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Comisionado

Es el vecino que la junta o la mancomunidad elige para dar la cara por el grupo o para sacar adelante un trabajo concreto. En los tiempos de los bienes comunales, era el hombre de confianza que se pateaba el campo vigilando que se respetaran los pastos, que el agua se repartiera como es debido o que las paredes y acequias estuvieran en orden. Básicamente, era el puente entre la gente del pueblo y los que mandaban.


El Comisionado: La voz y el orden de la comunidad

Las apañadas en Fuerteventura
Las apañadas en Fuerteventura

Si lo mancomunado es el sistema donde el beneficio es de todos, el comisionado es la figura que garantiza que nadie abuse del sistema y que las reglas se cumplan. En la sociedad rural canaria, donde la palabra empeñada valía tanto como un papel firmado, el comisionado era un vecino de respeto que recibía un mandato (una «comisión») para resolver problemas colectivos. No era un cargo político al uso, sino una responsabilidad vecinal basada en la honradez y el conocimiento de la tierra.

1. El ejecutor de la voluntad vecinal

Cuando la comunidad decidía que había que arreglar un camino destrozado por una barrancada o limpiar una acequia común, se nombraba a un comisionado. Él era el encargado de organizar la «peonada», convocando a los vecinos para el trabajo comunal. Tenía la autoridad para exigir que cada familia aportara su parte de esfuerzo o dinero. Si la tarea salía mal, era su prestigio ante sus propios paisanos el que estaba en juego, por lo que solían ser personas extremadamente meticulosas con lo público.

2. El vigilante de los linderos y los derechos

En tiempos donde los Señores de la isla o los grandes propietarios intentaban mover las paredes para ganar terreno a costa de los bienes comunales, el comisionado era el escudo de la comunidad. Él conocía de memoria dónde terminaba el pasto y dónde empezaba el cultivo. Actuaba como mediador en los pleitos, y su testimonio solía ser clave en los juicios porque representaba la memoria colectiva de los derechos de la vecindad sobre el monte o las fuentes.

3. Los comisionados de las mancomunidades ganaderas

En Fuerteventura, este papel era especialmente crítico. Las mancomunidades ganaderas elegían a sus comisionados para poner orden en el campo abierto. Eran los máximos responsables de las apañadas, decidiendo cuándo y dónde se recogía el ganado suelto para marcarlo. Se encargaba de repartir el trabajo, convocar, distribuir y dirigir a los pastores que participaban en la apañada. Además, hacían de jueces de paz: si las cabras de un pastor rompían una gavia, el comisionado tasaba el daño y obligaba al pastor a compensar al agricultor, evitando que las rencillas terminaran en peleas mayores. Era el garante de que la «mano común» no se convirtiera en un caos.

4. Del campo a la administración moderna

Cuando los señoríos se acabaron en 1811 y empezaron a nacer los ayuntamientos, el comisionado no se fue a ningún lado, solo cambió de «chaqueta». Los nuevos municipios seguían necesitando a alguien para misiones delicadas, ya fuera repartir comida cuando venía una hambruna o vigilar las obras del pueblo. Hoy todavía oímos hablar del Comisionado del Agua, y es que, aunque ahora se trabaje en despachos, sigue haciendo falta alguien que vigile que lo que es de todos no se lo quede uno solo.


Lugares para entender la labor del comisionado:

  • Corrales de Guise (Fuerteventura): Un punto de encuentro histórico donde los comisionados ganaderos organizaban las grandes apañadas del norte para identificar y marcar las cabras.
  • Casa del Comisario (El Sauzal, Tenerife): Un edificio que se conserva como testigo de la autoridad que ejercían estas figuras en la gestión del orden y los recursos de la comarca.
  • Caserío de Tefía (Fuerteventura): En sus llanos, el comisionado era vital para asegurar que los rebaños no invadieran los cultivos de cereal de los vecinos durante la siembra.
  • Archivo Municipal de Betancuria (Fuerteventura): El lugar donde se guardan los registros de las juntas vecinales y los nombramientos de aquellos que defendieron los bienes del común tras 1811.
  • Barranco de la Torre (Antigua/Puerto del Rosario): Una ruta tradicional donde los comisionados de distintas mancomunidades se reunían para deslindar las zonas de pasto de costa y de interior.
  • Caserío de Teno Alto (Tenerife): En este lugar aislado, la gestión de los hornos de teja y las eras comunes siempre requirió de comisionados que organizaran el trabajo de la comunidad.
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