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caidero

El caidero es un término de uso frecuente en la toponimia y el habla local de las islas para designar un resalte o ruptura de pendiente en el perfil longitudinal de un barranco. Geomorfológicamente, es un salto vertical provocado por el encajamiento fluvial en niveles rocosos resistentes durante episodios de dinámica torrencial.


La dinámica del encajamiento en el barranco

caidero

La formación de un caidero está intrínsecamente ligada al proceso de erosión diferencial. En las islas, la alternancia de coladas de lava compactas (basaltos, fonolitas) con materiales piroclásticos más blandos o niveles de brechas favorece que el agua, en su avance hacia la costa, desgaste con mayor rapidez las capas inferiores. Este socavamiento provoca el retroceso del labio del salto y la formación de una pared vertical. Aunque en un archipiélago con precipitaciones escasas la mayoría de los caideros permanecen secos, su morfología es el testigo mudo de la violencia con la que el agua actúa durante las grandes borrascas atlánticas.

En la base de estos resaltes es habitual encontrar una marmita de gigante o poza de recepción, excavada por la turbulencia y la carga de sedimentos que arrastra la caída. Estos puntos tienen un valor etnográfico notable, ya que las charcas resultantes permitían la supervivencia del ganado y la fauna silvestre mucho después de que cesara la lluvia. Además, el caidero supone un hito en la red de caminos tradicionales: salvar estos desniveles exigía la construcción de «vueltas» o senderos que trepan por las laderas del barranco para evitar el obstáculo insalvable del cauce.

Puntos geográficos para observar la morfología de caideros

Es importante verificar los nombres, ya que la toponimia suele ser muy local. Estos son ejemplos reales y documentados donde se aprecia esta dinámica:

Caideros de Gáldar (Gran Canaria) Es quizás el referente toponímico más potente, dando nombre incluso a un importante pago del municipio. En las zonas altas de Gáldar, el relieve se caracteriza por un escalonamiento del terreno donde los barrancos salvan desniveles constantes. Aquí se puede observar cómo el caidero no es solo un accidente geográfico, sino un elemento que ha condicionado el asentamiento y el aprovechamiento de los pastos de altura.

Caidero de la Niña (Gran Canaria) Situado en el Barranco de la Aldea, aguas arriba de la presa de Caidero de la Niña. Es una estructura imponente donde el cauce se encaja en materiales fonolíticos. La verticalidad del salto y la amplitud de la cuenca de recepción en su base ilustran perfectamente el concepto de ruptura de pendiente en un relieve volcánico maduro.

Caideros del Barranco de Azuaje (Gran Canaria) En este barranco del norte, el encajamiento fluvial es profundo y agresivo. Existen varios resaltes donde el agua ha tenido que salvar coladas potentes, creando microambientes húmedos y sombríos. Estos caideros son fundamentales para la biodiversidad rupícola de la zona, permitiendo el refugio de flora que no sobreviviría en las laderas expuestas.

Caideros del Macizo de Betancuria (Fuerteventura) En una isla con una erosión tan avanzada, los caideros no suelen ser tan verticales como en las islas occidentales, pero en el Complejo Basal (el más antiguo de Canarias) todavía se encuentran saltos importantes en los cauces que bajan hacia la costa oeste. Son puntos críticos donde el agua de las «venidas» se concentra y golpea con fuerza, dejando pequeñas cubetas de agua residual en un entorno mayoritariamente árido.

Salto de la Estrecha (Fuerteventura) En el interior de la isla, cerca de la zona de Ajuy, existen estrechamientos del barranco con pequeños caideros o resaltes. Aquí se observa cómo la litología (diques y basaltos antiguos) obliga al cauce a realizar saltos sucesivos, creando una morfología de «escalones» que es muy característica del drenaje en las fases maduras del relieve insular.

Barranco del Agua (La Palma) Aunque en La Palma se utiliza más el término «salto» o «saltadero», la génesis geomorfológica es la misma. Debido a la juventud geológica de la isla y la gran potencia de sus coladas, los barrancos presentan desniveles brutales de cientos de metros. En el norte de la isla, estos saltos son el resultado de un encajamiento fluvial extremadamente rápido que todavía no ha logrado suavizar el perfil del cauce.

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