
Frente al Atlántico, entre el murmullo del puerto y las palmeras que escoltan el paseo marítimo de Puerto del Rosario, una nueva figura se alza serena y poderosa. Es “Reflexiones compartidas”, una de las obras más reciente creación del escultor madrileño José Carlos Cabello Millán. La escultura que fue instalada en julio de 2025 forma parte del XIV Simposio Internacional de Escultura de Puerto del Rosario.
La obra, tallada en mármol rosa de Portugal , se impone por su equilibrio entre fuerza y sutileza. Dos grandes volúmenes curvos se enfrentan y se abrazan al mismo tiempo, como si dialogaran en silencio. En su superficie, el mármol veteado refleja la luz cambiante del mar y del cielo, creando un juego de sombras que parece mover la piedra con cada paso del sol.
A primera vista, su forma sugiere un movimiento contenido, una respiración detenida. Los planos suaves y tensos del mármol invitan al espectador a rodearla, a descubrir cómo cambia su silueta con cada ángulo. Es una escultura que no se impone, sino que conversa: con el espacio, con la luz, con quienes se acercan curiosos durante su paseo por el puerto.
Un artista que busca la belleza en el diálogo

Nacido en Madrid en 1968, José Carlos Cabello Millán es un escultor con una sólida trayectoria internacional. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense, ha participado en numerosos simposios y exposiciones en países como Francia, Chile, Argentina o Uruguay. Su obra se caracteriza por una profunda investigación formal y por la búsqueda de una armonía entre materia, emoción y entorno.
Cabello ha trabajado con piedra, metal, madera o incluso hielo, pero siempre mantiene un hilo conductor: la reflexión. Él mismo dice inspirarse en “todo lo que ocurre a su alrededor”, transformando lo cotidiano en una búsqueda de belleza esencial. En “Reflexiones compartidas”, esa idea cobra cuerpo en el diálogo entre los dos volúmenes: distintos, pero complementarios; separados, pero interdependientes.
La obra se erige como un punto de pausa frente al horizonte marino, una invitación a detenerse, respirar y dejar que la mirada se funda con el paisaje. Muy cerca, otras piezas dialogan con ella: la Medusa metálica de Victoria Boldova, con su ligereza casi acuática, y la serpiente geométrica de Carlos Monge, que serpentea entre líneas y ángulos. Juntas conforman un recorrido artístico que transforma el paseo marítimo en un verdadero corredor de imaginación y materia.
Curioso el título de esta escultura.