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Beñesmen

Es el nombre que daban los antiguos aborígenes (especialmente en Tenerife) a la fiesta de la cosecha, celebrada en el solsticio de verano. Marcaba el inicio del año nuevo y era un tiempo de «paz de Dios», donde se detenían las guerras para celebrar la abundancia, repartir el grano y agradecer a la tierra por los frutos que asegurarían la supervivencia de la comunidad.


El Beñesmen: El año nuevo que nace de la tierra

Beñesmen

Para los antiguos canarios, el tiempo no lo marcaba un calendario de papel, sino el ciclo de la cebada y el trigo. El Beñesmen (o Beñesmer) era el momento cumbre del año. Cuando el grano ya estaba seco y listo para ser guardado, las tribus detenían cualquier conflicto. Era una tregua obligatoria bajo el sol de agosto, un recordatorio de que, por encima de las peleas entre bandos, estaba la comida de todos.

1. La fiesta de la abundancia compartida

Durante el Beñesmen, los menceyes y jefes abrían los graneros colectivos. Se celebraban banquetes donde la leche, la carne de cabra y el gofio de la nueva cosecha se compartían entre todos. Era la máxima expresión de lo que hoy llamaríamos gestión mancomunada: el éxito de la cosecha se celebraba en unión, reafirmando los lazos entre las familias. Se hacían competiciones de lucha canaria, saltos y carreras, demostrando la fuerza de un pueblo que había logrado vencer otro año de sequía.

2. El reloj de las estrellas

Los antiguos eran maestros de la observación del cielo. El Beñesmen no se celebraba al azar; estaba unido a la posición del sol y a la aparición de ciertas estrellas. En sus lugares sagrados, los antiguos observaban cómo la luz marcaba el fin de un ciclo. Era el momento de renovar los pactos con la naturaleza. Si el año había sido bueno, se daban gracias; si había sido duro, se hacían ritos para pedir que las próximas lluvias llenaran los cauces y las futuras gavias.

3. Una herencia que sigue viva

Tras la conquista, este espíritu no murió, sino que se disfrazó. Muchas de nuestras romerías actuales, donde se reparte comida desde las carretas y se celebra el fin de las faenas del campo, tienen su raíz lejana en ese Beñesmen. La costumbre de juntarse para celebrar que la despensa está llena es el hilo invisible que une a los antiguos pastores con los campesinos de hoy. Es el momento en que el esfuerzo de todo un año por fin da su fruto.


Lugares para revivir el espíritu del Beñesmen:

  • Pueblo Guanche en Candelaria (Tenerife): Las estatuas de los menceyes frente al mar representan esa autoridad que presidía las fiestas y garantizaba la paz durante la cosecha.
  • Cueva Pintada de Gáldar (Gran Canaria): Un yacimiento donde los grandes silos de grano nos hablan de la importancia de almacenar la cosecha para el año nuevo aborigen.
  • Tagoror de El Julan (El Hierro): Un lugar de reunión sagrado donde los antiguos se sentaban en asamblea para decidir sobre los bienes comunes y celebrar sus ritos estacionales.
  • Llano de los Infantes (Tenerife): En las faldas del Teide, zonas de altura donde se celebraban grandes reuniones que coincidían con el final del pastoreo de verano.
  • Risco Caído (Gran Canaria): Un santuario astronómico donde la luz del sol entra con precisión para marcar el paso de las estaciones y el inicio del tiempo de cosecha.
  • Efquén de Zonzamas (Lanzarote): Un centro de poder antiguo donde se organizaba el almacenamiento del cereal y se celebraban los ritos de agradecimiento por los frutos de la tierra.
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