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ESCULTURA DE PUERTO DEL ROSARIO: CHAKRAS

    ESCULTURA DE PUERTO DEL ROSARIO: CHAKRAS

    Caminar por Puerto del Rosario es toparse, casi sin querer, con un diálogo constante entre el asfalto y el arte. A principios del nuevo milenio, la capital de Fuerteventura tomó una decisión valiente: convertir el espacio urbano en un lienzo vivo a través de sus Simposios Internacionales de Escultura. 

    No se trataba de rellenar rotondas ni de adornar esquinas con monumentos solemnes y aburridos, sino de sembrar las calles con piezas que obligaran al viandante a frenar el ritmo, a mirar de verdad. En esa primera hornada de creadores que acudieron a la llamada en 2001 se encontraba el lanzaroteño Paco Curbelo. Su aportación, bautizada como Chakras, no tardó en convertirse en un imán para las miradas de los curiosos.

    Más de dos décadas después, la escultura sigue plantada en su sitio, inmutable al paso del tiempo pero profundamente cambiante según la luz del día.

    La anatomía de un monolito que respira

    A primera vista, Chakras se levanta ante nosotros como un imán visual: un imponente bloque de mármol blanco. El secreto de su magnetismo reside en una limpieza formal apabullante. Curbelo no necesitó barroquismos ni filigranas para atrapar una idea tan compleja como la de los centros energéticos del cuerpo. Le bastó con trazar cinco discos de diferentes diámetros que se alinean y escalonan a lo largo de un eje vertical.

    El disco central, el más generoso en dimensiones, funciona como un auténtico sol interior. Es el núcleo de gravedad de toda la pieza, el punto donde la vista descansa antes de iniciar un viaje ascendente y descendente hacia los círculos menores. Esta disposición no es caprichosa. Al reducir la geometría a su mínima expresión, el escultor consigue que la piedra adquiera un ritmo que sube y baja como una respiración pausada.

    Si uno se acerca lo suficiente, descubre que el bloque no es una superficie inerte. Las sutiles incisiones, las hendiduras y el juego de planos que Curbelo talló directamente en la materia rompen por completo la rigidez del mármol. Los discos sugieren un movimiento rotatorio invisible, una corriente que fluye por las entrañas de la roca. Es una interpretación libre, intuitiva y alejada de manuales místicos sobre los siete centros de la tradición oriental. 

    Carrara: cuando la luz se vuelve piedra

    Para dar vida a Chakras, Paco Curbelo recurrió al mármol blanco de Carrara, un material que arrastra consigo el eco de los grandes maestros de la historia, desde la estatuaria clásica hasta el mismísimo Miguel Ángel. Extraído de las míticas canteras de la Toscana italiana, este soporte posee una pureza y una resistencia legendarias, pero lo que realmente sedujo al creador canario fue su piel, su increíble comportamiento ante la luz.

    En las islas, donde la claridad solar es limpia y a menudo cegadora, el mármol de Carrara se comporta de un modo mágico. Curbelo combinó diferentes acabados texturizados: mientras que la superficie de los discos está pulida reflejando el entorno con nitidez, las zonas adyacentes conservan la rugosidad de la piedra herida por la herramienta.

    Esta dualidad convierte a la luz majorera en una coautora de la obra. A medida que el sol avanza desde el amanecer hasta el ocaso, las sombras se desplazan, los discos parecen ganar o perder relieve y la blancura del mármol absorbe los tonos dorados y rojizos de la tarde. La escultura ya no es un objeto estático; es un elemento vivo que reacciona al clima, al paso de las horas y a la mirada del transeúnte, creando una atmósfera de recogimiento en mitad del trasiego urbano.

    El concepto oriental bajo la mirada atlántica

    Para entender la carga poética de la pieza, conviene detenerse en la palabra que le da nombre. En sánscrito, chakra se traduce como rueda o círculo. Las filosofías orientales ven en ellos centros neurálgicos donde se concentra y distribuye el prana, esa energía vital que nos mantiene conectados con el mundo y con nosotros mismos.

    Curbelo no intenta darnos una lección de teología ni busca que el espectador memorice las propiedades de cada punto energético. Lo que hace es recoger ese simbolismo milenario de la línea vertical y el círculo para plantear una pregunta universal. En un mundo hiperconectado, ruidoso y a menudo caótico, la escultura funciona como un espejo conceptual: nos interpele sobre nuestra propia alineación interior, sobre la necesidad de armonizar cuerpo, mente y espíritu. Los discos de piedra son, al fin y al cabo, un recordatorio de que la estabilidad no es la ausencia de movimiento, sino la capacidad de girar en armonía alrededor de un centro propio.

    Paco Curbelo

    Nacido en Lanzarote en 1956, Paco Curbelo pertenece a esa estirpe de artistas canarios que llevan la geología en la sangre. Se formó inicialmente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Las Palmas de Gran Canaria y culminó sus estudios en Barcelona, donde se licenció y se especializó en Escultura. Esa dualidad entre el arraigo isleño y la apertura cultural de la ciudad condal moldeó un lenguaje maduro, idóneo para la creación a gran escala.

    Durante décadas, compaginó su taller con la docencia en la Escuela de Arte Pancho Lasso de su isla natal, dejando una huella imborrable en las nuevas generaciones. Pero es en el cuerpo a cuerpo con la materia donde Curbelo se muestra por entero. Su filosofía creativa huye de la imposición egoísta del artista sobre el material. En más de una ocasión ha confesado que su labor no consiste en inventar una forma de la nada y encajarla a la fuerza en una roca, sino en escuchar el bloque, en limpiar lo que sobra para liberar la figura que ya dormía en su interior.

    Esa complicidad con el basalto , el hierro o el mármol impregna toda su producción. Su obra pública, diseminada por el archipiélago y por rincones de diversos países, bebe directamente de las fuerzas de la naturaleza: el empuje del viento, la insistencia del mar y la rotundidad del paisaje volcánico se transforman, bajo su cincel, en estructuras abstractas dotadas de una sensibilidad asombrosa.

    Obra Año Localización
    Monumento a la Unidad («Las Culonas») 2000 Puerto del Rosario
    Chakras 2001 Puerto del Rosario
    Monumento al Pescador 2002 Corralejo (La Oliva)
    Mirando al Mar 2002 El Cotillo (La Oliva)
    Escalera al Cielo 2004 Puerto del Rosario
    Phoenix Canariensis 2004 Betancuria
    Giro 2014 Fuerteventura

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