Escultura podenco canario, Puerto del Rosario

Justo frente a la serena playa de los Pozos de la capital majorera, entre la brisa marina y el murmullo de las olas, se alza un pequeño jardín adornado dos esculturas, una de ellas dedicada al podenco canario. 

La escultura del Podenco Canario fue creada por el artista lanzaroteño Emiliano G. Hernández en el año 2001. 

El podenco canario, representado en esta escultura en una pose de alerta y elegancia, es mucho más que una simple raza de perro. Es un icono de la cultura y la historia de las Islas Canarias, un compañero leal que ha acompañado a sus habitantes a lo largo de los siglos en sus actividades cotidianas y sus tradiciones más arraigadas.

La escultura ubicada sobre un lecho de piedras que evocan los paisajes naturales de la isla, captura la esencia misma de este magnífico animal. Con sus rasgos finamente detallados y su postura orgullosa, el Podenco Canario parece estar listo para emprender la caza en los áridos campos de Fuerteventura, donde ha desempeñado un papel fundamental en la vida de sus habitantes desde tiempos inmemoriales.

La historia de la caza en las Islas Canarias está intrínsecamente ligada a la presencia del podenco canario, un perro valiente y versátil que ha sido utilizado durante siglos para la caza menor, en particular para la caza del conejo, una actividad que forma parte integral de la cultura y la identidad de Canarias.

El método tradicional de caza del conejo en Canarias implica la colaboración entre el podenco canario y el hurón. La astucia y el olfato agudo del podenco se combinan con la destreza del hurón para localizar y capturar a estos esquivos animales, que se refugian en las numerosas madrigueras diseminadas por toda la isla.

El podenco canario, con su cuerpo esbelto y musculoso, su pelaje corto y denso, y sus características orejas erguidas, es el compañero perfecto para esta tarea. Su agilidad y resistencia le permiten moverse con facilidad a través del terreno irregular de Fuerteventura, mientras que su instinto de caza desarrollado a lo largo de generaciones lo convierte en un aliado invaluable para los cazadores locales.

Pero el podenco canario es mucho más que un simple perro de caza. Es también un compañero fiel y cariñoso, conocido por su temperamento noble y su lealtad inquebrantable hacia su familia humana. A pesar de su papel en la caza, estos perros son amables y afectuosos, y disfrutan de la compañía de sus seres queridos tanto como de la emoción de la persecución.

En la escultura de Emiliano G. Hernández, se pueden apreciar todos estos rasgos distintivos del podenco canario. Desde la elegancia de su postura hasta la intensidad de su mirada, cada detalle de la obra refleja la belleza y la singularidad de esta raza canina tan querida en las Islas Canarias.

Pero más allá de su valor estético, la escultura del Podenco Canario también encierra un profundo significado cultural y simbólico. Representa la conexión íntima entre el pueblo canario y su entorno natural, así como el papel vital que desempeñan los animales en la vida y la historia de la región.

Desde tiempos ancestrales, el podenco canario ha sido una parte integral de la vida en las Islas Canarias, acompañando a sus habitantes en sus actividades diarias, protegiendo sus hogares. Su presencia en la escultura de Puerto del Rosario es un recordatorio de la profunda relación que existe entre el pueblo canario y la tierra que habitan, así como un homenaje a la rica herencia cultural y natural de las islas.

Escultor Emiliano Hernández García

Emiliano Hernández García, nacido en 1933 en Teguise (Lanzarote), es un escultor cuya vida ha sido un viaje lleno de pasión por el arte y enfrentando desafíos constantes. Desde su juventud, mostró un talento excepcional para la pintura y la escultura, a pesar de la reticencia inicial de sus padres, quienes preferían una vida más convencional ligada a la agricultura.

Su amor por el arte fue cultivado durante su infancia en Lanzarote, donde tuvo el privilegio de recibir clases del renombrado César Manrique, una influencia que dejó una marca indeleble en su visión artística. Con el apoyo de una beca, continuó su formación en Las Palmas de Gran Canaria y posteriormente en Madrid, superando la discriminación que enfrentaba como canario para perseguir su sueño de convertirse en artista.

El destino lo llevó a Sudamérica, donde pasó la mayor parte de su vida, explorando y dejando su huella en países como Colombia, Ecuador, Venezuela y Florida. En Colombia, sus obras, como el Cristo del cementerio de Bogotá y un mosaico en la Catedral de la capital, atestiguan su talento y su contribución al mundo del arte, a pesar de los desafíos económicos y sociales que enfrentó.

El regreso a España marcó un nuevo capítulo en su carrera. Participó activamente en el desarrollo del Parque Escultórico de Puerto del Rosario, contribuyendo con figuras destacadas como Manuel Velázquez, Miguel de Unamuno, Las Cabras y el Podenco Canario. Emiliano Hernández es autor de una de las obras emblemáticas de Fuerteventura: los guanches del mirador de Guise y Ayose

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