Pago de las Casas de Taca

Casas de Taca

casas de taca

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A ambos lados del barranco de Esquinzo, en el municipio de La Oliva y, cerca de su desembocadura, encontramos el pago de Taca. 

Las Casas de Taca, son una agrupación de una veintena de casas, que se encuentran de manera dispersa, y que hoy en día están deshabitadas.

Las Casas de Taca mantienen la estructura de las viviendas de la arquitectura tradicional majorera.  Estas casas están realizadas en piedra y son de una sola planta. Comenzaron siendo construcciones para el resguardo de los pastores de la zona, y fueron evolucionando, poco a poco, hasta convertirse en el tipo de vivienda que hoy en día podemos observar.

La mayor de todas estas casas que encontramos en esta zona está compuesta por 9 huecos habitacionales. En ella lo más destacable es la amplia cocina.  Como elemento más importante en esta cocina encontramos la campana, que es de grandes dimensiones. Por lo general, estaban construidas a base de una viga empotrada en las paredes laterales a la altura de la vista, sobre la cual partían hacia el techo una serie de “latillas” sobre las que se extendía una torta que posteriormente se encalaba. La cocina cuenta con un horno, y tanto la encimera como las alacenas están construidas en obra.

Fuera de la casa hay un gran corral, en el que el suelo se encuentra empedrado formando dos círculos a modo de era. A unos 5 metros al sur de la casa encontramos una pequeña gambuesa, y a escasos metros en el lado norte un aljibe.

Debido a la pobreza de la zona y a que sus habitantes se dedicaban tradicionalmente a la agricultura y a la ganadería,  disponían de grandes extensiones de terrenos agrícolas, que se encuentran parcelados en las inmediaciones de las casas.

El agrupamiento de estas casas posiblemente tuvo como origen y evolución el asentamiento de una familia, donde las viviendas de los hijos casados se situaban junto a la de los padres. Y posteriormente, algunos de los terrenos o casas se alquilaban a otras familias siendo posible que los nuevos usuarios disfrutasen de cierta independencia.

El pago de Taca ya existía como tal en el siglo XVII, y era una zona de tradición de ganadería camellar, y así se recoge en los Acuerdos del cabildo.

Legajo 4, f. 21,10 Diciembre 1651. Villa de Betancuria.

A. Mayor, Nicolás Lorenzo. Regidores, Sebastián de Larena, Juan Mateo, Lorenzo de Armas y Manuel Cabrera. Escribano, Alonso.

Acordado por este Cabildo hacer dos apañadas de los camellos que andan sueltos, una en la parte de Guise y otra en la de Ayose, y aunque se hicieron, quedó mucho ganado suelto, acordaron deberá hacerse nueva apañada a costa de sus dueños. Se pregonará esta nueva apañada para que acudan las personas que les interese, rematándose en la que hiciera la postura más baja. La primera apañada se hará en la parte de Guise y los camellos se han de encerrar en Taca. (…)

Casas de Taca

Casas de Taca

Los camellos de Taca eran conocidos por su testarudez, como se refleja en las tradiciones orales de Fuerteventura. Este relato nos cuenta como una camella se escapa con la caja de un finado.

El difunto era de la zona de La Oliva, cuando solamente existía una ermita pero no camposanto, y los entierros había que hacerlos en Betancuria. La comitiva se había puesto en camino detrás del camello y la primera parada para reponer fuerzas, antes de la subida a la degollada, se hace en la cruz del descanso junto a una venta en el Otro Valle (Valle de Santa Inés). El camello se fucha y no se traba. Cuando ya se había barriliado bastante y la jumasa era general en la rueda de presentes, al salir para retomar la marcha el camello se había juyido y todos retornan a La Oliva para reiniciar el sepelio.

Pero el majalulo venía de una camellada de Taca, hacía poco tiempo que estaba por los pagos de La Oliva y no buscó esa querencia. Por más que lo buscaron, desparramándose como una apañada de Tindaya a Fimapaire y de Villaverde a Lajares, al cabo de unos cuantos días lo localizan por el vuelo de unos guirres en la costa de Taca, arrastrando lo que quedaba de la silla de cruz y cinchada en un brazo, con el difunto envuelto en una estera ya descompuesto y apestando a perros podridos.

Tapándose la nariz, cortaron las cinchas con un cuchillo, liberando al camello. Después de hacer con dos palillos una cruz que clavaron cerca, quemaron difunto, estera, albardas, silla y unas gavillas de ahulagas, porque el finado no estaba ya para un traslado a Betancuria. Posiblemente fue éste el primer difunto incinerado de Fuerteventura.

* Texto extraido de Pelladegofio.

Taca también aparece nombrado por Pancho Moséguez, el poeta de Tindaya.

ABUELO

Voy a relatar una historia, si la puedo recordar,
me la contaba mi abuelo

cuando yo empezaba a hablar. Los caletones de Taca,
son un misterio profundo, donde vivió un matrimonio siete hijos trajo al mundo.

Que la casa allí existe, nunca se puede borrar,
es la Cueva de las Damas que tiene puerta al mar.

Una noche muy oscura él de la cueva salió,
con su mujer y sus hijos a Betancuria marchó.

Cuando iba por media cuesta al cura se encontró:
“Aquí le traigo a mis hijos
y a bautizarlos voy yo”.

“Mucho lo siento hermanito pero hoy no puede ser, porque voy a Santa Inés que murió una mujer”.

“Yo soy Ginés Cabrera y no vacilo un segundo, si no hace lo que digo lo quito de este mundo”. Siete hijos que tenía, siete razas que sacó, creo que de ahí viene esta generación.

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