Un vistazo a la escultura Seahorse en Tarajalejo

En la pintoresca localidad de Tarajalejo, al sur de Fuerteventura, se erige un oasis cultural que cautiva a quienes lo visitan. A lo largo de la avenida marítima que se despliega tras la Playa de Tarajalejo, se encuentra un espacio verdaderamente único en su género: MARESEUM. Este museo al aire libre no solo constituye un conjunto de esculturas; es, más bien, una reverencia al mar y a todo lo que este vasto océano engloba, así como a las fantasías que despierta en la mente humana.

MARESEUM representa el fruto de una visión audaz que aspiraba a entrelazar el arte con la naturaleza, engendrando así un punto de encuentro donde las creaciones humanas entablan un diálogo armonioso con el entorno marino. Concebido como un punto de convergencia para artistas de diversas nacionalidades y amantes del mar provenientes de todas partes del mundo, MARESEUM presenta cinco fascinantes propuestas artísticas que exploran el tema común del océano en todas sus formas y expresiones.

Playa de Tarajalejo

El génesis de este extraordinario museo se remonta al año 2017, durante el célebre I Encuentro Internacional de Escultores de Tarajalejo, conocido como el FÔRMAR 2017. Fue durante este evento que las imponentes esculturas que componen MARESEUM cobraron vida, moldeadas por las manos expertas de talentosos artistas que hallaron su musa en las profundidades del mar y en las historias de aquellos que lo habitan.

Entre las obras más sobresalientes que alberga MARESEUM, destaca el “Seahorse” de la artista rusa Antonina Fathullina. Esta pieza se alza sobre una base de piedra basáltica. Está confeccionada en acero y piedra volcánica del lugar. La escultura representa a un caballito de mar que, con su mirada dirigida hacia el vasto horizonte del Atlántico, parece trascender las barreras físicas para conectar con el espíritu del mar.

El “Seahorse” no es simplemente una escultura; es un eco de la esencia misma del mar. Su estructura metálica, que se entrelaza con las rocas volcánicas recolectadas en las inmediaciones de Tarajalejo, evoca la fortaleza y la resistencia del océano. Al mismo tiempo, la delicadeza y elegancia de la forma del caballito de mar transmiten una sensación de gracia y serenidad, recordando al espectador la belleza efímera pero eterna que yace en las profundidades del mar.

La elección del caballito de mar como motivo para esta escultura no es casualidad. Este diminuto ser marino, con su apariencia única y su singular forma de vida, ha sido durante mucho tiempo objeto de fascinación y admiración por parte de diversas culturas alrededor del mundo. En la mitología griega, el caballito de mar estaba asociado con los dioses del mar, siendo considerado un símbolo de poder y protección. En algunas tradiciones orientales, se le atribuye al caballito de mar propiedades curativas y místicas, mientras que en la cultura popular contemporánea, a menudo se le percibe como un emblema de la fragilidad y la belleza en un mundo lleno de maravillas.

Al situar al caballito de mar en el contexto de MARESEUM, Antonina Fathullina nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el mar y con el mundo natural en su conjunto. La escultura nos recuerda que, aunque el mar pueda parecer vasto e insondable, está intrínsecamente conectado con cada uno de nosotros, tanto en un nivel físico como espiritual. Al contemplar la obra, nos sumergimos en un viaje interior que nos lleva a explorar nuestros propios vínculos con la naturaleza y a reconocer la importancia de proteger y preservar los océanos para las generaciones futuras.

Además de “Seahorse”, MARESEUM alberga otras cuatro obras igualmente impresionantes: “El pescador de Sueños”, de Juan Miguel Cubas, “Ventana al infinito” de Ana MamulashviliLadrón de Perlas IV” de Amancio González, y al final del paseo marítimo la obra de mayor embargadura de todas: Islas Canarias de Jhon Gogaberishvili.Cada una de estas esculturas con su propia historia que contar y su propia visión del mar.

¿Quién es Antonina Fathullina?

Antonina Fathullina, nacida en Leningrado, Rusia, en 1982, es una destacada escultora cuyo arte trasciende fronteras geográficas y culturales. Su formación artística se desarrolló en la prestigiosa Academia del Estado en San Petersburgo, donde cultivó su pasión por la escultura y exploró diversas técnicas y materiales.

La obra de Fathullina se caracteriza por su versatilidad y su capacidad para transmitir ideas complejas a través de formas escultóricas. Trabajando principalmente con estructuras metálicas y hormigón, la artista experimenta con dimensiones tanto grandes como pequeñas, dando vida a objetos individuales así como a composiciones urbanas a gran escala que ahora embellecen calles y plazas en ciudades de todo el mundo.

A través de sus obras, Fathullina explora temas relacionados con la identidad cultural, inspirándose en la historia y el folclore de diferentes regiones del mundo. Su arte no solo es estéticamente impactante, sino que también invita a la reflexión sobre cuestiones profundas que afectan a la humanidad.

Desde 2018, las creaciones de Antonina Fathullina han sido instaladas en numerosos países, desde Alemania hasta Canadá, desde Egipto hasta China, llevando consigo su mensaje artístico a diversas audiencias internacionales. Además de su participación en simposios y exposiciones de renombre mundial, Fathullina ha logrado consolidar su presencia en colecciones privadas en Finlandia, China, Estados Unidos y otros lugares.

Las obras de Fathullina se distinguen por su enfoque innovador y su capacidad para desafiar los límites convencionales de la escultura. Sus composiciones, a menudo descritas como estructuras abiertas, se caracterizan por su singularidad y su capacidad para interactuar con el espacio circundante de una manera dinámica y cautivadora. A través de su uso magistral del vacío, la relación entre formas y otros elementos, Fathullina logra trascender lo físico para alcanzar una conexión más profunda con el espectador y el entorno que lo rodea.

En la actualidad, Antonina Fathullina continúa viviendo y trabajando en San Petersburgo, donde sigue explorando nuevas formas de expresión artística y expandiendo los límites de su propia creatividad. Su legado como escultora contemporánea sigue creciendo, dejando una huella indeleble en el mundo del arte y en aquellos que tienen el privilegio de experimentar sus obras.

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