
Uno de los lugares dormidos cerca de El Matorral es el Poblado del Barranco de Valle Corto. El yacimiento está inscrito como ARQ-086 en el Catálogo Municipal de Protección de Bienes de Interés Arqueológico de Puerto del Rosario. El enclave está catalogado oficialmente como complejo ergológico y parece a primera vista un conjunto de simples piedras dispersas. Pero bajo esa apariencia humilde se esconde un capítulo esencial de la historia preeuropea majorera .
Un poblado entre piedras y viento
Los arqueólogos lo describen con precisión: restos de varias construcciones distribuidas en tres zonas, a ambos lados del barranco. Las estructuras, de tendencia oval o circular, marcan el patrón clásico de los poblados aborígenes de la isla. Hoy, apenas quedan sus cimientos, pero bastan para imaginar la escena: chozas de piedra, familias que comparten fuego, animales guaniles que pastan en las laderas y el silbar del viento.
El poblado fue usado durante siglos, incluso después del contacto europeo. Lo prueban los hallazgos de cerámica a torno y popular junto a la cerámica aborigen decorada y sin decorar, los restos de malacofauna —lapas, burgaos y otros mariscos— y la industria lítica con la que los antiguos tallaban herramientas y utensilios domésticos.
Pero el tiempo y el ser humano han sido enemigos silenciosos. La acción erosiva del barranco, los movimientos de tierra para pastoreo y la reutilización del entorno han provocado una pérdida casi total de la morfología original. Hoy, el enclave se encuentra en estado de conservación “malo”, y solo el ojo entrenado distingue entre una piedra cualquiera y el vestigio de un muro levantado hace más de mil años.
Entre la erosión y el olvido

El informe arqueológico del Catálogo Municipal de Protección de Puerto del Rosario (2025) clasifica el sitio con protección integral. Sin embargo, el grado de amenaza es medio, una advertencia que pesa sobre cada metro cuadrado de su suelo.
El Barranco de Valle Corto, cuando se desborda tras las lluvias, actúa como un bisturí que corta y arrastra parte de las estructuras. Las escorrentías han dejado huellas profundas y continúan alterando el paisaje. A ello se suma la acción humana: el vertido de escombros, el uso del terreno como zona de pastoreo y, más recientemente, la presión urbanística del entorno de Puerto del Rosario.
Por eso, los técnicos proponen un plan de conservación que combina ciencia, vigilancia y educación:
- Seguimiento periódico del conjunto, con monitoreo topográfico y fotográfico.
- Control de las escorrentías y drenajes para evitar la pérdida de material arqueológico.
- Consolidación y restauración selectiva de los muros que aún se mantienen en pie.
- Programas de valorización y mantenimiento, con rutas señalizadas y paneles interpretativos.
- Y sobre todo, campañas educativas para sensibilizar a la población local. Porque solo lo que se conoce, se protege.
En este sentido, el ARQ-086 no es solo un yacimiento: es una oportunidad. Una ventana abierta al pasado que puede atraer turismo responsable.
La red invisible: los vecinos del Valle Corto
El Barranco de Valle Corto no está solo: forma parte de una red de enclaves que narran la vida de los antiguos majoreros, entre la piedra, el mar y el viento.
En el cercano Barranco de Goroy, los yacimientos ARQ-087 y ARQ-089 ( Rosa de la Mareta ) revelan el pasado pastoril de la isla. Allí, un corral circular de veinte metros y los restos de muros aborígenes se entrelazan con construcciones más recientes, testigos de una ocupación continua desde tiempos preeuropeos.
Hacia el interior, la Gambuesa de Jenejey (ARQ-095) evoca las antiguas apañadas, hoy declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial, mientras que junto a la costa de El Matorral, el conchero de Los Tabaibejos (ARQ-107) habla de un pueblo que también miraba al mar, recolectando lapas y mariscos.
Juntos, estos yacimientos tejen el mapa vivo de la memoria majorera.
⭐⭐⭐⭐⭐ Lo comentado anteriormente. Parece que este rincón de la isla solo tiene un triste descampado, pero ya vemos que no. Este rincón de Fuerteventura atesora un rico patrimonio que deberíamos de preservar
Casi todos los días paso por El Matorral y no tenía ni idea de la gran cantidad de patrimonio arqueológico que hay por la zona. Debería de cuidar un poco más estos pequeños tesoros.