Las Salinas del Viejo o Salinas de Puerto Cabras

Las Salinas del Viejo  o Salinas de Puerto Cabras

Estructuras de los motores de Las Salinas del Viejo o Salinas de Puerto Cabras

Estructuras de los motores de Las Salinas del Viejo o Salinas de Puerto Cabras

Las Salinas del Viejo ocuparon los terrenos de lo que hoy es la central eléctrica de UNELCO, la desaladora de aguas de Puerto del Rosario, el Faro de Punta Gavioto y algunos terrenos adyacentes en el Barrio del Charco.

La historia de las salinas en Fuerteventura es relativamente reciente. En 1641 dice el Cabildo que la sal es bien realengo que todos pueden aprovechar en los charcos donde cuaja, quedando prohibido embarcarla fuera de la isla y venderla a todo aquel que la embarque, y solo se permite venderla entre vecinos. Hasta el siglo XVIII la sal que se consumía en la isla procedía de las salinas naturales localizadas fundamentalmente en la costa oeste, resulta anecdótico que en el año 1789 se informase a Madrid de que en Fuerteventura no había ninguna salina. Las Salinas del Carmen, las primeras de la isla, no se construyeron hasta finales del siglo XVIII.

La zona donde se situaron las salinas de Puerto Cabras, era conocida desde antaño como Rosa del Viejo. Estos terrenos, unas tres fanegas dedicadas al cultivo de cereal, pertenecían a finales del siglo XIX a Juan Nepomuceno Ocampos. Los herederos de Juan Nepomuceno, vendieron estas tierras a finales de los años cuarenta del pasado siglo a la empresa Sociedad Fuerteventura S.L, formada por tres socios de Gran Canaria. Antonio Reyes Parra es el que pide la licencia para la construcción de las salinas. En la entonces Puerto Cabras, se construyen en los años 40 del siglo XX unas grandes salinas, siguiendo el ejemplo de la isla vecina de Lanzarote donde funcionaban de forma extraordinaria. Las Salinas de Puerto Cabras  tenían una extensión de más de 73.000 metros cuadrados,  de los cuales 49.000 pertenecían a la zona de calentadores, 23.000 a la zona de las pocetas y el resto eran las edificaciones, una casa y el salón de la sal. El salinero, Don Juan Medina Cáceres, que se trajeron de Lanzarote vivía en una casita por detrás de las salinas.

  Las Salinas del Viejo tenían  un trazado regular, contando con un gran número de cocederos rectangulares cuyos muros estaban construídos tanto de piedra con barro como con mortero. Estos cocederos pudieron llegar a tener aproximadamente 40 cm de altura de llenado, en ellos la fuerza del viento y los rayos del sol aumentaban la temperatura del agua. Cuando el agua alcanzaba la temperatura adecuada, se canalizaba hacia los tajos o evaporadores, a través de canales.

Los tajos son pocetas de forma cuadrada en los que se terminaban las tareas de evaporación del agua y extracción de la sal. El agua llegaba desde el tomadero impulsada por un motor. Los canales de riego estaban formados con muros de barro y  forro de piedra y mortero y todavía es posible verlos por encima de la central eléctrica.

Se estima que la producción para estas salinas industriales era de unas 1.200 toneladas de sal anuales, que se depositaban en el salón de la sal, un almacén destinado al almacenamiento de la sal limpia y seca hasta su exportación.  La sal obtenida en estas salinas se destinaba íntegramente a la flota pesquera y la industria conservera.
Las Salinas del Viejo se paralizaron a finales de la década de los 50 (siglo XX) siendo desmanteladas y subastados los terrenos que ocupaban.

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