
Cada noviembre, el viento del norte sopla con fuerza sobre las dunas de Corralejo. Lo hace como si tuviera memoria. Como si cada ráfaga supiera que tiene una cita con miles de cometas que, desde hace casi cuatro décadas, colorean el cielo más azul del archipiélago canario. En el horizonte, los hilos tensos se cruzan como una telaraña invisible, sosteniendo figuras que bailan, giran y se elevan con una elegancia que parece desafiar la gravedad. Es el Festival Internacional de Cometas de Fuerteventura, una de las citas más bellas y singulares de la isla.
El viento como inspiración
La historia del festival arranca en 1987, en los arenales del Parque Natural de las Dunas de Corralejo , cuando un grupo de aficionados al vuelo de cometas descubrió que aquel rincón de la isla —donde el alisio no se toma descanso— era un escenario perfecto para dejar volar la imaginación. No fue una iniciativa institucional ni una gran empresa turística: nació de la pasión y la curiosidad de unos pocos soñadores que querían compartir su afición con el mundo.
Entre ellos destacan Jacinto Rodríguez, portavoz durante años del festival y uno de sus fundadores; Claudio Azzali, Flora Santana y Ángela Ricciardi, nombres que hoy resuenan con respeto entre los veteranos del viento. Juntos imaginaron algo que parecía sencillo: llenar el cielo de color. Pero lo que crearon fue mucho más que un espectáculo visual; dieron forma a una tradición que se ha convertido en símbolo de identidad de La Oliva y de toda Fuerteventura.
El nacimiento de un icono

En sus primeras ediciones, el festival fue casi una reunión familiar: unas pocas decenas de cometas, un puñado de curiosos y una brisa que hacía el resto. Nadie pensó entonces que, con el paso del tiempo, aquel encuentro se transformaría en un evento internacional, capaz de atraer a cientos de cometistas de Europa, América y Asia.
En 2003, el Ayuntamiento de La Oliva decidió apoyar oficialmente el evento a través de su Concejalía de Turismo, reconociendo su potencial como herramienta de promoción y su valor cultural. Desde entonces, el festival se consolidó como una cita fija en el calendario isleño, un motivo más para visitar Fuerteventura en otoño, cuando los vientos alisios soplan con la intensidad perfecta para que los sueños tomen vuelo.
El escenario: las dunas de Corralejo

Pocos lugares en el mundo ofrecen un paisaje tan propicio para el vuelo de cometas como las Dunas de Corralejo, un espacio natural protegido donde la arena blanca y el mar turquesa crean un contraste hipnótico. Desde la Playa del Burro, epicentro del festival, el espectáculo es sobrecogedor: el sonido constante del viento se mezcla con el murmullo de los visitantes y el susurro de los hilos tensados. Cada cometa parece una extensión del alma de quien la maneja.
En los últimos años, el evento ha ampliado su radio de acción hasta El Cotillo, en la Playa de La Concha, donde el viento es aún más impredecible, obligando a los participantes a una danza continua de equilibrio y precisión. Allí, sobre las olas, las cometas parecen peces voladores buscando su propio rumbo en el cielo.
De la afición al arte
El Festival Internacional de Cometas de Fuerteventura es, ante todo, un acto poético. Las cometas son lienzos en movimiento: dragones, pájaros, medusas gigantes, soles sonrientes o mandalas flotantes. Algunas miden varios metros; otras, apenas la palma de una mano. Pero todas comparten una misma filosofía: convertir el viento en arte.
Con los años, el encuentro ha evolucionado hacia una auténtica exposición al aire libre. Los artistas del viento —como se hacen llamar muchos de los participantes— diseñan cometas que mezclan ingeniería, estética y mensaje. Hay obras que rinden homenaje a la cultura aborigen majorera , otras que evocan temas ecológicos, y no faltan las que, simplemente, celebran el placer de mirar hacia el cielo.
Un evento global
En su 37ª edición (2024) participaron más de 300 cometistas de todo el mundo, y para la 38ª (2025) se prevé un programa aún más ambicioso, del 10 al 16 de noviembre. Cada año llegan a Corralejo clubes de Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, Polonia, Brasil o Ecuador, que traen consigo estilos de vuelo, técnicas y diseños de cometas únicos.
Entre ellos destaca el colectivo informal conocido como The Fuerteventura Kite Family, formado por aquellos que, desde 1987, no han faltado a ninguna edición. Este grupo representa el espíritu del festival: una comunidad abierta, internacional, unida por la pasión de hacer volar algo más que un trozo de tela.
Familias enteras viajan cada año solo para participar, enseñar a los niños a construir su primera cometa y competir en modalidades tan curiosas como el “combate de cometas rokakus”, donde hexágonos de colores luchan amistosamente en el aire.
Entre el arte y el turismo
El Festival Internacional de Cometas de Corralejo no solo es un acontecimiento artístico y cultural; también es un poderoso motor turístico. Cada noviembre, hoteles y restaurantes de la zona cuelgan el cartel de completo. Pero, a diferencia de otros eventos masivos, este mantiene un espíritu amable, familiar y sostenible. No hay música estridente ni gradas de cemento. Solo arena, viento y color.
Es un auténtico espectáculo ver las cometas en los cielos majoreros