Sigue la evolución de los incendios a tiempo real — Ver mapa en directo
Saltar al contenido
Portada » Fuerteventura » Escultura Lugar Seguro de Francesca Bernardini

Escultura Lugar Seguro de Francesca Bernardini

    Escultura Lugar Seguro de Francesca Bernardini

    Justo detrás de la molina de la Charca de Puerto del Rosario hay una escultura que pasa desapercibida para la mayoría de los viandantes, nos referimos a “Lugar Seguro” de la artista italiana Francesca Bernardini,

    Esta obra tiene una forma sencilla y poderosa a la vez. Una gran piedra ovalada, casi un huevo primigenio, descansa sobre un pedestal. De uno de sus costados brota un río de hierro, oscuro y nervioso, que se desliza hacia el exterior como si algo vivo estuviera naciendo o escapando lentamente.

    La escultura transmite en esta obra la sensación de refugio, de hogar esencial, de espacio íntimo en medio del paisaje urbano. No es casual que muchos viajeros que pasean por la capital majorera se acerquen a tocarla, a rodearla, a fotografiarla desde distintos ángulos. Hay algo profundamente humano en ese gesto de aproximarse a una forma que habla, sin palabras, de protección y de origen.

    La pieza fue creada en 2021 durante el XII Simposio Internacional de Escultura de Puerto del Rosario, una cita que ha ido sembrando la localidad majorera de obras contemporáneas integradas en el espacio público. Para la escultora italiana Francesca Bernardini, esta fue también su primera experiencia en Fuerteventura. Un encuentro con un territorio nuevo, áspero y luminoso, que dejó huella tanto en la obra como en la artista.

    Un huevo de piedra frente al Atlántico

    La escultura se impone por su aparente simplicidad. La forma ovoide remite de inmediato al origen de la vida, a lo primigenio, a aquello que contiene en potencia todo lo que está por venir. No es una piedra cerrada y hermética: un pequeño hueco rompe la superficie lisa y por él emerge el hierro, trabajado en formas irregulares que recuerdan raíces, ramas o incluso un cauce seco.

    Escultura Lugar Seguro de Francesca Bernardini

    Ese contraste entre materiales —la piedra clara y suave frente al hierro oscuro y rugoso— es uno de los grandes aciertos de la obra. La tensión entre ambos no resulta violenta, sino complementaria. La piedra acoge, el hierro se extiende. La primera guarda, el segundo conecta. Juntos construyen un relato que el espectador puede completar con su propia experiencia: un hogar del que se sale, un refugio del que parten los caminos, un lugar seguro que no es encierro, sino punto de partida.

    Para Francesca Bernardini, trabajar en Fuerteventura supuso una experiencia transformadora. Acostumbrada al mármol, a su lentitud y a su memoria geológica, la escultora se encontró aquí con nuevos materiales y nuevas energías.

    La isla, con su paisaje volcánico, su horizonte abierto y su relación tan directa con los elementos, actuó como catalizador. El hierro, material menos habitual en su trayectoria, apareció como una revelación. No sustituyó a la piedra, sino que se sumó a ella en una sinergia inesperada. En “Lugar seguro”, esa alianza se vuelve evidente: la obra es fruto de un diálogo entre lo que protege y lo que fluye, entre lo estable y lo dinámico.

    Para el viajero atento, descubrir esta escultura es también una manera de conocer Fuerteventura desde otro ángulo. Más allá de playas y dunas, la isla ofrece un recorrido cultural que se construye paso a paso, plaza a plaza, a través de obras como esta.

    Francesca Bernardini: Una escultora nacida entre mármoles

    La historia de Francesca Bernardini comienza lejos del Atlántico, en Carrara, una ciudad italiana de la Toscana cuyo nombre es sinónimo de mármol. Nacida en 1974, creció en un entorno marcado por las canteras, por el polvo blanco suspendido en el aire y por una tradición escultórica que se remonta a la Antigüedad. De esas montañas se extrajo el mármol que dio forma a algunos de los monumentos y esculturas más importantes de la historia del arte, desde templos romanos hasta las obras maestras de Miguel Ángel.

    En Carrara, el mármol no es solo un material: es una presencia cotidiana, casi un miembro más de la comunidad. No resulta extraño, entonces, que Francesca sintiera desde muy joven la necesidad de expresarse a través de la materia. Estudió en la escuela de arte local y se graduó en escultura en la Academia de Bellas Artes de Carrara en 1999. Su aprendizaje continuó en un taller histórico de la ciudad, donde se empapó de las técnicas tradicionales de talla y, sobre todo, de una ética del trabajo basada en el respeto al material.

    “Trabajar con la piedra me ha enseñado a respetarla, a respetar su tiempo y a no forzarla nunca con las herramientas”, explica la artista. Su maestro solía decir que la vida es un poco como la superficie del mármol: si se siguen todos los pasos con paciencia y cuidado, al final la piedra devuelve el resultado que se busca. Esa filosofía ha acompañado a Bernardini a lo largo de toda su carrera.

    Del microcosmos natural a la forma escultórica

    Aunque el mármol ha sido el eje central de su obra durante años, lo que realmente define la escultura de Francesca Bernardini es su mirada. Sus formas suaves y redondeadas nacen de la observación del microcosmos natural: semillas, nidos, capullos, conchas, organismos que crecen y se transforman en silencio. En esas estructuras diminutas la artista encuentra metáforas de la experiencia humana.

    Sus esculturas son profundamente íntimas. Están arraigadas en recuerdos, emociones, deseos y experiencias personales que toman forma en volúmenes compactos y aparentemente serenos. Antes de enfrentarse al bloque de piedra, Bernardini suele dibujar, anotar, dejar que la idea madure. Después, trabaja directamente el material, salvo en el caso de las obras monumentales, donde crea primero un modelo a pequeña escala.

    El resultado son piezas que parecen contener energía en su interior. La forma cerrada la retiene, la comprime, pero siempre hay una abertura, una grieta, una laceración por la que esa energía se libera. 

    Series, viajes y encuentros

    A lo largo de su trayectoria, Francesca Bernardini ha desarrollado varias series que exploran temas recurrentes. En Nidos, capullos y crisálidas, la escultora reflexiona sobre el crecimiento personal, la exploración interior y la idea de hogar y familia. From the abyss, inspirada en su infancia en Cerdeña y en el contacto con el mar, habla de la necesidad de respetar y preservar la naturaleza. Connections, por su parte, es una oda al diálogo entre personas, pueblos y culturas.

    Ese interés por el encuentro se refleja también en su participación en simposios internacionales de escultura. Desde principios de los años 2000, su obra se ha mostrado en exposiciones individuales y colectivas en Europa y Asia, y ha formado parte de encuentros creativos en países tan diversos como Marruecos, Turquía, Taiwán, Chile, Irán o Brasil. En estos contextos, la artista suele trabajar en obras de gran formato, pensadas para integrarse en espacios públicos y dialogar con comunidades locales.

    5 2 votes
    Califica este artículo
    Subscribe
    Notify of
    1 Comentario
    Daily scoper
    5 months ago

    Una pena que que la escultura quede oculta tras la Molina.

    Saltar al contenido principal
    🗺️
    Favs
    Exportar:
    📖 Términos recomendados
    Exportar:
    Los términos del glosario aparecen en azul con un icono (i). Tócalos para ver su definición. Cada día descubres 3 términos nuevos.
    🗺️
    Favs
    Exportar:
    📖 Términos recomendados
    Exportar:
    Los términos del glosario aparecen en azul con un icono (i). Tócalos para ver su definición. Cada día descubres 3 términos nuevos.
    👉 Ver todos los términos