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arveja

La arveja es el nombre canario para el guisante. Introducida por los colonos en el siglo XVI, se convirtió en un pilar del campo isleño. Ya sea en potajes o tostada como «enyesque», esta legumbre es un arcaísmo que une nuestra historia con América.


arveja

La arveja  es una de esas palabras «viajeras» que se quedaron grabadas en el habla de Canarias mientras en otros lugares se iba perdiendo. Si hoy vas a un mercado en Madrid y pides medio kilo de arvejas, probablemente te miren con extrañeza, pero en cualquier puesto de nuestras islas —o en una frutería de Buenos Aires o Santiago de Chile— sabrán perfectamente que buscas lo que el diccionario llama guisantes.

Aquí te cuento cómo esta humilde legumbre se convirtió en una seña de identidad y un pilar de nuestra historia.

1. El equipaje de los primeros colonos

Cuando los primeros castellanos llegaron a las islas a finales del siglo XV, no traían solo espadas y documentos; traían semillas. La arveja era parte de ese «kit de supervivencia». En aquella época, nadie decía «guisante»; esa es una palabra que nos llegó mucho después desde el francés. Para los conquistadores, la arveja era el nombre natural.

Lo vemos con total claridad en los legajos más viejos que se conservan. Por ejemplo, en 1508, apenas unos años después de finalizar la conquista de Tenerife, un tal Ruiz de Berlanga ya anotaba en sus protocolos notariales la siembra de «trigo, cebada, habas, arvejas y garbanzos«. No eran un capricho gourmet, eran la base de la economía y la comida diaria junto a los cereales.

Incluso servían para pagar deudas. En 1565, un hombre anotó en su testamento:

«Debo a Alvarado dos hanegas más almud e medio de arvejas, mando se le paguen».

Era, literalmente, una moneda que crecía en la tierra.

2. ¿Arveja o guisante? El matiz de Viera

Durante siglos, la palabra reinó sin competencia. Sin embargo, a finales del XVIII, nuestro gran sabio Viera y Clavijo introdujo un matiz curioso que nos ayuda a entender cómo evolucionaba el lenguaje. En su famoso Diccionario, Viera explica que la planta y el grano seco son «arvejas», pero añade:

Esta legumbre todavía verde se llama «guisante», y ofrece uno de los platos más deliciosos.

Parece que, por aquel entonces, «guisante» empezó a sonar como el nombre refinado para el grano tierno, ese que se servía en las mesas más pudientes, mientras que la «arveja» seguía siendo el término para la legumbre de saco, la que se guardaba seca para aguantar los meses de hambre. Con el tiempo, en Canarias pasamos de distinciones y nos quedamos con arveja para todo, ya estuviera verde en la mata o seca en el caldero.

3. Un cultivo de supervivencia y «chícharos guanches»

La relación de las islas con las legumbres viene de lejos. El historiador Bethencourt Alfonso mencionaba algo que llama la atención: el «chícharo guanche». Aunque el guisante que conocemos es europeo, los antiguos canarios ya recolectaban y consumían leguminosas silvestres muy parecidas que mezclaban con el gofio.

Al llegar la arveja europea (Pisum sativum), se adaptó de maravilla, especialmente en las islas orientales. En Fuerteventura, por ejemplo, los acuerdos del Cabildo de 1609 muestran que, en años de «gran necesidad», se daba libertad para traer de fuera legumbres, incluyendo las arvejas, para que nadie muriera de hambre. Era el alimento que salvaba la situación cuando el trigo fallaba.

4. Precios y crisis: La arveja en la historia

Si miramos los precios históricos, vemos que la arveja siempre fue «la hermana humilde» de los granos, pero fundamental para el pueblo.

ÉpocaLugarContexto histórico
1510TenerifeSe pagaban 200 maravedís por fanega; era un cultivo de expansión.
1775FuerteventuraEl Cabildo fija el precio en 30 reales para evitar la especulación en crisis.
1810FuerteventuraEn plena época de conflictos, sube a 4 pesos; el hambre acechaba las islas.
1929El HierroSe mantiene a 20 reales, equiparada a las habas como alimento básico.

5. Del campo al diario de Anchieta

No podemos hablar de la arveja sin mencionar al «reportero» de la vida cotidiana en la Laguna del siglo XVIII: Anchieta y Alarcón. En sus diarios, nos cuenta cosas que humanizan mucho el cultivo. Un día de 1752 cuenta que llegó a casa y no cenó nada más que «unas arbejas grandes tostadas» mientras leía la Biblia.

Esos «enyesques» de arvejas tostadas eran el equivalente a nuestras roscas o frutos secos actuales. También nos dejó constancia de las penas del agricultor; en 1756 se lamentaba de un sol sofocante de julio que estaba «murchando» todas las arvejas de su huerta. Son esos detalles los que nos recuerdan que detrás de la palabra hay siglos de trabajo bajo el sol.

6. Preguntas para no quedarte con la duda

¿Por qué si los guanches tenían legumbres llamamos a la arveja con un nombre castellano? Porque los guanches tenían sus propias variedades silvestres, pero la arveja que comemos hoy es la variedad europea que trajeron los colonos. El nombre castellano «arveja» fue el que se impuso en el sistema agrícola de exportación y reparto de tierras que montaron los castellanos tras la conquista.

¿Se puede hacer gofio de arvejas? Aunque el gofio más común es de millo o trigo, históricamente se ha hecho gofio de casi cualquier grano seco. Bethencourt Alfonso menciona que las legumbres secas, incluidas las arvejas, se tostaban y molían para estirar el gofio o darle un sabor diferente, especialmente en épocas donde el cereal escaseaba.

¿Qué tiene que ver la «ceniza» de las plantas con la arveja? En los campos de Lanzarote se menciona a menudo que la arveja es atacada por la «ceniza». No se refiere a la ceniza volcánica del suelo, sino al oídio, un hongo blanquecino que parece polvo de ceniza y que históricamente ha arruinado muchas cosechas, un problema que ya preocupaba a los campesinos que escribían en los periódicos locales hace cien años.

7. Referencias bibliográficas para curiosos

Para reconstruir esta historia hemos consultado las crónicas de quienes vivieron la evolución de las islas:

  • Viera y Clavijo, J. (1799-1812): Diccionario de Historia Natural. La biblia para entender qué plantas crecían y cómo las llamábamos.
  • Anchieta y Alarcón, J. (Ed. 2011): Diario. Para ver la arveja en la mesa y en el campo de un lagunero del XVIII.
  • Bethencourt Alfonso, J. (1911): Historia del Pueblo Guanche. Donde se explora la conexión con las legumbres antiguas.
  • Álvarez Rixo, J.: Sus crónicas sobre el comercio canario son fundamentales para ver cómo se movían estos sacos de grano entre islas.
  • Protocolos Notariales (S. XVI): Los archivos de Ruiz de Berlanga y Hernán Guerra, que guardan los primeros contratos de siembra en Tenerife.

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