El opilión de Villaverde – Maiorerus randoi

El Opilión de Villaverde.

Maiorerus randoi

Maiorerus randoi

 

En la Cueva del Llano en Villaverde, existe una fauna cavernícola peculiar, no tanto por su gran diversidad sino por ser específica de esta zona, reduciendose el ámbito de actuación de estas especies, a unos pocos centenares de metros.
Entre las especies cavernícolas que habitan en esta cueva lávica, existen varios artrópodos, y entre ellos el pececillo de plata Coletinia majorensis y un fantástico arácnido, un pequeño y simpático opilión, el Maiorerus randoi (Maiorerus por ser una especie hayada en Fuerteventura y randoi por ser descubierta por el biologo Juan Carlos Rando).

Las especies cavernícolas tienen características inconfundibles;  son ciegas, con nula o muy poca pigmentación, además de tener por lo general las extremidades y antenas más largas, estrechas y delicadas, que sus congéneres terrestres. El metabolismo de los troglobios es muy lento, caminan despacio, y viven mucho tiempo, pues al consumir menos energía son especies más longevas, algo que les sirve de estrategia para garantizar la descendencia, ya que su nivel reproductivo es menor.

Pedro Oromí, (‎Catedrático de Zoología de la Universidad de La Laguna) que ha estudiado en profundidad la fauna de las cuevas y lavas del archipiélago, nos relata en el Segundo Café Científico, celebrado en Fuerteventura, que las especies cavernícolas son endémicas de una sola isla, puesto que una vez  llegan a ella, evolucionan en ese ambiente específico, siendo ese su destino final, e incapaces de salir al exterior para dar el salto a otra isla.

Este es el caso del Maiorerus randoi que según últimas investigaciones genéticas, dan como punto de origen el continente  africano, posiblemente este arácnido sea una evolución de algún opilión terrestre y arbóreo que colonizó la maxorata, llegando a ella en islas vegetativas o en el interior de otros animales. Todo su grupo zoológico del primer opilion que colonizó Fuerteventura se extinguió, previsiblemente tras la desertización de la isla, y sólo ha quedado esa estirpe en la cueva, donde sobrevive gracias a la humedad.

La disposición de la entrada superior de la cueva del llano, es una pequeña depresión del terreno a forma de jameo, que ha funcionado como sumidero de aguas de escorrentía durante muchos milenios, aportando a la cueva gran cantidad de aguas y de sedimentos hacia el interior del mismo, durante las  épocas de lluvias, facilitando a la cueva las condiciones mediombientales específicas de temperatura y humedad. Las obras realizadas para la adecuación de La Cueva del Llano a las visitas turísticas, concretamente los dos muros exteriores,  han mermado este aporte de humedad a la cueva, poniendo en peligro todo el ecosistema propio del mismo, siendo recomendable devolver ese aporte de humedad que ha sustentado el frágil ecosistema de la Cueva del Llano.

Este arácnido cavernícola de Fuerteventura es una especie catalogada en peligro de extinción en el catálogo nacional de especies amenazadas.
Según el Atlas de los Invertebrados Amenazados de España (Especies En Peligro Crítico y En Peligro).

IDENTIFICACIÓN:

Opilión troglomorfo, tamaño del cuerpo 2,2 mm, anoftalmo. Cuerpo amarillo anaranjado, de superficie carente de tubérculos o espinas. Tubérculo ocular muy grande e inerme, junto al borde frontal.
Quelíceros robustos pero no ensanchados. Fórmula tarsal 4(2): más de 6(3): 5: 6. Pene con placa ventral muy grande. De acuerdo con Rambla (1993), la forma del pene y la del cuerpo son diagnósticas.

ÁREA DE DISTRIBUCIÓN

Endemismo de Fuerteventura. Conocido únicamente de la Cueva del Llano, situada en Villaverde, término municipal de La Oliva.

HÁBITAT Y BIOLOGÍA

La Cueva del Llano es un tubo volcánico de 648 m de desarrollo y amplias dimensiones en los primeros 500 m, quedando muy reducida en la parte más profunda por estar colmatada de depósitos arcillosos arrastrados desde la boca. Es un tubo formado hace aproximadamente 990.000 años.

Los primeros 450 m de cueva están algo transformados por las obras realizadas para la adecuación a las visitas (eliminación de piedras y construcción de un sendero liso de aproximadamente 1 m de ancho de tierra apisonada), y en ellos nunca se ha encontrado Maiorerus randoi, aunque sí la araña troglófila Spermophorides fuertecavensis. Maiorerus randoi se conoce únicamente en los últimos 200 m de cueva, a partir de la única columna central que divide la cueva en dos pasadizos que vuelven a unirse.

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