
Al sur de la playa de Las Caletillas, se esconde un enclave que, a primera vista, podría pasar inadvertido entre piedras, arena y las huellas del paso humano. Sin embargo, lo que parece un simple amontonamiento de rocas guarda en su interior secretos de siglos pasados. Se trata del yacimiento ARQ-090, un conjunto arqueológico que forma parte del Catálogo Municipal de Protección de Puerto del Rosario y que ha sido incluido como Bien de Interés Arqueológico.
Este yacimiento se define como un complejo ergológico y se extiende sobre una superficie de protección de 40.285 m².
Lejos de los grandes espacios que solemos asociar con la arqueología, este lugar sorprende por su humildad y fragilidad. Lo que vemos hoy son restos muy deteriorados: estructuras de piedra y acumulaciones de conchas marinas —conocido como conchero — y fragmentos cerámicos que el tiempo y el clima han desgastado hasta volverlos casi irreconocibles.
Entre conchas y cerámica.

Uno de los aspectos más fascinantes del yacimiento es su mezcla de materiales arqueológicos. Se han hallado fragmentos de cerámica popular, piezas torneadas y hasta restos vidriados. Muchos de ellos presentan un alto grado de fragmentación, lo que dificulta su clasificación exacta, pero su sola presencia confirma que este enclave fue, en algún momento, un espacio de actividad humana intensa.
Lo curioso es que, a pesar de los hallazgos, los investigadores no han podido confirmar de manera definitiva que se trate de un asentamiento prehispánico . La tipología de algunas construcciones apunta en esa dirección, pero la falta de evidencias claras obliga a mantener la cautela. De ahí que el yacimiento figure en el inventario arqueológico de forma preventiva, como un espacio cuya importancia puede aumentar a medida que avancen las investigaciones.
Tres áreas frente al mar
El conjunto se distribuye en, al menos, tres sectores distintos a lo largo de la costa. La zona más meridional se encuentra sobre un pequeño montículo elevado, que ofrece una vista privilegiada del entorno, como si hubiera sido elegido estratégicamente. Hacia el norte, otro de los núcleos se sitúa junto a un antiguo poste metálico donde ondeaba la bandera de la playa. Estos contrastes recuerdan que la costa siempre ha sido un lugar vivo, compartido entre antiguos pobladores, pescadores, mariscadores y, más recientemente, bañistas y turistas.
De hecho, este dinamismo humano es también uno de los grandes problemas del enclave. La cercanía a la playa y el constante tránsito de personas han provocado alteraciones en las estructuras, además de la acumulación de basuras y residuos. Todo ello ha llevado a que su estado de conservación sea catalogado como malo, con un alto grado de amenaza.
Patrimonio frágil, memoria colectiva
La historia de Las Caletillas nos recuerda que el patrimonio arqueológico no siempre se manifiesta en grandes monumentos, sino también en restos humildes que hablan de la vida cotidiana. Cada fragmento de cerámica o concha acumulada es testimonio de cómo los antiguos majoreros se relacionaban con su entorno, explotaban los recursos marinos y levantaban pequeñas construcciones junto al mar.
El reto actual no es solo conservar lo que queda, sino también concienciar a la población. El catálogo recomienda campañas educativas y actividades de divulgación que permitan a los vecinos y visitantes comprender el valor del yacimiento. Porque protegerlo no es únicamente tarea de especialistas: se trata de un esfuerzo colectivo para preservar un legado que pertenece a todos.
Mirando hacia el futuro
Las medidas propuestas incluyen inspecciones periódicas, consolidación de las estructuras y estudios que permitan aclarar la función exacta de cada construcción. Quizás nuevas excavaciones revelen que estamos ante un enclave preeuropeo de gran relevancia, o tal vez se confirme como un espacio vinculado exclusivamente a actividades pesqueras de épocas posteriores. Sea cual sea la conclusión, lo cierto es que el yacimiento ARQ-090 constituye una pieza clave del puzle histórico de Fuerteventura que todos debemos preservar.
⭐⭐⭐⭐⭐ En Fuerteventura todavía queda mucho patrimonio histórico por descubrir