Olivino
El Olivino es un mineral de origen volcánico, muy común en las coladas basálticas de Canarias, que se reconoce fácilmente por su color verde oliva brillante. Viene de lo más hondo de la tierra, cocinado a una presión y un calor bestiales, y sube a la superficie «escondido» dentro de las coladas de lava. Si el cristal sale limpio y con buen tamaño, se convierte en peridoto, esa piedra semipreciosa que ves en las joyerías.
El Olivino: La piedra verde que el volcán lleva en la sangre

Si alguna vez has caminado por un malpaís o una playa de arena negra y has visto unos puntitos verdes que brillan con el sol, ya conoces el olivino. No es algo que se fabrique durante la erupción, sino que ya viene «cocinado» desde el manto terrestre. Es, literalmente, un trozo del interior del planeta que el magma arrastra hacia afuera en su viaje hacia la superficie. En Canarias, el olivino es el contraste perfecto: el brillo de la vida verde atrapado en la oscuridad del basalto.
1. Los «paquetes» de la tierra
A veces, el olivino no viene en granos sueltos, sino en bloques compactos que llamamos nódulos. Son como piedras redondeadas de color verde amarillento que, al romperlas, revelan un interior lleno de cristales apretados. Para los geólogos, estos nódulos son como cápsulas del tiempo; analizándolos pueden saber qué está pasando a kilómetros de profundidad, en sitios donde el ser humano nunca podrá llegar físicamente.
2. Lanzarote y el Charco de los Clicos
Si hay un sitio famoso por esta piedra, es el Golfo, en Lanzarote. Allí, la playa de arena negra que bordea el Charco Verde está salpicada de miles de fragmentos de olivino. Durante décadas, ha sido el «souvenir» típico de la isla, aunque hoy en día está totalmente prohibido llevárselos. Lo que mucha gente no sabe es que ese verde intenso del lago no tiene nada que ver con el mineral (es por unas algas), pero la coincidencia de colores hace que el paisaje sea único en el mundo.
3. De la roca a la joya: El Peridoto
No todos los granos de olivino sirven para hacer un anillo. La mayoría tienen impurezas o son muy opacos. Pero cuando el volcán se porta bien y saca un cristal transparente y de un verde lima intenso, pasa a llamarse peridoto. Es una de las pocas gemas que solo existe en un color. En las islas, es muy común encontrar joyerías que trabajan esta piedra combinándola con lava negra o plata, convirtiéndola en el regalo por excelencia para quien visita el archipiélago.
4. Un mineral que cuenta historias en Fuerteventura
En la Maxorata, el olivino es un viejo conocido. En las zonas de volcanes más «recientes» (geológicamente hablando), como el Volcán de la Arena o los malpaíses del norte, es fácil encontrarlo incrustado en las piedras. De hecho, hay zonas donde la erosión ha deshecho la lava negra pero ha dejado el olivino intacto, creando alfombras de pequeños cristales verdes entre la tierra seca. Es el rastro de que Fuerteventura, aunque parezca dormida, tiene un corazón volcánico que un día latió con mucha fuerza.
5. El «vicio» de buscar verdes
Hay algo hipnótico en caminar mirando al suelo buscando olivinos. Es una actividad que ha pasado de padres a hijos: ir a la costa después de un temporal a ver qué ha sacado la marea o buscar entre las piedras del barranco. Sin embargo, hay que tener cuidado: el olivino es parte del patrimonio natural. Comprar una joya de olivino en una tienda es legal y apoya a los artesanos locales, pero saquear los yacimientos naturales le quita la magia al paisaje para los que vienen detrás.
6. Un mineral de otro mundo
Como curiosidad, el olivino no solo es canario o terrestre. Se ha encontrado en meteoritos y se sabe que la arena de Marte tiene grandes concentraciones de este mineral. Así que, cuando tienes un trozo de olivino en la mano, no solo estás tocando las entrañas de Canarias, sino un material que es común en todo el sistema solar. Es nuestra conexión directa con el cosmos, servida en una piedra verde y brillante.
Al final, el olivino es el toque de luz en la austeridad del volcán. Es la prueba de que, incluso en la violencia de una erupción, la naturaleza se toma la molestia de crear algo pequeño, delicado y de un color que nos recuerda que, después del fuego, siempre acaba volviendo la vida.