El mariscador de lapas – Leyendas de Fuerteventura

El mariscador de lapas – Leyendas de Fuerteventura.

Playa de Jarugo

Playa de Jarugo

 

Varias leyendas se han creado alrededor de la Virgen de la Peña, una de las más curiosas y menos conocidas, es la  historia del muchacho Miguel Xeréz que fue arrastrado por una ola mientras buscaba lapas en un peligroso risco de la costa de Fuerteventura, esta leyenda es conocida como El mariscador de lapas.

«El año de 1703 día de Santa Catalina Mártir, 25 de Noviembre, un joven llamado Miguel Xeréz, hijo de los dichos padres Pedro Xerez y María Ruiz, fue al mar y estando cogiendo lapas en lo delgado de un pequeño risco y repentinamente se levantó un grande golpe de mar, que lo arrojó dentro de una caleta o laguna del mar cerrada con tal muro de peñascos, que a juicio de todos los que tienen de ella conocimiento, era tan imposible salir de allí por natural diligencia, sí solo por disposición divina.

El pobre joven que se vio en tal ahoga y afán y que no podía esperar socorro humano a su fatiga, acudió luego bien adverido al divino.Y en cuanto pudo hablar, según él dice, siempre con el corazón y lengua al socorro y favor de nuestra Señora de la Peña, no la dejó de su boca mientras la pudo invocar.

La benignísima Madre no estaba lejos de allí. Gusta de que sepamos valemos de su piadoso y maternal amparo, que dio a conocer muy bien en este caso, como en todos los demás, pues, en medio de las aclamaciones del acongojado joven, el mar repitió otro abundante rebozo de sus aguas que lo echaron fuera de aquel cerco y cárcel, aunque muy lastimado y golpeado.

Hallóse con este segundo ímpetu de las aguas fuera de aquella odiosa garita y tremenda masmorra, a onde la exclaustró el primero, pero no libre de toda tribulación y peligro de la vida, pues, con lo atormentado de los golpes, maltratado de las heridas, se hallaba tan sin valor, que ya el agua le ocupaba la garganta.

Hubiera perecido muchas veces, si no hubiera sido tal su esperanza y viva fe. No dejó a nuestra Señora de la Peña de su corazón, en él clamaba por el favor de esta Reina.
Y en esa estuvo su dicha, pues en lo más desesperado de su ingente conflicto, alcanzó a ver sobre sí una celeste nube de color cerúleo, despidiendo de sí valientes rayos de luces con cuyas poderosas influencias, sin percibir como fuesen, se halló sobre una baja contigua a tierra asentado y con suficiente aliento sin dolores, aunque herido y brotando mucha sangre de las roturas y golpes de las piedras no acaso, sí para hacer más notorio lo excelente del beneficio y singular del milagro.

De aquella suerte, desnudo, sólo con los calzoncillos blancos, partió el agradecido joven, ensangrentando las huellas y salpicando el camino, a la Casa y Templo de esta soberana Reina, en cuya presencia postrado y reconociente de la merced recibida, le rindió gracias con el humilde afecto que pudo su sencillo corazón, siendo en todos perpetuo pregonero de las misericordias y milagrosas mercedes de la poderosísima Reina de lo criado por medio de esta maravillosa Imagen suya de la Peña»

 

Fuente: Diego Henrique en su libro Fuerteventura

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