La Palmera Canaria (Phoenix Canariensis)

La Palmera Canaria (Phoenix Canariensis)

 

La Palmera Canaria (Phoenix Canariensis)

La Palmera Canaria (Phoenix Canariensis)

La Palmera Canaria (Phoenix Canariensis) es una especie endémica que se  encuentra en distinta medida en todas las islas mayores del archipiélago, y que puede llegar a vivir hasta 200 años. Pertenece a la familia de las Aracaceae (Palmae), y constituye una de las 17 especies del género Phoenix descritas en el mundo.

Las primeras referencias de la existencia de palmeras en Canarias se pueden atribuir al rey Juba II  (del 25 a. C. al 23 d.C.)

“…en Canaria también abundan los bosques de palmeras cargados de dátiles”.

Webb & Berthelot (1847) fueron los primeros en reconocer las diferencias entre la palmera canaria y la palmera datilera. Estos dos científicos y aventureros reflejaron sus observaciones en el libro “Historia Natural de las Islas Canarias”, tras un laborioso estudio que realizaron en todas las islas, recolectando entre mayo y agosto de 1829 plantas en Lanzarote y Fuerteventura.

La Palmera canaria tuvo distinta nomenclatura científica entre los años 1847 y 1882.  Chabaud en 1882 la describe como una especie única y diferente de la datilera.

Es una palmera cuyo tronco puede llegar a medir hasta un metro de diámetro y tener una altura entre 12-15 metros, sin retoños en su base. Tiene una copa densa con un número de hojas comprendido entre 60 y 100, con un color verde intenso. Los frondes llegan a alcanzar 7 metros, presentando hasta 150 foliolos subcoriaceos y flexibles que se convierten en espinas cortas y rígidas de color amarillento hacia la base de la hoja.

Las flores, tanto masculinas como femeninas, se presentan en inflorescencias, en pániculas, densas de color blanquecino, de hasta 1,5 metros de largo. La inflorescencia masculina es más cerrada y corta, asemejándose a la cola de un caballo, mientras que la inflorescencia femenina es mucho más abierta y los espádices más largos.

Los frutos (támaras o támbaras) son bayas en un principio de color verde, aunque cuando maduran presentan un color amarillentoanaranjado. Las támaras presentan forma ovoide de 2 cm de largo, con poca pulpa y de amargo sabor.(Kunkel & Kunkel, 1974).

La palmera canaria se encuentra muy emparentada con la palmera datilera, pero la palmera datilera es mucho más delgada, tan solo 30-40 cm de grosor en su tronco y mucho mas alta, en torno a los 20 metros de altura. En la base del tronco puede presentar retoños. Su copa es abierta y menos densa que la de la palmera canaria contando con un menor número de hojas, entre 20 y 50.

Los palmerales se encuentran en  fondos de valles y barrancos, sobre suelos que estén húmedos en buena parte del año. En muchas ocasiones se encuentran en una segunda línea detrás de tarajales, cuando no hay un flujo continuo de agua y de sauces (Salix canariensis) cuando hay un flujo continuo de agua.

Los grandes reductos de palmera canaria en Fuerteventura los podemos encontrar en Madre del Agua, Barranco del Malpaso, Barranco de Betancuria, Vega de Río Palmas y Barranco de La Torre. Se han censado algo más de un centenar de palmeras Canarias en la isla, cifra muy lejana de la que encontraron los conquistadores en el siglo XV. En Le Canarien se indica su presencia al relatar la llegada de Gadifer al valle del Río Palmas:

  “Y al pasar al otro lado se halla un valle hermoso y unido y muy agradable, en que habrá unas 800 palmeras que dan sombra al valle, con arroyos de agua que corren por en medio, y están por grupos de 100 y 120 juntas, tan altas como mástiles de más de 20 brazas de altura, tan verdes, tan enramadas y tan cargadas de dátiles, que da gusto mirarlas.”

La aridez de la isla y su escasa vegetación hizo que en numerosas ocasiones el cabildo protegiese a esta especie.

En 1641 el Cabildo de Fuerteventura ejerce vigilancia sobre las palmeras y otras especies prohibiendo cortar palmeras sin licencia, ni tampoco tarajales y aceitunos si no es para orejeras de yuntas, palillos para telares y aperos de labranza.

En 1743, ya se realizan censos de las palmeras en Betancuria.

“Se acordó que el Regidor D. Patricio de Vetancourt pase a la Vega de Río de Palmas y cuente las palmas que este Cabildo tiene en ella.”

La palmera canaria ya fue utilizada por los aborígenes para realizar vestimentas con sus hojas, fabricar diversos artículos cotidianos como tejidos, esteras, bolsas, cuerdas o recipientes e incluso agujas con sus púas. Aunque la carne de la támara es pobre y amarga, en épocas de escasez se consumió y sigue usándose hoy en día como forraje para el ganado. Con los troncos se construyeron las techumbres de las casas, bancos y taburetes, entre otros objetos. Tanto las inflorescencias como las hojas de la palmera se usaron como escobas.

En Fuerteventura destaca la artesanía en palma para fabricar objetos entre los que se encuentran empleitas utilizadas en la elaboración del queso, esteras para proteger los suelos de las viviendas, alfombras, bolsos, sombreros, costureros, juguetes…

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