
En la avenida marítima de Puerto de Rosario, justo frente a la fuente de la Explanada, emerge El mar lo sabe, una escultura que dialoga simultáneamente con el paisaje, con el cuerpo y con la memoria. La obra de Ania Sabet se presenta como una instalación abierta, vulnerable y profundamente simbólica, donde el equilibrio físico se convierte en metáfora del equilibrio emocional y existencial. Como el mar que le da nombre, la escultura no ofrece respuestas cerradas, sino una presencia que observa, acompaña y sabe sin juzgar.
La pieza combina elementos figurativos y surrealistas que, a primera vista, parecen inconexos: una figura rayada en blanco y negro, coronada por una pelota de playa suspendida en un precario equilibrio; un tablero de ajedrez que actúa como base del conjunto; una escalera que asciende hacia unos labios monumentales, silenciosos, situados en lo alto. Sin embargo, esta aparente disonancia visual es precisamente el lenguaje elegido por Sabet para hablar de la complejidad de la experiencia humana y de la fragmentación del yo.

Cada uno de estos elementos funciona como un signo cargado de significado. La pelota de playa —objeto asociado al juego, al ocio y a la ligereza— aparece atrapada en un instante suspendido, detenida en un acto de equilibrio incierto. Rebota, por naturaleza, pero aquí permanece inmóvil, como si el tiempo se hubiera congelado. Es una imagen poderosa del “ahora”: nadie sabe cuánto durará ese equilibrio, ni cuándo se romperá. En este gesto se condensa una reflexión sobre la fragilidad del presente, sobre la vida entendida como un momento efímero que puede inclinarse en cualquier dirección.
El tablero de ajedrez sobre el que se asientan las piezas introduce la idea de estrategia, decisión y riesgo. La vida, parece decir la artista, es una partida en constante reorganización. Movemos piezas, retrocedemos, avanzamos, buscamos la jugada que nos acerque a la felicidad, sin ser plenamente conscientes de que quizá esta siempre ha estado ahí. No es el tablero lo que cambia, sino nuestra percepción de él. En ese sentido, la obra plantea una pregunta fundamental: ¿qué está realmente en juego? Tal vez no sea la victoria, sino la conciencia de la fragilidad del momento que espera ser vivido.

Las escaleras, ascendidas por labios silenciosos, refuerzan esta dimensión psicológica y poética. Los labios, órgano de la palabra y del deseo, aquí no hablan. Suben, buscan altura, perspectiva, una visión de largo alcance “del otro lado”. El silencio se vuelve elocuente. ¿Es esta la imagen de lo que somos después de atravesar el trauma, la pérdida o la transformación? La escalera no garantiza un destino; solo propone un movimiento, una posibilidad de ascenso que convive con la duda.
Ania Sabet
El mar lo sabe es inseparable de la biografía de su autora. Ania Sabet nació en el Reino Unido en 1972, pero creció en Irán durante la revolución de 1978 y la posterior guerra entre Irán e Irak. Su infancia estuvo marcada por el caos, la inestabilidad, la supervivencia y las raciones, en un contexto donde imaginar una carrera artística parecía un lujo imposible. A los 17 años se trasladó a Londres, donde, motivada por sus experiencias vitales, decidió formarse como médica en el Imperial College. Actualmente trabaja a tiempo parcial en el departamento de Emergencias del Hospital St Thomas, una labor que la mantiene en contacto directo con el límite, el cuerpo y la vulnerabilidad humana.

Este doble perfil —médica y artista— atraviesa de manera decisiva su obra. Su profundo interés por la psicología y el psicoanálisis se refleja en un trabajo que explora el subconsciente, la memoria y los mecanismos internos que nos permiten sobrevivir a la fragmentación. Su dedicación a las artes creativas comenzó relativamente tarde: pintura en 2014, escultura en 2016 e imagen en movimiento en 2017. Lejos de ser una desventaja, este recorrido tardío dota a su producción de una intensidad y una madurez poco habituales.
Durante los cierres provocados por la pandemia de la Covid-19, Sabet experimentó una sensación de déjà vu: supermercados vacíos, economías tambaleantes, miedo colectivo e incertidumbre. Aquellos días le recordaron su infancia en tiempos de guerra. Esta resonancia entre pasado y presente reforzó su convicción de que la vida está en constante estado de metamorfosis y de que la realidad, tal como la percibimos, posee una dimensión profundamente surrealista.
Su proceso creativo es espontáneo y se apoya en una tríada fundamental: el material disponible, las influencias atmosféricas y su estado emocional en el momento de la creación. Para Sabet, despejar la mente de pensamientos conscientes es esencial; solo así las imágenes pueden emerger del inconsciente. El dibujo y el collage funcionan como herramientas generadoras de ideas, que luego se transforman en esculturas e instalaciones pensadas tanto para interiores como para espacios públicos, como ocurre en Puerto del Rosario.
La obra se inscribe también en el contexto del XIII Simposio Internacional de Escultura, un evento que, bajo distintas denominaciones y formatos, se ha consolidado como uno de los referentes del otoño cultural en Canarias. La edición celebrada del 15 al 30 de septiembre de 2022 apostó por la intervención en espacios abiertos, invitando a las obras a integrarse en la vida social de los ciudadanos. Durante quince días, lugares como los Hornos de Cal de Los Pozos se transformaron en talleres artísticos al aire libre, accesibles y vivos.
curiosa escultura
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