
En las llanuras de El Matorral (Puerto del Rosario), duerme un lugar donde las piedras hablan. Allí, en la margen izquierda del Barranco de Goroy, se esconde el yacimiento arqueológico de Rosa de La Mareta inscrito en el Catálogo Municipal de Protección de Bienes de Interés Arqueológicocomo ARQ-089. El enclave que conserva algunos secretos de los primeros habitantes de Fuerteventura: los majoreros .
El Hogar Ancestral del Barranco de Goroy
Catalogado como Poblado y Complejo Ergológico, ARQ-089 es más que un yacimiento: es un relato de convivencia entre pasado y presente. Entre los restos se distinguen cimientos e hiladas de piedras hincadas, la base de antiguas viviendas y corrales que sirvieron tanto a los aborígenes como a pastores posteriores.
El material hallado en superficie es un auténtico mosaico temporal: cerámica aborigen decorada y sin decorar, fragmentos de cerámica popular y a torno, restos de malacofauna (mariscos que contaban la dieta isleña) y herramientas líticas. Todo ello convierte al lugar en un conjunto arqueo-etnográfico de enorme valor.
El catálogo arqueológico municipal lo protege con grado de protección integral, reconociendo su singularidad y su papel como testimonio del poblamiento y la economía pastoril majorera.
Una Historia Bajo Amenaza
Pero Rosa de La Mareta también es un espacio frágil. Su estado de conservación es malo, afectado por la reutilización agroganadera y la erosión constante del barranco que le da vida. Además, la proximidad de la zona militar supone un riesgo añadido: maniobras, maquinaria pesada o movimientos de tierra pueden alterar los vestigios.

Las medidas de protección recomiendan visitas periódicas y campañas educativas para concienciar a la población y fomentar la conservación. Cada piedra que se pierde, cada muro que se desmorona, borra una línea de la historia insular.
Conectando los eslabones
ARQ-089 no está solo. Forma parte de un entramado arqueológico excepcional en la zona de El Matorral, donde diferentes yacimientos revelan piezas complementarias del pasado de Fuerteventura.
- ARQ-091 (Rosa de Abajo): A escasa distancia, este complejo funerario ha revelado restos humanos datados en el siglo VI, una ventana directa al poblamiento más antiguo de la isla.
- ARQ-097 (Playa del Matorral): En la costa, las icnitas (huellas fosilizadas) humanas y animales se imprimen en la roca, testimonio silencioso del paso de antiguos majoreros y su ganado.
- ARQ-093 (Llano del Cascahuesos) y ARQ-092 (El Matorral): Ambos destacan por su riqueza material —cerámica, lítica, malacofauna— y su frágil conservación. El segundo, lamentablemente, fue arrasado por maquinaria moderna, recordándonos cuán efímera puede ser la huella del pasado.
- ARQ-095 (Gambuesa de Jenejey): Este espacio etnográfico enlaza directamente con la tradición ganadera de las apañadas, práctica ancestral reconocida como Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2025.
Rosa de La Mareta y sus yacimientos vecinos son capítulos de la prehistoria y la identidad majorera. Investigar, conservar y difundir su historia no es solo tarea de arqueólogos, sino una responsabilidad colectiva.
Las medidas propuestas por el Cabildo y el Ayuntamiento —desde el seguimiento arqueológico hasta las campañas de valorización y mantenimiento— buscan precisamente eso: que el pasado siga teniendo voz.