La orfebrería en Fuerteventura

La orfebrería en Fuerteventura

La orfebrería en Fuerteventura

La orfebrería en Fuerteventura

 

La historia de la orfebrería en Canarias va ligada a la escasez de las materias primas, y a la lejanía del archipielago a Europa, siendo la cantidad de piezas de plata y oro que posee un territorio un buen indicador de la economía de la zona en cada momento histórico. La Iglesia en canarias ha sido desde hace siglos el principal comprador de piezas de plata y oro, usadas tanto para el culto religioso como para adornar los templos.

Durante los primeros momentos de la colonización de Fuerteventura, se utilizaron para el culto religioso objetos diversos como cálices, vinajeras, custodias, campanillas de altar, portapaces, copas de comunión… todos ellos hechos en parte o totalmente de metales de diversas aleaciones, quedando constancias de aleaciones de plomo, latón, bronce, cobre y en especial, con estaño y azófar.

Las primeras piezas de plata que entran en Canarias son de la primera mitad del siglo XVI, a partir de ese siglo algunas de las piezas del ajuar religioso se van sustituyendo por piezas de plata. Piezas que fueron esquilmadas en los sucesivos ataques por parte de piratas y corsarios, que saquearon las islas de Lanzarote y Fuerteventura.

Estas piezas de plata traidas a Fuerteventura, procedían de Tenerife, Gran Canaria y posteriormente de La Palma, también llegaron obras orfebres procedentes de los afamados talleres de Sevilla y Cádiz.

Los primeros orfebres que llegaron a la maxorata eran artesanos tinerfeños, que acudían a la isla para hacer sus trabajos in situ, o enviaban sus piezas desde Tenerife.

A finales del siglo XVI Fuerteventura cuenta con algunas piezas de plata. En 1593 Betancuria fue asaltada por los corsarios argelinos, y en las cuentas de fábrica de Santa María de Betancuria, queda reflejada la primera acción relacionada con la plata, se menciona el gasto de hacer una llave para la puerta de la iglesia “después de los moros”; y el aderezo de dos cruces y un incensario de plata “que quebraron los moros con su venida”.

La pieza de plata más antigua que se conserva en Fuerteventura está en la Iglesia de Betancuria, es una custodia con viril en forma de sol, de procedencia madrileña, la cual fue labrada por el platero Juan Sánchez  en 1600.
En 1669 ya aparece documentado el primer platero de Fuerteventura afincado en Betancuria, Baltasar de Estrada era un maestro tinerfeño con taller en La Laguna, que vino a Fuerteventura. La Laguna destacó desde el siglo XVII por ser uno de las ciudades más importantes en talleres de orfebrería, de los cuales salían numerosas piezas para todo el archipiélago

El trabajo de Baltasar de Estrada consistió en:

“limpiar toda la plata de la iglesia y aderezar la cruz y haser un báculo de plata para llevar el oleo a los enfermos y un puntero para otro baso” por lo que cobró 72 reales (…). “62 reales que se dieron a Baltasar de Estrada por limpiar la plata de la iglesia y soldar la cruz pequeña del altar”.

En el siglo XVII es posible que existiera un taller en la Villa de Betancuria, ya que en la iglesia de Santa María de Betancuria se conserva un incensario de plata en el que se puede leer: “Da Fabrica do Forteventura”

En 1744 hay trabajos realizados para la parroquia de Betancuria, por el maestro Pedro de Herrera, por cuya labor percibió 77 reales.

Libro de Cuentas de Fábrica, de Santa María de Betancuria.

“77 rls. pagados a Pedro de Herrera maestro platero por el aliño y composición de esnar (sic), vinageras, incensario, naveta y limpiar una poca de plata”.

El mismo platero trabaja en la iglesia de la Virgen de La Peña, cobrando 325 reales y 2 onzas de plata.

Libro de Cuentas de Fábrica, de la parroquia de la Virgen de la Peña, descargo del 21 de enero de 1755.

“225 rls. y 2 onzas de plata para el sol de la Virgen”.
“100 rls. pagados al maestro platero Pedro de Herrera que fabricó dho. sol, lo demás que importó dicho sol fueron 50 rls. hizo gracia el dho. maestro”.

Betancuria invirtió mucho dinero en piezas de plata, tanto de orfebres de Fuerteventura y Lanzarote como en piezas traidas de Tenerife y Gran Canaria.

En el inventario de la Iglesia de Santa María de Betancuria el 4 de mayo de 1764, queda reflejado:

“Por 14.244 rls. que importa seis candelabros de plata que pesan 24 ttº y 8 onzas y dos adarmes incluso una caja para la condición”.
“4.500 rls. costo de un azetre isopo y todo de plata, sagrario del altar maior y caja para los santos óleos que remitió de Canaria el sr. Visitador Toledo”.
“720 rls. a un platero que vino de Lanzarote para distintas composiciones de plata de la yglesia”.

A la Iglesia de Santa María de Betancuria llegó una de las primeras custodias labradas por el orfebre lagunero Jacinto Ruiz Camacho, uno de los más destacados orfebres tinerfeños del siglo XVIII.

Aún se conserva en Tuineje, gran parte del trabajo realizado por el platero Fernando Ortega. Este orfebre tinerfeño realizó sus trabajos para la iglesia de San Miguel, durante la última década del siglo XVIII.

La custodia de rayos de plata

“Por ocho pesos que dio para la Custodia según recibo que recibió del Maestro Femando Ortega. Por siete pesos en la misma forma”.
“Se descarga con doscientos doce reales y diez y siete maravedís, que pagó al platero Femando Ortega por mano de Don Francisco Castillo, según consta en recibo en siete onzas y media de plata para la Custodia.
Se descarga doce de plata y dos reales vellón antiguos, costo de seis ramitos para las andas del Santo Arcángel, y paga de un peón que llevó una carta al Gran Tarajal en solicitud de la Custodia”.

(Libro de la Ermita, fol. 103).

 

Durante los siglos siguientes del XIX  y  XX tanto las parroquias como los habitantes de Fuerteventura siguen adquiriendo piezas de plata. El aumento de la burguesía hizo que se importara orfebrería no religiosa haciendose famosas las tabaqueras de plata. No es hasta bien entrado el siglo XX cuando podemos encontrar talleres de orfebrería en Fuerteventura, dedicados fundamentalmente a la platería “doméstica”.
Hoy en día Fuerteventura cuenta con numerosas tiendas, ferias y mercados de artesanía donde los orfebres y otros artesanos pueden mostrar y vender sus trabajos.

 

 

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