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Hornito

Los hornitos son pequeñas estructuras volcánicas con forma de chimenea o torre cónica que se forma sobre la superficie de una colada de lava en movimiento. Se origina cuando la presión de los gases atrapados bajo la costra ya solidificada del malpaís rompe la superficie, expulsando salpicaduras de lava incandescente que se amontonan y sueldan capa sobre capa alrededor del orificio.


El Hornito: El soplido de fuego del malpaís

Hornito

Si te pones a caminar por un malpaís reciente, como los de Timanfaya en Lanzarote o el de la corona del Volcán de la Arena en Fuerteventura, te vas a encontrar con unas formaciones que parecen castillos de cera derretida. Eso son los hornitos. No son volcanes propiamente dichos, porque no tienen una raíz profunda que conecte con la cámara magmática de la tierra; son más bien «hijos» de una colada de lava que todavía está viva y caliente por dentro.

1. ¿Cómo se construye una chimenea de lava?

Imagina que vas por encima de un río de lava que ya ha creado una costra negra y dura por fuera, pero que por debajo sigue corriendo como fuego líquido. Los gases que lleva esa lava intentan escapar y, cuando encuentran una grieta o un punto débil, salen a presión. Al salir, arrastran «salpicaduras» de lava fundida (lo que los geólogos llaman spatter). Esas gotas caen alrededor del agujero y, como todavía están pastosas, se pegan unas a otras. Poco a poco, el agujero se va convirtiendo en un tubo o una torreta hacia arriba, como si la tierra estuviera soltando vapor por una chimenea.

2. El «Horno» de la naturaleza

El nombre de hornito no es casualidad. Los antiguos, cuando veían estas estructuras, se daban cuenta de que conservaban el calor durante muchísimo tiempo. Incluso después de que la erupción principal hubiera parado, te acercabas a un hornito y sentías el aire hirviendo saliendo de las entrañas de la colada. En algunos casos, la presión es tanta que el hornito llega a escupir una pequeña fuente de lava, creando una estampa que parece un volcán en miniatura, pero a escala de bolsillo.

3. Diferencias con un cono volcánico

Mucha gente los confunde, pero hay una diferencia clave. Un volcán nace de una chimenea que viene desde lo hondo de la isla. El hornito, en cambio, es un «parásito» de la colada. Solo vive mientras la lava que tiene debajo siga fluyendo o esté lo bastante caliente para soltar gases. Una vez que el río de lava se enfría del todo, el hornito se queda mudo, convertido en una escultura de piedra negra, hueca por dentro y con formas caprichosas que parecen chorretones de una vela.

4. Dónde verlos en las islas orientales

En Fuerteventura, aunque los volcanes son más viejos, todavía tenemos ejemplos espectaculares. En el Malpaís de la Arena, cerca de Villaverde, puedes encontrar estructuras que funcionaron así. Pero si quieres ver el «museo de los hornitos», tienes que saltar a Lanzarote. En el Parque Nacional de Timanfaya, el Hornito de la tartera o los que hay cerca del Islote de Hilario son de libro de texto. Son tan perfectos que parece que alguien los hubiera moldeado a mano con barro negro.

5. Un refugio para la vida extrema

Lo curioso de estas chimeneas es que, una vez que se enfrían, se convierten en micro-hábitats. Al ser huecos y profundos, mantienen una humedad y una temperatura distintas a las de la superficie del malpaís, que suele estar achicharrada por el sol. En el fondo de un hornito es donde empiezan a crecer los primeros líquenes y donde algunos insectos endémicos encuentran el frescor necesario para sobrevivir en mitad del desierto de lava.

6. Fragilidad de cristal volcánico

Hay que tener mucho cuidado cuando se visita una zona de hornitos. Al ser estructuras formadas por capas de salpicaduras soldadas, suelen ser muy frágiles y quebradizas. Pisar donde no se debe o intentar trepar por ellos puede hacer que se desmoronen en un segundo algo que la naturaleza tardó días de fuego en construir. Son monumentos naturales que nos recuerdan que el suelo que pisamos en Canarias no es un bloque sólido, sino una costra llena de túneles y chimeneas que un día fueron el escape de la furia del volcán.

Al final, ver un hornito es ver el último suspiro de una erupción. Es la prueba de que la lava, incluso cuando parece que se ha parado, sigue teniendo fuerza para romper la piedra y buscar el aire.

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