Las Olvidadas Salinas de La Muley – Puerto del Rosario

Fuerteventura es conocida por su privilegiada costa. Cuenta con un  perímetro de más de 340 kilómetros. Sus playas no solo son un paraíso para los amantes del sol y los deportes acuáticos, sino que también han jugado un papel fundamental en la vida de los habitantes de la isla desde tiempos inmemoriales. La costa majorera ha sido una valiosa fuente de recursos naturales, utilizada por los primeros pobladores para la pesca, la recolección de moluscos y, significativamente, para la extracción de sal marina.

Hoy, nos adentramos en la historia de las salinas más desconocidas y olvidadas de Fuerteventura: las que se encontraban en la desembocadura del Barranco de La Muley, cerca de la localidad de El Matorral en Puerto del Rosario.

La Evolución y Singularidades de las Salinas en Fuerteventura

La sal, ese mineral esencial para la vida, ha sido un pilar fundamental en la historia de la humanidad. Desde su uso para la conservación de alimentos hasta su papel en la economía y la cultura, la sal ha dejado una huella imborrable en diversas civilizaciones. Fuerteventura, con su clima árido y su extensa costa, ha sido un lugar privilegiado para la producción de sal de alta calidad, una tradición que se remonta a tiempos inmemoriales.

Sal de Fuerteventura
Sal de Fuerteventura

En Fuerteventura, la sal ha desempeñado múltiples roles esenciales. Además de ser un complemento en la dieta del ganado y el consumo humano, ha sido vital para la conservación de alimentos, especialmente en una época en la que la refrigeración no existía. La técnica de secar el pescado, conocida en la isla como “jarear”, dependía en gran medida de la disponibilidad de sal. Esta práctica no solo aseguraba la preservación del pescado, sino que también permitía su almacenamiento y transporte, contribuyendo al comercio local.

Los Mahos y los Cocederos Naturales

Los primeros habitantes de Fuerteventura, los mahos, ya utilizaban la sal de los charcos naturales que se formaban en la zona intermareal de la costa. Estos charcos, conocidos como cocederos, eran utilizados para recolectar sal. Los mahos incluso mejoraban la productividad de estos cocederos rebajando el fondo de los charcos para aumentar la cantidad de sal recolectada. La sal obtenida era utilizada para salar tanto pescados como carnes, lo que muestra una comprensión avanzada de las técnicas de conservación de alimentos.

La Conquista Franco-Normanda y el Monopolio Salinero

Con la conquista franco-normanda a principios del siglo XV, los cocederos naturales pasaron a ser propiedad del señorío. La sal, considerada un “bien común”, era accesible a todos los habitantes de la isla, quienes podían recolectarla libremente para su uso personal. Sin embargo, a finales del siglo XV, los Reyes Católicos instauraron un monopolio salinero en todo el reino. Esta medida no fue bien recibida por los Señores de Fuerteventura y Lanzarote, quienes intentaron eludir el control estatal sobre las salinas.

La Constitución de 1810 y el Desestanco de las Salinas

No fue hasta la promulgación de la Constitución de 1810 que se propuso el desestanco de las salinas, es decir, la eliminación del monopolio estatal sobre la sal. Sin embargo, esta ley no fue aprobada de manera inmediata. Durante las siguientes seis décadas, varias leyes sobre el desestanco de la sal fueron aprobadas y derogadas. Finalmente, en 1870, las salinas en España fueron declaradas completamente libres para producir y vender sal.

El Auge de las Salinas en Fuerteventura

La liberación del monopolio salinero marcó el comienzo de un auge en la producción de sal en Fuerteventura. La creación de la Ley de Desestanco de la Sal permitió el establecimiento y desarrollo de numerosas salinas en la isla. Entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, se crearon varias salinas importantes: las Salinas de la Hondurilla (Salinas del Carmen), las Salinas del Viejo (Puerto del Rosario), las Salinas del Matorral (Morro Jable) y las Salinas del Marrajo (Isla de Lobos).

El boom turístico propició que muchas salinas se abandonaran.

Las Olvidadas Salinas de La Muley o de Rosa de Abajo

Mapa de Fuerteventura de Tomás López en 1779

Las Salinas de La Muley, según los planos levantados en 1742 y con posterioridad por el cartógrafo Tomás López en 1779, se encontraban justo a la izquierda del barranco homónimo, entre Caleta de Fuste y el Puerto de Tegurame, hoy conocido como Playa Blanca. Estos planos históricos no solo nos proporcionan información geográfica precisa, sino que también nos revelan la importancia económica y estratégica de las salinas en esa época.

Vista satélite de las Salinas de El Matorral – Puerto del Rosario

Las salinas estaban precedidas por una pequeña marisma, que aún hoy se puede apreciar en su forma original. Durante la Segunda Guerra Mundial se construyó un búnker en la marisma, cuyo vestigio permanece como un mudo testigo de tiempos más turbulentos.

Funcionamiento de las Salinas

El proceso de obtención de sal en La Muley era ingeniosamente sencillo y efectivo, aprovechando los recursos naturales disponibles. Las aguas de las marismas eran canalizadas hacia una serie de balsas poco profundas situadas detrás de estas. El diseño de las balsas permitía que el sol, en su incesante labor, evaporara lentamente el agua, dejando tras de sí los preciados cristales de sal. Este método, conocido como evaporación solar, era una práctica común en las salinas tradicionales y garantizaba una producción de sal suficiente para abastecer las necesidades locales y para el comercio.

Mapa de Fuerteventura de 1850 – El Matorral ya cuenta con una docena de casas

Las Salinas del Barranco de La Muley siguieron apareciendo en los mapas hasta finales del siglo XIX, por lo que hemos de suponer que estuvieron funcionando hasta poco antes de que se construyeran las Salinas del Carmen 

Hoy en día, las salinas de La Muley o de la Rosa de Abajo representan un testimonio silencioso de una época pasada que merece ser rescatada y preservada. Aunque ya no se utilizan para la producción de sal, su existencia nos recuerda la importancia de este recurso en Fuerteventura y su capacidad para adaptarse a las condiciones naturales de la isla. Además, las salinas tienen un valor ecológico significativo, proporcionando hábitats para diversas especies de aves y contribuyendo a la biodiversidad de la isla.

La marisma y el búnker de la Segunda Guerra Mundial son elementos de interés histórico y ecológico que podrían convertirse en atractivos turísticos y educativos. La conservación de este patrimonio no solo permitiría mantener viva la memoria de las salinas, sino que también ofrecería una oportunidad para estudiar y comprender mejor las técnicas tradicionales de producción de sal y la historia de Fuerteventura.

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