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Escultura de Gemma Domínguez en Puerto del Rosario

    Escultura de Gemma Domínguez en Puerto del Rosario

    A las puertas del muelle comercial de Puerto del Rosario, se alza una escultura de marcada personalidad que invita a detenerse, rodearla y contemplarla desde todos sus ángulos. Es la obra de la escultora grancanaria Gemma Domínguez Guerra, realizada durante el XIV Simposio de Esculturas de Puerto del Rosario, celebrado en noviembre de 2024. Esta pieza, sin título visible, representa una evocadora fusión entre femineidad y música, temas recurrentes en la trayectoria artística de Domínguez.

    Una pieza de mármol que respira luz

    La escultura ha sido tallada directamente en un único bloque de mármol rosa de Portugal . Las vetas rosáceas cruzan su superficie sin un orden rígido, lo que aporta una textura orgánica, casi viva. Desde cualquier punto de vista, el mármol cobra protagonismo no solo por su pureza material, sino por su capacidad de interactuar con la luz natural, reflejando tonos que varían a lo largo del día. Esta cualidad convierte a la obra en un ente cambiante, que se transforma según la posición del sol.

    Volúmenes que sugieren y no imponen: un homenaje silencioso

    La escultura de Gemma Domínguez Guerra no se entrega de inmediato a quien la mira; exige rodearla, detenerse, observar cómo la luz resbala por sus formas y despierta detalles que antes no estaban. Desde cualquier punto, la obra propone una experiencia visual y casi táctil que rehúye la literalidad. No hay un frente ni un reverso definidos, porque todo en ella está dispuesto para insinuar más que afirmar.

    Escultura de Gemma Domínguez en Puerto del Rosario

    Al aproximarse, lo primero que se impone es la verticalidad: un bloque geométrico ascendente, de líneas limpias, donde los volúmenes parecen organizarse como si fueran acordes de una melodía que solo el ojo puede escuchar. Las formas rectas conviven con curvaturas suaves que remiten a la figura femenina, no de manera explícita, sino a través de un lenguaje simbólico que habla más de presencia que de representación. No hay rostro, no hay brazos, pero hay cuerpo; o mejor dicho, hay esencia de cuerpo, evocación de un torso que emerge sin esfuerzo de la piedra.

    A lo largo de uno de sus flancos, una serie de cilindros en relieve recorren el mármol como si fueran trastes de un instrumento invisible, o tal vez botones de una maquinaria sonora abstracta. Su disposición no sigue un patrón técnico, sino una cadencia intuitiva, como notas suspendidas en una partitura abierta. No hace falta que nadie las toque para que la música se sienta: está allí, suspendida en el equilibrio entre lleno y vacío, entre curva y plano, entre lo pulido y lo rugoso.

    Desde una perspectiva más oblicua, la escultura revela su verdadero poder: la capacidad de ser muchas cosas a la vez sin necesidad de decidirse por ninguna. Es a la vez figura y objeto, símbolo y forma, cuerpo y artefacto. Esta ambigüedad es una decisión estética profunda: la de crear una pieza que invite a la contemplación sin dictar una lectura única.

    Escultura de Gemma Domínguez en Puerto del Rosario

    En esta obra, Domínguez Guerra rinde un homenaje silencioso, pero profundamente elocuente, a la mujer como principio creador. No a la mujer idealizada, ni a la mujer representada, sino a la mujer sentida, sugerida, invocada a través de la armonía entre materia y forma. La feminidad no está en los rasgos, sino en los ritmos, en las proporciones, en la tensión contenida de los volúmenes que se aproximan sin tocarse, que se separan sin romper la unidad.

    Es también una celebración de la música, aunque sin instrumentos ni partituras. La escultura suena en su silencio, vibra con el viento del puerto y con el paso de los caminantes. Cada ángulo ofrece una variación, como si cada mirada propusiera una nueva interpretación del mismo tema. Y en ese juego silencioso de resonancias, la obra se convierte en un cuerpo vivo, un cuerpo de mármol que respira con la luz, que dialoga con el espacio, que nos escucha mientras la observamos.

    Gemma Domínguez en Puerto del Rosario

    Esta no es la única obra de la artista en la capital majorera . Frente al hospital se encuentra otra escultura suya: una Piedad en acero cortén , que contrasta con esta pieza de mármol tanto en material como en temática, pero que confirma la sensibilidad y el compromiso expresivo de la autora.

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