San Diego de Alcalá

San Diego de Alcalá en Fuerteventura.

Ermita de San diego de Alcalá (Betancuria)

Ermita de San diego de Alcalá (Betancuria)

Diego de Alcalá nació en el año 1400 en el pequeño pueblo sevillano de San Nicolás del Puerto, situado entre Cazalla y Constantina, en su pueblo natal es bautizado con el nombre de Diego de San Nicolás del Puerto.

De muy joven se retiró a una ermita solitaria cercana a su pueblo natal, junto con un devoto sacerdote tio suyo, donde hicieron vida ascética, consagrada a la oración, a cultivar un huerto y a trabajar objetos de madera, junco y mimbre, con los que podían satisfacer sus necesidades y la de algunos pobres.
En esa vida ascética es donde aprende a leer, a orar y a meditar, estas enseñanzas eremíticas fueron fundamentales para que ingresara en el convento de San Francisco de la Arruzafa, en Córdoba, profesando como hermano lego, es decir, era el fraile encargado de las labores manuales del convento, mientras que los sacerdotes se dedicaba a predicar y a estudiar.
Diego también se encargaba de ir pidiendo limosnas por los pueblos de las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz. Limosnas con las que se alimentaban los pobres y los frailes.
¿Cuando llegó San Diego a Canarias, y cuando llegó a Fuerteventura? Hay dos fechas bien documentadas.
Waddingo escribe así en referencia al año 1441:

“Sub hoc tempus ad insulas has transfretasse beatum Didacum Complutensem [. . .] et sub annum MCCCCXLIV rediisse in Hispaniam registrum ordinis et vitae acta MSS recensent”.

San Diego de Alcalá vino a Canarias en 1441 y regresó en 1444. Aunque es muy provable que estuviera primeramente en Lanzarote. Marín y Cubas, pone también la llegada de San Diego en 1441 y añade que vino acompañado de Fray Juan de Santorcaz y Fray Felipe de Sevilla, que lo acompañaría también a su regreso en 1444.
San Diego de Alcalá y Fray Juan de Santorcaz llegaron al convento franciscano de Betancuria, como “frailes menores”, que eran aquellos frailes a los que se pedía ayuda para la empresa de la evangelización de las Canarias, según cuenta el propio Fray Juan en el Manuscrito luliano Torcaz I.
Fue Fray Juan de Santorcaz quien lleva a Diego de Alcalá como lego, al convento de Betancuria, por que según decía Santorcaz  “por ser animoso y capaz de esta nueva conversión”.

Ermita de San diego de Alcalá (Betancuria)

Ermita de San diego de Alcalá (Betancuria)

José de Viera y Clavijo copia del  “Padre Guardián”, Fray Juan de Logroño,  un breve pasaje que sucede nada más pisar tierras majoreras, y que describe las duras condiciones del lego.

“nada más desembarcaron, se echó a cuestas San Diego una pesada cruz que traía consigo, y caminó con ella hasta la puerta de la iglesia del convento, donde la colocó”

Diego fue elegido por unanimidad entre sus compañeros como “guardián” del convento por reunir ciertas condiciones. Como cuenta  P. Luca Waddingo de cuyos textos latinos se puede traducir.

“Se trata de encontrar al fraile prudente en el gobierno, constante en las dificultades, fuerte en las iniciativas, paciente en las adversidades y juicioso en la prosperidad, y enviarlo para convertir a los infieles y gobernar a los frailes.”

Diego de San Nicolás trató de rechazar humildemente este cargo, argumentando que un ignorante no puede gobernar a los letrados. Pero sus superiores le obligan a obedecer, alegando las supremas razones por las que están en las Islas: la conversión de los infieles, que Diego viene realizando con gran éxito.  El cargo de guardián del convento lo desempeñó durante cuatro años, hasta su regreso a San Lucas de Barrameda en 1449.

Diego de San Nicolás del Puerto murió en Alcalá de Henares el 12 de noviembre de 1463, y fue canonizado por el papa Sixto V, el 10 de julio de 1588 culminando el proceso introducido por Pío IV a instancias del rey Felipe II de España. Entre los seis milagros aprobados por la Sagrada Congregación de Ritos para su canonización, el más famoso es, precisamente, la curación del príncipe Carlos. Fue el único santo canonizado a lo largo de todo el siglo XVI.

Después de su partida de tierras majoreras y de su muerte, se siguieron respetando los lugares que Fray Diego había elegido para sus retiros en Betancuria, como una gruta cercana al convento de San Buenaventura, donde el Santo se retiraba a orar,  un pozo que mandó abrir, del cual se refieren muchos prodigios y curaciones en los enfermos que bebían sus aguas y una palmera datilera. En este espacio se erigió la ermita de San Diego de Alcalá en la segunda mitad del siglo XVII.

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