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tazmía

La tazmía fue el sistema de padrón y contabilidad de los diezmos en el archipiélago canario hasta el siglo XIX. Está estrechamente vinculada a las cillas (almacenes) y permitió la gestión de la fiscalidad en especie de una sociedad agraria.


La Tazmía: El pulso fiscal y cerealista de la Canarias del Antiguo Régimen

La Cilla de La Oliva - Museo del Grano
La Cilla de La Oliva – Museo del Grano

La tazmía fue, durante siglos, el instrumento contable fundamental de la economía canaria. Se trataba del registro o padrón donde se asentaban minuciosamente los diezmos —la décima parte de la producción que, por derecho divino y humano, correspondía a la Iglesia— y las primicias. Más que un simple cuaderno, la tazmía era el reflejo de la capacidad productiva de cada pago, de cada lomo y de cada familia del archipiélago.

1. El engranaje del diezmo: ¿Quién y cómo se «tazmiaba»?

En una Canarias donde la moneda circulante era un bien escaso y se concentraba en las élites comerciales de los puertos, la fiscalidad era eminentemente en especie. El diezmo gravaba prácticamente todo lo que la tierra y el ganado producían.

La figura del recaudador

El control de este sistema recaía a menudo en figuras delegadas. No siempre eran funcionarios profesionales de carrera, sino vecinos o arrendatarios del derecho de diezmo que actuaban como tazmieros. Su labor consistía en personarse en las eras y lugares de trilla para supervisar la partición del grano.

Todo vecino y morador tiene obligación de manifestar sus cosechas ante el tazmiero, para que este asiente en el libro de su cargo la cuota que de derecho pertenece a la Mesa Capitular…

— Referencia a las Constituciones Sinodales .

La partición física

El proceso no estaba exento de fricciones. El tazmiero anotaba la producción total y calculaba la décima parte. Este grano «diezmado» debía ser transportado por el propio agricultor hasta los almacenes eclesiásticos, lo que suponía una carga adicional de tiempo y transporte sobre el ya sacrificado campesino.


2. Las Cillas: La arquitectura del almacenamiento

Si la tazmía era el registro administrativo, la cilla era su realidad física. Estos edificios, situados estratégicamente en los pueblos más productivos, eran los graneros donde se custodiaba la recaudación.

  • Construcción y función: Las cillas debían ser edificios secos, ventilados y, sobre todo, seguros. Sus muros de piedra y cal protegían el «tesoro» de la Iglesia de las plagas y la humedad.
  • Ubicaciones emblemáticas: Aún hoy podemos ver estos edificios en Canarias. La Casa de la Cilla en La Oliva (Fuerteventura), hoy museo, o la de Teguise (Lanzarote), son ejemplos de esta arquitectura civil-eclesiástica que dominaba el paisaje.
  • El «seguro» de granos: Si bien su función principal era el beneficio del clero y la financiación de la fábrica parroquial, en momentos de crisis extrema, las instituciones locales recurrían a veces a los granos de la cilla para préstamos o repartos, aunque no fuera un sistema de protección social institucionalizado ni frecuente.

3. Estructura de la recaudación

La recaudación era heterogénea y dependía de la especialización de cada isla. No era lo mismo una tazmía de las medianías de Tenerife que una de las llanuras de Fuerteventura.

Tabla: Productos y gravámenes habituales en la Tazmía

ProductoTipo de DiezmoDestino del RecaudoObservaciones Históricas
Trigo y CebadaDiezmo MayorCillas y Tercias RealesLos granos «de ley» que sostenían el grueso del sistema.
Millo (Maíz)Diezmo MenorBeneficios ParroquialesSu entrada en las tazmías (s. XVII) cambió la dieta isleña.
Vino y AceiteDiezmo de LíquidosAlfolíes y BodegasEspecialmente relevante en zonas de viñedos como el Norte de Tenerife.
Ganado (Cabritos/Corderos)Diezmo de SangreManadas del Obispo / CuraFundamental en las islas orientales y zonas de cumbre.
Frutas Secas (Higos/Almendras)Primicias / DiezmosCulto y FábricaProductos de menor peso contable pero alta frecuencia.

4. El valor de la Tazmía para la historia moderna

Para los historiadores que bucean en los archivos diocesanos (como el de Las Palmas o el de La Laguna), los libros de tazmía son documentos de una riqueza incalculable, aunque deben cruzarse con otras fuentes para ser fiables.

  1. Indicador Económico: Permiten observar ciclos de bonanza y crisis. Una caída prolongada en las cifras de la tazmía de un pueblo suele ser el rastro de una sequía o una plaga de langosta que no siempre quedó registrada en las crónicas narrativas.
  2. Toponimia y Cultivos: Gracias a estos libros, sabemos qué tierras se roturaron en cada siglo y qué cultivos fueron ganando terreno (como el paso del cereal al viñedo o la introducción tardía de la papa).
  3. Presión Fiscal: Revelan el peso real que las instituciones eclesiásticas ejercían sobre el sector primario, una carga que condicionó la acumulación de capital en el campesinado canario.

5. La picaresca y el conflicto

El sistema generaba una resistencia pasiva por parte de los agricultores. Aunque las fuentes oficiales suelen ser parcas en estos detalles, los pleitos archivados revelan las «trampas» habituales:

  • Ocultar parte de la trilla: Declarar menos fanegas de las realmente obtenidas.
  • Mezcla de calidades: Entregar el grano más sucio o de peor calidad para cumplir con el diezmo, reservando el mejor para el consumo propio o la venta.
  • Disputas por las Tercias Reales: Una parte de estos ingresos correspondía a la Corona (las Tercias Reales), lo que provocaba una fiscalización cruzada que a menudo terminaba en los tribunales de la Real Audiencia.

Viera y Clavijo, gran observador de la realidad isleña, aludía en sus escritos a la importancia de estos graneros eclesiásticos, señalando cómo la prosperidad de las fábricas de las iglesias corría en paralelo a la abundancia de las cillas.


6. El fin de una era: De la Cilla al Archivo

El sistema de la tazmía y el diezmo terminó colapsando con la llegada del estado liberal.

  • 1837: La ley de abolición de diezmos en España suprimió definitivamente esta obligación.
  • Transformación: Las Casas de la Cilla fueron desamortizadas o pasaron a funciones civiles (viviendas, almacenes municipales, etc.).
  • Legado: Hoy, la palabra «tazmía» sobrevive principalmente en la toponimia y en la memoria de los investigadores, como el recordatorio de un tiempo en el que la fe y la fiscalidad se daban la mano en cada fanega de trigo.

7. Preguntas para el debate histórico

1. ¿Por qué el diezmo de millo era tan polémico? Porque al ser un cultivo introducido después de las primeras bulas papales, se discutió durante décadas si debía estar sujeto a diezmo o no, provocando largos pleitos entre los agricultores y el Cabildo Catedralicio.

2. ¿Cómo se auditaban las cuentas? Los libros de tazmía eran revisados en las visitas pastorales. El obispo o su delegado comprobaban que lo anotado en los libros coincidiera con lo que físicamente había en las cillas, vigilando así la honradez de los tazmieros.

3. ¿Qué queda hoy de aquel sistema? Además de los libros de contabilidad en los archivos, nos queda un patrimonio arquitectónico singular: edificios de piedra volcánica y madera de tea que fueron, durante siglos, las cajas fuertes de las Islas Canarias.

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