
En Fuerteventura el susurro del viento entre montañas y barrancos arrastra historias que rozan la frontera entre la realidad y el mito. Una de las más fascinantes es la del Gigante Mahan, un guerrero prehispánico cuya figura ha quedado grabada en el imaginario colectivo de los habitantes de Fuerteventura.
La figura de Mahan y su relación con Montaña Cardón son elementos fundamentales que personifican la cosmovisión aborigen de Fuerteventura al entrelazar la veneración a héroes, la sacralidad de la geografía y los valores sociales de la época prehispánica.
Pero ¿quién fue Mahan? ¿Fue realmente un gigante o solo un hombre de gran talla física y aún mayor leyenda? ¿Qué papel jugó en la conquista europea de la isla? ¿Y qué nos dice la arqueología sobre su existencia?
Para entender a Mahan, primero debemos sumergirnos en el mundo de los altahay , los valientes defensores de su tierra.
Los altahay: guardianes de Fuerteventura
Cuando los conquistadores normandos, liderados por Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle, llegaron a Fuerteventura a principios del siglo XV, se encontraron con una sociedad organizada en jefaturas tribales, conocidas como las de Guise y Ayose. Aunque a menudo se les llama “reinos”, es más preciso hablar de demarcaciones territoriales. Cada una de estas estaba gobernada por un jefe o rey, pero detrás de ellos estaban los altahay: guerreros expertos, estrategas y líderes locales que garantizaban el equilibrio del territorio, el acceso a recursos como el agua o el ganado, y la defensa frente a enemigos.
El término altahay —equivalente a “valiente” o “honrado”— era un título de respeto. Entre ellos destacaba uno por encima de todos, tanto por su presencia física como por su valentía: Mahan.
Mahan: entre historia y mito
Le Canarien y la batalla final
La primera referencia escrita sobre Mahan la encontramos en el Le Canarien, una de las fuentes primarias sobre la conquista de Canarias, Mahan fue uno de los pocos guerreros majoreros nombrados expresamente. Murió en combate en una emboscada liderada por las tropas lanzaroteñas aliadas de los normandos, junto con otros nueve combatientes aborígenes.
La importancia simbólica de Mahan era tal que el mismísimo Béthencourt había ordenado capturarlo vivo, debido a su extraordinaria estatura y fuerza, pero los soldados prefirieron matarlo y llevarse ganado como botín.

El Le Canarien lo relata de la siguiente manera:
Entre tanto, queriendo aprovecharse nuestro conquistador de la superioridad que sus armas iban tomando sobre los majoreros, (…) trajo a la isla un refuerzo de milicias lanzaroteñas y destacó este cuerpo el día primero de noviembre, bajo las órdenes de Juan le Courtois y de Guillermo de Andrac, a fin de batir el terreno a lo largo de aquellas costas.
(…)
En otra acción, que tres días después sostuvieron los nuestros, fueron también batidos los majoreros, de tal modo, que Juan le Courtois y Aníbal de la Salle formaron el proyecto de internarse hacia el corazón de la isla a la cabeza de las milicias de Lanzarote. Esta marcha se ejecutó tranquilamente. Encontraron al paso cierta población numerosa y la atacaron con fortuna. Los habitantes, viéndose desbaratados y perseguidos, tomaron la fuga después de haber dejado diez muertos en el campo. Entre éstos fué hallado aquel isleño, hombre famoso por su estatura gigantesca que, según nuestros autores, tenía nueve pies. Mirando a este bárbaro el señor de Béthencourt como una de las cosas más singulares que había en las islas, tenía dada orden expresa para que nadie le matase, sino de que se buscase modo de aprisionarle; sin embargo parece que fue más fácil hacerle morir y más importante traer a la plaza mil cabezas de ganado que un gigante vivo
Este acto de resistencia y su trágico fin lo establecen como un mártir de la conquista, fortaleciendo su lugar en la narrativa identitaria aborigen.
Una tumba descomunal
En el siglo XVI, Fray Juan de Abreu Galindo dejó constancia de una sepultura al pie de una montaña llamada Cardones (hoy Montaña Cardón):
Hállase sepultura al pie de una montaña que dicen de Cardones que tiene de largo veinte y dos pies, de once puntos cada pie, que era de uno que decían Mahan.
Haciendo cálculos, estaríamos hablando de una tumba de más de 6 metros de largo, lo cual da pie a la leyenda del “gigante”.

