la viere cogida, la podrá alzar pagando al que la cogió a tres reales fanega, dejándole la que hubiere menester. En los lugares se venderá la sal a cinco reales fanega.

    El precio de la sal:

    En 1746: 

    la fanega de sal en las salinas a cuatro reales y en los lugares a seis. 

    En 1754:

     la fanega de sal en la mar, a tres reales, y en los lugares a seis.

    El Auge de las Salinas artificiales en Fuerteventura

    Salinas del Carmen
    Salinas del Carmen

    Fuerteventura no contó con unas auténticas salinas hasta finales del siglo XVIII cuando se construyeron las Salinas del Carmen. Sin embargo la liberación del monopolio salinero a finales del siglo XIX marcó el comienzo de un gran auge en la producción de sal en Fuerteventura. La creación de la Ley de Desestanco de la Sal permitió el establecimiento y desarrollo de numerosas salinas en la isla. Entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, se crearon varias salinas importantes: las Salinas de la Hondurilla (Salinas del Carmen), las Salinas del Viejo (Puerto del Rosario), las Salinas del Matorral (Morro Jable) y las Salinas del Marrajo (Isla de Lobos).

    El boom turístico propició que muchas salinas se abandonaran.

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