El pozo de San Diego

La Maxorata es la isla más árida de Canarias, y nunca contó con grandes espacios en los que almacenar el agua (embalses, presas, …). La búsqueda de agua potable era ya una constante en la vida de los mahos. Ellos desarrollaron diversas técnicas que les permitía el abastecimiento de agua. La llegada de los conquistadores incrementó la creación de pozos. Uno de los primeros pozos realizados por los europeos fue el Pozo de San Diego. Sobre él se ciernen historias, leyendas y milagros.

Pozo de San Diego

El Pozo de San Diego se encuentra en Betancuria, en la parte exterior de la ermita de San Diego de Alcalá, cerca de la fachada principal del santuario y adosado a la barbacana.

Fue construido por el religioso franciscano, a mediados del siglo XV. 

El pozo, en sus inicios, era muy sencillo. Se horadó con herramientas muy rudimentarias, a pico y pala. Las paredes de la perforación vertical, de forma cilíndrica, se recubrieron con piedra seca para prevenir derrumbes sobre los trabajadores que llevaron a cabo la excavación y sobre las aguas. En la boca se colocó un sencillo sistema de extracción.

Ermita de San Diego de Alcalá y alberca
Ermita de San Diego de Alcalá y alberca

Lo más curioso de este pozo, es que, a pesar de ser sus aguas salobres, ha gozado siempre de una gran popularidad en  Fuerteventura. Esto, fundamentalmente, se debe a tres razones:

  • Fue excavado por San Diego de Alcalá.
  • Tuvo una gran transcendencia en la conversión de los mahos al cristianismo.
  • Y, aunque suene extraño, a su salobridad.

En relación a esta última característica recordemos que la sal es uno de los elementos más importantes en el sostenimiento de la vida, y ha jugado un papel primordial en la historia de la humanidad. Actualmente estamos tan acostumbrados al agua “dulce”, que nos puede parecer que un pozo de aguas salobres tiene poca utilidad. Sin embargo, antaño eran muy necesarios. 

Las aguas de los pozos de aguas salobres, como el de San Diego, eran utilizadas para proporcionar el aporte extra de sal que necesitan los rumiantes, en su proceso digestivo, y con fines curativos en las personas. Muchos eran los que se acercaban hasta este pozo betancuriense para hacer acopio de sus aguas. Con ella hacían curas y desinfecciones de la piel,  incluidas las heridas sangrientas. También era habitual hacer purgas intestinales con sus aguas.

Tomas Marín de Cubas fue uno de los primeros en escribir sobre el Pozo de San Diego. Y lo cuenta de la siguiente manera:

(…) diremos algo de su vida, que es memoria que a quedado. Viniendo de España con sus compañeros de quien diximos llegaron a Fuerteventura a la parte de Africa en Caleta de Fustes; buscaron citio para morada, y quatro leguas en lo interior de la Ysla escojieron la cañada de un barranco sin otro abrigo que el puro cielo, con sus manos escabo la tosca blanca y arenisca por esso facil, a el reparo de una cuebezuela frontero del Norte, sus compañeros hicieron de piedras, reparos, paredoncillos y algunas pajas por encima, hiso San Diego un poso, y a otros ha faltado agua y a este nunca, es grueza y salobre su agua, con ella se hiso la iglesita de piedra y barro mui pequeña, y el campanario de ladrillo, todo de mano del Santo. 

En el Pozo de San Diego, al que se le atribuyen propiedades milagrosas, se entremezclan hechos reales con leyendas y prodigios, tenidos todos ellos como ciertos hasta la llegada de la ilustración a Canarias, en el siglo XVIII. Esto origina un cierta confusión, siendo difícil discernir lo que es real de lo que es tradición oral. 

Pedro Agustín del Castillo, en el siglo XVII atribuyó propiedades sobrenaturales tanto a las aguas del Pozo de San Diego como a la cueva betancuriense:

Cueva de San Diego de Alcalá
Cueva de San Diego de Alcalá

“curaba los enfermos, dándoles á beber agua de un pozo que mandó abrir” 

(…)

“Esta cueva, que sirvió á San Diego de oratorio, fue considerada por los labradores como lugar sagrado, sacando polvo de la misma para fertilizar los campos, y cuentan que una mano devota, ante una irrupción de moros en la isla, arrojó al aire un puñado de esta tierra santa, convirtiéndose en niebla tan densa que ocultó á los cristianos, librándolos de aquella sanguinaria piratería”

Tras la construcción del Pozo de San Diego se hicieron muchos otros pozos, para acceder a las aguas subterráneas de Fuerteventura. 

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