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Juan Betancor García, el poeta majorero de las décimas

    Juan Betancor García, el poeta majorero de las décimas

    Las Casas de La Florida,
    Las Casas de La Florida,

    Juan Betancor García nació en 1900 en La Florida, pago de Tuineje, Fuerteventura. Su padre, Zacarías Betancor González, como tantos otros canarios, estuvo en Cuba en los años finales del siglo XIX, y de allí trajo su afición por la poesía y por las décimas, que debió inculcar a su hijo, aunque según dejó dicho Juan, su verdadero introductor en las décimas fue el sacristán de Tuineje, Juan Medina.

    Juan Betancor no tuvo oportunidad de ir a la escuela, ni tuvo maestros; su infancia la pasó trabajando, ayudando a sus padres en la agricultura, pero la poesía la aprendió en la calle; empezó a hacer versos desde muy niño, primero pareados,después cuartetas, después décimas.

    Participó muy activamente en la vida comunitaria de su pueblo: bailes de taifa, velorios, aires de lima, ranchos de ánimas , pionadas, lucha canaria.

    Se han realizado varios homenajes en su memoria y puesto su nombre a calles, así nos describe sus sensaciones al descubrir la placa en su memoria y su recuerdo de la guerra de marruecos en la que participó.

    «Pusieron mi nombre en una placa,pero a mí no me altera el orden eso. Yo no la arranco y la pisoteo porque eso no puede ser… No soy hombre presumido, pero no creo en nada. Yo estoy en la sociedad porque sin ella no se puede, pero que hay un alma, no; esos son cuentos. Tampoco creo en Dios, ni aunque me esté muriendo, aunque rezo todas las noches.
    Me lo enseñó mi madre y lo cumplo… Yo no sé ni lo que soy. Para mi gusto soy un mentecato, porque ni soy fascista, ni soy de los ricos, ni soy de los pobres.
    Siempre anduve en contra de los caciques, pero era casi por darme tono… A mí los militares ni me gustan ni no me gustan: los que son buenos me gustan, los que son malos, no… Sería por eso, o por ignorante, que no le tenía miedo a la muerte, ni a las balas ni a nada, aunque de valiente yo no tengo ni la sombra… Bueno, valiente no se  debe ser; valiente es todo el que sepa clavar un cuchillo y matar a otro, y eso es ser criminal… De aquella guerra siempre le di la razón al moro, porque es una cobardía acosar al débil… A mí me gusta en esto de las mujeres que se lo den a todo el que quiera, porque eso de estar guardando una cosa que tan poco mérito tiene y tanta falta que hace… Mis hijos son buenos, y si son malos no lo he podido averiguar»…

    «Más que las fieras» de Juan Betancor, en donde se narra un desdichado caso en que una madre mata y entierra a su hijo recién nacido.

    Me estremezco en lo profundo
    cuando empiezo a cavilar
    que es la vida en este mundo
    ilusión en su pasar.
    No hay pluma que pueda dar
    un detalle del cariño
    que tiene una madre a un niño
    que en sus entrañas llevó
    y en sus brazos le meció,
    a cuya razón me ciño.

    Madre es nombre bendecido,
    es madre todo lo bueno,
    pero hay madres de veneno
    para un hijito querido.
    Es madre lo más sentido
    que aquí en la tierra miramos
    y cuando penas pasamos
    nuestra exclamación crecida
    es: ¡Ay, mi madre querida!,
    y al recordarla lloramos.
    y si una madre es tan buena,
    ¿cómo es que ha pasado ayer
    matar a su hijo al nacer
    y sepultarlo en la arena?
    ¿Qué pluma habrá tan amena
    que pueda un verso escribir
    el cual nos pueda decir
    qué motivo, qué razón
    hubo en ese corazón
    pobre, miserable y ruin?
    Yo mismo vi al angelito
    rebosando de gusanos
    por las criminales manos
    que han cometido el delito.

    Ya estaba el cuerpo marchito
    y aún parece que decía:
    ¡Pobre mi madre querida!,
    ¿qué bien engañada estás!,
    ¿cómo es que muerte le das
    al que te puede dar vida?

    Detente, calma la mano
    y domina tu pasión,
    no mates mi corazón
    antes de hacerlo cristiano.
    ¿No ves el pecado insano
    que Dios no perdonaría?
    Tú, que me distes la vida,
    no me la debe quitar,
    mira que te ha de pesar,
    que Dios ni duerme ni olvida.

    Ni aún una fiera te iguala,
    no tienes comparación,
    pues aunque es bravo el león
    eres tú mucho más mala.
    Merece tu alma una bala,
    no sé ni lo que dijera,
    ¿no ves a la misma fiera
    cómo defiende su cría?,
    le da leche, le da vida
    como madre verdadera.
    y tú me dejas tirado
    en estos campos sin flores,
    cubierto por los horrores
    del hijo más desdichado.

    Dime si no te ha pesado
    enterrarme en este cerro
    y en una tumba de arena
    para ser más desdichado.
    Llevas también el pecado
    de ser yo pasto de un perro.

    No seas más que las fieras
    y temerosos reptiles,
    porque dos guardias civiles
    te llevarán prisionera.
    Oscura celda te espera
    con sus puertas de rejilla,
    donde no has de ver cuando brilla
    la hermosa luz que da el cielo
    y han de rodar sin consuelo
    lágrimas por tus mejillas.

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    2 Comentarios
    José Antonio Corzo Aviles
    6 years ago

    Tuve la suerte de conocer a este gran poeta y su esposa,
    Su hija María Ignacia,Carmen,Luis y a algunos familiares más.

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