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Ignimbrita

La Ignimbrita es una roca volcánica formada por la consolidación de una «nube ardiente» o flujo piroclástico masivo, compuesto por cenizas, gases a altísima temperatura y fragmentos de lava. Al depositarse, el calor es tan extremo que los materiales se sueldan entre sí, creando una capa de roca compacta que puede cubrir valles enteros y que, al enfriarse, suele presentar texturas vítreas o fragmentos de piedra pómez aplastados.


Formaciones de ignimbritas: Las huellas de las grandes catástrofes

Ignimbrita

Olvídate de las erupciones de postal con la lava corriendo despacio por la ladera. Con las ignimbritas la cosa va de explosiones de las malas, de esas que sueltan un viaje de ceniza hacia arriba que, cuando ya no puede más, se desploma y baja por las montañas como un vendaval de fuego. Es una avalancha a toda mecha que se lleva por delante lo que pille y, cuando por fin se para, deja una alfombra de material tan achicharrado que las piedras se quedan pegadas unas a otras, fundiéndose en una sola pieza.

1. El proceso de «soldado»: Roca hecha de fuego

Lo más curioso de las ignimbritas es lo que los geólogos llaman el soldado. Imagina que tiras un montón de copos de nieve pero que están a 700 grados. Al caer unos sobre otros, el peso y el calor hacen que esos «copos» de ceniza y cristal se peguen hasta formar una roca maciza. Por eso, cuando miras de cerca una ignimbrita, a veces ves unas manchas alargadas que parecen «llamas»; en realidad son trozos de piedra pómez que el peso de la propia montaña ha aplastado hasta dejarlos planos como una torta.

2. Paisajes de otro mundo

En Canarias, las ignimbritas son las responsables de algunos de los paisajes más extraños y espectaculares que tenemos. Al ser rocas que se depositan en capas horizontales muy extensas, suelen formar grandes mesetas o «tableros». Con el paso de los milenios, el agua corta estas capas como si fuera un cuchillo, creando barrancos profundos con paredes donde se ven perfectamente las distintas capas de las erupciones, como si fueran las hojas de un libro de historia volcánica que puedes leer mientras caminas.

3. El sur de Gran Canaria: El reino de la ignimbrita

Aunque hay rastros en casi todas las islas, lo de Gran Canaria es de otro planeta. Hace millones de años, el centro de la isla colapsó en una serie de erupciones brutales que cubrieron casi todo el sur con estas nubes ardientes.

  • El Ciclo Fataga: Es el nombre que se le da a esa época. Lugares como los barrancos de Fataga o Arguineguín muestran paredes verticales de ignimbritas de colores amarillos y rojizos. Es un paisaje árido, casi de película del oeste, donde la dureza de esta roca ha permitido que se mantengan riscos altísimos que parecen fortalezas naturales de piedra.
  • El uso de la gente: Precisamente por ser una roca que se presenta en grandes bloques y que es relativamente fácil de trabajar, la ignimbrita se ha usado mucho en la arquitectura tradicional. Es una piedra que, aunque parezca porosa, aguanta lo que le echen.

4. Ignimbritas en Tenerife y la «Piedra Chasnera»

En Tenerife, sobre todo por la zona de Arico y el sur, las ignimbritas son las protagonistas de lo que conocemos como la Piedra Chasnera. Es esa piedra de color crema que ves en muchísimas fachadas de iglesias, edificios históricos y casas señoriales de las islas. Es una roca que «respira», que aguanta bien el paso del tiempo y que le da ese toque tan especial a nuestros pueblos. Básicamente, estamos viviendo entre ceniza soldada que se convirtió en arte.

5. ¿Y en Fuerteventura?

En la Maxorata, al ser una isla mucho más vieja y con la erosión dándole fuerte durante millones de años, las ignimbritas no saltan tanto a la vista como en las islas centrales. Hay rastros en los macizos más antiguos, mezcladas con otros materiales. Lo que pasa es que aquí la erosión ha sido tan bestia que esas grandes llanuras de ignimbrita han ido desapareciendo, dejando paso a las lomas suaves y a los cuchillos que vemos hoy en día cuando recorremos el interior.

6. Un registro del pasado más violento

Para los que saben leer las piedras, una formación de ignimbritas es una mina de oro de información. Mirando el grosor de la capa o el tamaño de los fragmentos, se puede saber cuánta fuerza tuvo la erupción, hacia dónde soplaba el viento hace millones de años y cuánta superficie quedó calcinada bajo la nube de fuego. Es el recordatorio de que estas islas, que hoy nos parecen tan tranquilas mientras tomamos el sol, nacieron de unos eventos que daban miedo de verdad.

Las ignimbritas son, en el fondo, el pegamento del pasado volcánico de Canarias. Rocas que nacieron del caos para acabar formando los cimientos de nuestros barrancos y las paredes de nuestras casas. Es la prueba de que en esta tierra, hasta el polvo más fino puede acabar convirtiéndose en la piedra más dura de la isla.

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