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La Piedra de Dumitraș

    La Piedra de Dumitraș

    Llegué a Puerto del Rosario sin propósito. Había venido por playas, como tantos otros. Pero en mi último día cometí el error clásico del que viaja apurado: consultar un mapa de esculturas. El Parque Escultórico estaba por todas partes, o eso decía internet.

    Cuando empecé a caminar, comprendí que estaba equivocada.

    En la calle Hibisco, lejos de las rutas turísticas, próxima al CEIP La Hubara, sucedió. Una pequeña zona ajardinada con una roca enorme, gris, elevada sobre cuatro cilindros delgados como si la tierra quisiera soltarla. Dos líneas profundas atravesaban su masa verticalmente. La roca parecía flotar. Y contenía un secreto que no sabía cómo formular.

    No había cartel. Ninguna placa. Ninguna explicación. Pasé apenas unos minutos fotografiando desde ángulos diferentes, desconcertada ante esa ausencia de contexto.

    Semanas después, investigando desde casa, descubrí la conexión en los archivos del Simposio de Esculturas de Puerto del Rosario de 2005: Maxim Dumitraș. Un rumano. Una obra sin título. Granito de Betancuria. La información existía, pero enterrada en documentos administrativos de casi dos décadas atrás. Instalada, documentada oficialmente, luego dejada en la indiferencia pública.

    ¿Quién era este hombre que hacía flotar piedras?

    Maxim Dumitraș nació en septiembre de 1958 en Sângeorz-Băi, Rumania. Estudió en la Universidad de Arte y Diseño de Cluj-Napoca. Construyó un museo. Pero aquí, en Fuerteventura, su obra estaba casi invisible.

    ¿Por qué un artista rumano había elegido granito de Betancuria? ¿Qué buscaba al fragmentar una piedra con líneas geométricas precisas? Las guías turísticas no mencionaban su nombre. Las obras del parque no la catalogaban con detalle. Era como si existiera en un espacio entre lo visible y lo invisible.

    Decidí investigar.

    El Lenguaje de la Piedra

    La Piedra de Dumitraș

    El bloque en granito de Betancuria es volcánico, rugoso en su estado natural. Dumitraș conservó esa rugosidad pero intervino deliberadamente. Las dos incisiones verticales son precisas, geométricas, pulidas —más pulidas que el resto de la superficie.

    Este contraste genera «zonas de tensión». Las hendiduras actúan como límites donde la luz se quiebra, donde la sombra anida. Dumitraș llamó a este diálogo «el tránsito de la materia». Las superficies rugosas conservan la identidad primigenia de la roca, como si el tiempo geológico estuviera congelado. Las líneas pulidas introducen orden, dirección, movimiento humano. La piedra contiene dos historias: la de su formación milenaria y la de su transformación artística.

    Esta dualidad responde al concepto que resumió en su publicación De la naturaleza al sentido. No intenta representar algo reconocible. Es sugestivo. Las hendiduras podrían ser cicatrices, cauces de agua, fracturas geológicas o puertas simbólicas. Cada observador encuentra un significado diferente. La ambigüedad interpretativa es deliberada. El artista creó una forma que contenía preguntas sin resolver.

    Un Museo Diseminado

    El Parque Escultórico de Puerto del Rosario contiene casi doscientas propuestas artísticas distribuidas por calles, plazas, avenidas y espacios públicos. Sin entrada, sin horario, sin cuota de admisión. Convierte la ciudad en uno de los mayores museos al aire libre de Canarias.

    Las obras no están concentradas. No puedes visitarlas en una mañana. Están tejidas en el tejido urbano: en esquinas con tiendas, zonas de juego con niños, pequeños espacios verdes próximos a escuelas. La dispersión contrasta radicalmente con los museos convencionales, donde el arte existe separado de la vida.

    La ubicación de la escultura de Dumitraș, alejada de recorridos turísticos, parece casi intencionada: una invitación a descubrir en lugar de consumir. Fuerteventura es una isla marcada por la geología. Barrancos erosionados. Montañas volcánicas. Texturas de piedra oscura. La escultura no es elemento extraño aquí. Es prolongación artística del territorio. Sus formas evocan las fracturas geológicas de la isla, los riscos modelados por el viento atlántico.

    La Invisibilidad

    Descubrí un patrón inquietante: la escultura de la calle Hibisco no tenía placa informativa. Existía en el margen de la visibilidad institucional. Instalada pero no explicada. Catalogada pero no promocionada. Su ubicación aseguraba que solo quien se desviaba accidentalmente podría descubrirla.

    La invisibilidad de una obra de arte no es neutral. Es una degradación del significado. No es degradación física del material (aunque la piedra mostraba musgo en las grietas). Cuando una obra no se explica, cuando no se transmite su contexto, pierde la mitad de su identidad.

    El Redescubrimiento

    No soy arqueóloga ni historiadora del arte. Soy Clara Navarro, escritora de divulgación. Mi tarea es detenerme frente a obras ignoradas y preguntar quién las hizo y por qué.

    Mi investigación reveló más: el Museo de Arte Comparado de Sângeorz-Băi, que alberga más de dos mil obras. También publicaciones teóricas de Maxim Dumitraș, incluyendo Absențe încercuite (Ausencias rodeadas), donde reflexiona sobre espacios vacíos que conservan la presencia simbólica de quienes los habitaron. Referencias a La Piedad, otra escultura suya instalada en el Hospital General de Puerto del Rosario en 2007.

    Pero sobre la escultura de la calle Hibisco, encontré casi nada. Paradójicamente, esto la hizo más valiosa. Era un hueco en el registro. Una ausencia documentada. Exactamente el tipo de obra que necesitaba ser explicada, contextualizada, recuperada de su invisibilidad.

    Lo que permanece

    No ha cambiado nada en la calle Hibisco. La escultura sigue flotando sobre sus cilindros. Sigue siendo invisible para la mayoría.

    Pero ahora hay un contexto. Hay un nombre: Maxim Dumitraș, nacido a finales de los años 50 del pasado siglo, formado en Cluj-Napoca, creador de un museo singular. Hay una filosofía: transformar lo natural en símbolo.

    La importancia de Dumitraș reside en su capacidad de unir tradición y contemporaneidad. Sus esculturas plantean preguntas sobre memoria, identidad, dimensión espiritual. Su trabajo ha dejado huella en lugares tan alejados como esta isla atlántica.

    El conocimiento, una vez adquirido, transforma la percepción. Y eso, finalmente, es lo que el arte busca: transformar cómo vemos el mundo.

    Clara Navarro

    Sobre la autora

    Clara Navarro

    Escritora · Divulgadora cultural

    Investiga el patrimonio, la arqueología, el arte y la historia de lugares que suelen pasar desapercibidos, buscando siempre las historias ocultas tras cada paisaje y monumento.

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