Escultura en Corralejo: MAMANDYOU

En la localidad de Corralejo, frente al Centro Comercial el Campanario, se erige una obra que no solo invita a la contemplación, sino que también nos invita a reflexionar sobre nuestro vínculo con el entorno natural que nos rodea. Esta obra, conocida como MAMANDYOU y creada por el artista Lixber Reguera, se alza imponente rodeada vegetación para  recordándonos la importancia de nuestra relación con la Madre Tierra.

MAMANDYOU, o más precisamente MAM AND YOU (Madre y tú), representa la figura de una mujer sentada en el suelo, descalza y desnuda, con los brazos extendidos en la posición de cuna, como si estuviera acunando a un bebé invisible. Esta postura evoca inmediatamente la imagen de una madre cuidando y protegiendo a su bebe, un símbolo universal de amor y cuidado.

A través de esta escultura, Reguera nos recuerda que todos somos parte de la naturaleza, que estamos intrínsecamente conectados con ella. La Madre Tierra no es solo un concepto abstracto, sino una realidad tangible que nos sustenta, nos alimenta y nos brinda un hogar. Sus colores, cuidadosamente seleccionados, nos hablan de los elementos que componen la isla de Fuerteventura: el mar, la arena, los volcanes, el sol y la tierra. Cada tonalidad nos recuerda la diversidad y la belleza de nuestro entorno natural.

Esta obra nos invita a subir a los brazos de la madre representada y sentir esa misma sensación de seguridad y protección que experimentamos en los brazos de nuestra madre biológica. Se nos insta a volver a conectar con la naturaleza, a envolverla con la misma ternura y gratitud que mostramos hacia nuestra madre biológica.

La reflexión sobre la figura de la Madre Tierra nos lleva inevitablemente a explorar cómo diferentes culturas alrededor del mundo han dado nombre y forma a esta entidad tan fundamental en sus cosmovisiones. En prácticamente todas las culturas y tradiciones religiosas, encontramos algún equivalente de la Madre Tierra, una figura que personifica la fertilidad, la creatividad y la abundancia.

En la mitología griega, por ejemplo, Gaia era considerada la personificación misma de la Tierra, la madre de todos los seres vivos. En la mitología nórdica, la diosa Jord personificaba la tierra y era venerada como la madre de Thor. Los indígenas americanos también tienen sus propias representaciones de la Madre Tierra, como Pachamama en la cultura inca, Tonantzin entre los aztecas y Nokomis en la tradición de los Ojibwa.

En la India, la Madre Tierra es adorada como Bhumi Devi, la diosa de la Tierra, quien es considerada la madre de todos los seres vivos. En China, la tierra es personificada por la diosa Hòu Tǔ, quien cuida y protege a sus hijos con amor infinito.

Estas diversas representaciones de la Madre Tierra nos muestran que, a pesar de nuestras diferencias culturales y geográficas, todos compartimos una profunda reverencia por la naturaleza y un reconocimiento de nuestra dependencia de ella. La Madre Tierra es la fuerza que nos da vida, que nos nutre y nos sustenta, y es nuestra responsabilidad proteger y preservar su equilibrio y armonía.

En un mundo cada vez más urbanizado y desconectado de la naturaleza, obras como MAMANDYOU nos recuerdan la importancia de reconectar con nuestros orígenes, de honrar y respetar a la Madre Tierra que nos ha dado tanto. Nos invitan a abrazarla con amor y gratitud, a cuidarla y protegerla como lo haríamos con nuestra propia madre, porque al final del día, todos somos hijos de la Tierra.

Es fundamental comprender que nuestra relación con la Madre Tierra trasciende lo puramente físico y material. No se trata simplemente de recursos naturales que podemos explotar a nuestro antojo, sino de un lazo sagrado que nos une a todos los seres vivos en este planeta. La Tierra no es solo nuestro hogar, es nuestra madre, nuestra fuente de vida y sustento.

En un mundo cada vez más globalizado y tecnológico, es fácil perder de vista nuestra conexión con la naturaleza. Pasamos nuestros días inmersos en dispositivos electrónicos, rodeados de concreto y acero, olvidando que cada respiración que tomamos, cada bocado que comemos, proviene de la generosidad de la Madre Tierra.

Es hora de despertar a la realidad de nuestra interdependencia con la naturaleza. Debemos aprender a vivir en armonía con el mundo que nos rodea, respetando sus ciclos y limitaciones. No se trata solo de preservar el medio ambiente por el bien de las generaciones futuras, sino de reconocer y honrar nuestra conexión intrínseca con la Madre Tierra en el presente.

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