Noria de Los Peña  y su legado en Fuerteventura 

Enclavada en el cauce del barranco del Sobrado, frente cerca del museo arqueológico de Betancuria, se erige la Noria de Los Peña, un emblema de la historia y el ingenio humano en la isla. Testigo silente de tiempos pasados, esta antigua noria rehabilitada invita a sumergirse en el fascinante mundo de la agricultura tradicional y el aprovechamiento del agua en una tierra donde los recursos siempre fueron escasos y preciados.

En los anales de la historia insular, las norias de tiro representan un capítulo fundamental. Impulsadas por la fuerza de  camellos y burros, estas ingeniosas máquinas fueron el motor que movió el desarrollo agrícola de Fuerteventura durante décadas. Su misión era clara: extraer el agua de los profundos pozos para regar los áridos campos de cultivo o abastecer las necesidades domésticas de las comunidades locales.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX que este tipo de norias encontró su camino hacia Fuerteventura, marcando un hito en su evolución poblacional y económica. Con su llegada, se allanaron los caminos hacia una mayor productividad agrícola y un aprovechamiento más eficiente de los recursos hídricos disponibles.

Sin embargo, el paso del tiempo no fue benévolo con estas monumentales estructuras. Muchas de ellas, conocidas también como norias de sangre debido a su dependencia de la tracción animal, cayeron en desuso. La sequía de las fuentes de agua, la salinidad excesiva de los pozos y el declive gradual de la agricultura desde mediados del siglo XX contribuyeron al abandono progresivo de estas reliquias del pasado.

El diseño de una noria era una maravilla de la ingeniería adaptada al entorno árido de Fuerteventura. Situada sobre una plataforma circular elevada y rodeada por robustas paredes de piedra, la noria se convertía en el epicentro de la actividad agrícola. Los camellos y burros, uncidos a la almijarra, giraban incesantemente alrededor de la estructura, mientras sus ojos vendados evitaban el mareo ante el eterno vaivén circular.

La Noria de Los Peña, también conocida como la Noria de la Calle, sigue siendo un monumento al ingenio humano. Con sus dos carretes de hierro y una capacidad impresionante de extracción de agua, esta noria de araña era capaz de sacar hasta 105 litros en cada vuelta completa. Sus 15 cántaros, con capacidad de siete litros cada uno, eran la prueba tangible del esfuerzo y la destreza de generaciones de agricultores.

A lo largo de más de un siglo, las norias de tiro fueron el pulso vital de la agricultura en Fuerteventura, hasta que la llegada de los Aeromotores Chicago marcó el inicio de una nueva era. A pesar del avance tecnológico, el legado de estas monumentales estructuras perdura en la memoria colectiva y en los rincones más recónditos de la isla.

Hoy en día, es posible revivir ese legado ancestral visitando algunas de las norias rehabilitadas en La Calle de los Pozos en Betancuria y frente a la iglesia de la Virgen de Regla en Pájara. Estos monumentos son más que meros vestigios del pasado; son testigos vivientes de una época en la que el ingenio y la necesidad forjaron el destino de Fuerteventura.

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