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Avifauna esteparia

La avifauna esteparia es el grupo de aves que han evolucionado para vivir en llanuras abiertas, áridas y con poca vegetación, como los jables y malpaíses de Fuerteventura y Lanzarote. Son especies expertas en el camuflaje y en la supervivencia con poca agua, destacando por su capacidad para anidar directamente en el suelo y pasar desapercibidas en un entorno donde no hay árboles donde esconderse.


Avifauna esteparia: Los fantasmas de la llanura majorera

Avutarda hubara en Fuerteventura

Si caminas por el interior de Fuerteventura, por esas llanuras inmensas que parecen no tener fin, es muy probable que estés rodeado de vida sin darte cuenta. La avifauna esteparia es el ejemplo máximo de adaptación al medio. No busques cantos melodiosos en lo alto de los árboles ni plumajes de colores chillones; estas aves son maestras del engaño, con colores que imitan a la perfección la tierra, la piedra y la arena seca de la Maxorata.

1. Un refugio único en Europa

Fuerteventura es, posiblemente, el santuario más importante de toda la Unión Europea para estas aves. Mientras que en el continente las estepas han sido destruidas por la agricultura intensiva o las urbanizaciones, aquí todavía conservamos grandes extensiones de suelo rústico que el PIO protege para ellas. Para estas especies, nuestras islas orientales son como una balsa de salvamento en mitad del Atlántico.

2. La Hubara Canaria: La reina del jable

Si hay un símbolo de la avifauna esteparia, ese es la Hubara (Chlamydotis undulata fuertaventurae). Es un ave grande, de cuello largo y andares elegantes, que parece un fantasma moviéndose entre las tabaibas. Lo más espectacular de la hubara es su «cortejo»: los machos corren en círculos desplegando unas plumas blancas larguísimas que se ven a kilómetros. Es un espectáculo que solo unos pocos privilegiados logran ver sin espantarlas, porque son asustadizas a más no poder.

3. El Corredor y la Ganga: Velocidad y mimetismo

A ras de suelo conviven otros especialistas:

  • El Corredor (Cursorius cursor)https://fuerteventuraenimagenes.com/corredor-sahariano/: Es el atleta de las estepas. En lugar de volar ante el peligro, prefiere echar a correr con una velocidad increíble, confiando en su color crema para desaparecer entre la arena del jable.
  • La Ganga Ortega (Pterocles orientalis): Es un ave robusta que suele verse en grupos. Lo más curioso de las gangas es que tienen unas plumas en el pecho capaces de absorber agua como si fueran esponjas. Los padres vuelan kilómetros hasta un charco, «cargan» el pecho de agua y vuelven al nido para que los polluelos beban directamente de sus plumas. Un ingenio de la naturaleza para criar en el desierto.

4. El Alcaraván: El vigilante nocturno

Seguro que alguna vez has oído un grito agudo y algo inquietante al caer la noche en el campo. Ese es el Alcaraván. De día es casi imposible verlo porque se queda quieto como una estatua entre las piedras, confiando en sus enormes ojos amarillos para vigilarlo todo. Es el centinela de las llanuras, el que avisa a los demás cuando algo raro se mueve por el barranco.

5. Peligros en un mundo de suelo

Vivir y anidar en el suelo tiene sus riesgos. La avifauna esteparia se enfrenta a amenazas que muchas veces ignoramos:

  • Perros y gatos sueltos: Una de las mayores causas de pérdida de polladas. Para un corredor o una hubara, un gato asilvestrado es un depredador letal.
  • Molinos y tendidos eléctricos: En una isla donde el viento manda, los parques eólicos son necesarios, pero hay que estudiar muy bien dónde se ponen para que no se conviertan en una trampa para estas aves en sus vuelos bajos.
  • El paso de vehículos: Salirse de las pistas con quads o todoterrenos puede aplastar nidos que son invisibles a simple vista.

6. El valor de ver sin ser visto

Para observar la avifauna esteparia no hace falta ser un experto, pero sí tener mucha paciencia y respeto. No se trata de perseguirlas para la foto, sino de sentarse en silencio y esperar a que la llanura «despierte». Cuando una hubara decide que no eres una amenaza y sigue con lo suyo, te das cuenta de que la Maxorata no es un desierto vacío, sino un ecosistema vibrante donde cada pájaro tiene su sitio y su función.

Estas aves son las verdaderas dueñas de los espacios abiertos de Fuerteventura. Sin el sonido del alcaraván o el vuelo pesado de la hubara, nuestras llanuras se quedarían mudas, perdiendo ese alma salvaje que las hace únicas en el mundo.

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