Leonardo Torriani y los isleños gigantes
Otro autor importante, el ingeniero italiano Leonardo Torriani, describe en su obra cómo se halló un cadáver de 22 pies de largo en la cueva de una montaña llamada Mahan. Según él, antes de la llegada de los cristianos, existían entre los isleños algunos individuos de proporciones extraordinarias.
Esta afirmación, sumada a la transmisión oral y la reverencia hacia ciertos personajes, fue cimentando la leyenda del “gigante de Cardón”.
Montaña Cardón: leyenda viva y patrimonio arqueológico
Montaña Cardón es un auténtico santuario arqueológico y simbólico. Con sus casi 700 metros de altura, está salpicada de estructuras tumulares, cuevas funerarias, círculos de piedras hincadas y grabados rupestres.
Una de esas cuevas es conocida como la Cueva del Gigante, donde se cree que vivió Mahan. Sin embargo, la mayoría de fuentes coinciden en que su sepultura se halla en la base de la montaña o en alguna cueva cercana. De hecho, algunos investigadores sugieren que la montaña entera tomó el nombre de Mahan tras su muerte, lo que refuerza la idea de su figura como símbolo de resistencia y poder.

Las estructuras funerarias halladas en la zona muestran un alto grado de complejidad, lo que indica que Mahan —sea cual fuera su verdadera talla— debió ser una figura central en su comunidad.
El Cardón acoge un conjunto de unidades arqueológicas de diversa naturaleza, incluyendo usos habitacionales, funerarios y cultuales o mágico-religiosos. Entre los hallazgos destacan:
Estructuras funerarias: Sepulcros en solapones acondicionados, cuevas naturales retocadas, cuevas artificiales y estructuras de carácter tumular. Se han encontrado huesos humanos en cuevas como la del Majo, la Iglesia de los Majos y el Cementerio de los Niños.
Elementos rituales: Círculos de piedras hincadas, grabados rupestres podomorfos, cazoletas en Cuevas Labradas, y posibles altares o «iglesias» como la Cueva del Queso o la Iglesia de los Canarios. Estos elementos sugieren que la montaña era un lugar de culto a los antepasados y personas santas, donde se realizaban prácticas rituales.
Sacralidad preexistente: Se considera probable que la montaña ya fuera sagrada antes de la muerte de Mahan, lo que se juzga por la presencia de estas estructuras y grabados.
Punto de referencia: El Cardón es una de las cumbres más elevadas de Fuerteventura y destaca en el paisaje. La existencia de puntos de referencia como el «Sol del Pedregullo» (un liquen con forma solar) utilizados por los ganaderos, o la importancia de la montaña para abastecerse de huevos de aves, integran la montaña en la vida cotidiana y la observación de la naturaleza por parte de los aborígenes.

¿Era Mahan realmente un gigante?
Aquí es donde la historia se mezcla con la biología y la antropología. ¿Es posible que Mahan haya sido realmente un gigante? ¿O su figura fue exagerada con el tiempo?
Escucha: La historia del Gigante Mahan
Estatura promedio en la Fuerteventura aborigen
Estudios como los realizados por Isen Schwidetzky, basados en 50 huesos largos hallados en Fuerteventura, concluyen que la estatura media de los aborígenes era de 1,71 metros. Un hombre de 1,85 o 1,90 metros ya habría sido notablemente alto para su tiempo y probablemente considerado un “gigante” por comparación.
Otros restos óseos analizados en cuevas como la del Majo muestran más robustez que altura, lo cual también contribuye a la imagen de un guerrero imponente.
¿Gigantismo?
Existe una condición médica llamada gigantismo, causada generalmente por un exceso de hormona del crecimiento. En casos históricos conocidos, como el de Robert Wadlow, el hombre más alto registrado (2,72 m), esta condición causaba un crecimiento descontrolado desde la infancia.
Si Mahan midió, como indica Le Canarien, al menos nueve pies (2,74 metros), sería comparable con figuras como Wadlow. Sin embargo, no hay restos que lo confirmen. Además, una persona con gigantismo suele tener problemas de movilidad, algo difícil de conciliar con el perfil de guerrero ágil y valiente que se asocia a Mahan.
Por tanto, es más probable que se tratase de un hombre excepcionalmente alto y fuerte para su época, pero sin llegar a los extremos patológicos del gigantismo.
⭐⭐⭐⭐⭐ Una historia fascinante