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Las Norias de Tiro o Norias de Sangre

Las Norias de Tiro o Norias de Sangre

 

Norias de Tiro o Noria de Sangre

Norias de Tiro o Noria de Sangre

 

En  Fuerteventura, camellos y burros,  aliviaron durante muchos años el duro trabajo de los campesinos en las norias de tiro que eran traccionadas por la fuerza animal, con el fin de sacar el agua de los pozos para destinarla a la agricultura o a usos domésticos. Estas norias, que no se utilizaron en Fuerteventura hasta la segunda mitad del siglo XIX, supusieron un gran avance en el desarrollo poblacional de la isla.

En el año 1852, el comisionado regio José de León y Falcón realizó un estudio de los recursos hídricos de Fuerteventura. En este estudio destacó la falta de medios mecánicos para la obtención de agua en toda la isla y sugirió apoyos oficiales para la introducción de norias. Las norias se utilizaban para elevar agua de los pozos y regar los campos de cultivo cercanos o abastecer de agua a las familias.

Muchas de estas norias, llamadas también norias de sangre porque se basan en la tracción animal, se fueron abandonando progresivamente debido a haberse secado las fuentes de las que extraían el agua, a que por ser demasiado salobres las aguas no servían para el cultivo y al abandono progresivo de la agricultura desde mediados del siglo XX.

En estas norias una rueda de madera en posición horizontal (la rueda de aire o de sol) es movida por una palanca de giro, denominada almijarra, de la que tira el animal. La almijarra es un palo curvo de madera donde se uncía al burro o al camello para hacer girar la noria. La rueda del aire engrana en los puntos largos en el tambor o rueda de agua (fabricada también en madera), que es la rueda vertical que se encuentra en la boca del pozo. Sobre la rueda de agua se colgaban dos maromas, que en Fuerteventura se realizaban con fibra de pitas.

Las maromas, a modo de correa sinfín, elevaban continuamente el agua y sobre ellas se ataban los arcaduces o cántaros, fabricados con madera y latón, que subían llenos de agua y se vaciaban una vez coronada la rueda vertical en la artesa. La artesa era un recipiente de madera que depositaba el agua en dos atarjeas, una de ellas conducía el agua hasta los campos de cultivo y la otra hacia un estanque o aljibe que se encontraba a los pies de la noria.

El entramado de la noria se situaba sobre una plataforma circular elevada, que se rodeaba con paredes de piedra y que servía para que los camellos y los burros uncidos a la almijarra girasen alrededor de la noria. A los animales se les tapaban los ojos para evitar de esta manera que viesen un camino permanentemente circular e impedir así que se mareasen dando vueltas.

En uno de los lados del pozo había una puerta de piedra adintelada, que comunicaba el exterior con el interior y que servía para desenganchar los cántaros cuando se enredaban.

Durante más de un siglo, las norias de tiro, estuvieron funcionando en la isla hasta la llegada de los Aeromotores Chicago. Estuvieron presentes en la zona central y sur de la isla, especialmente, en Agua de Bueyes, Antigua, Valle de Santa Inés, Betancuria, Vega de Río Palmas, Pájara y Tuineje.

Podemos visitar algunas de estas norias rehabilitadas en los pozos de La Calle y Los Peña en Betancuria y en Pájara frente a la iglesia de la Virgen de Regla.

Curiosidad:
La capacidad de extracción de la noria del pozo de La Calle es de hasta 105 litros de agua en cada vuelta completa que dan sus 15 cántaros de 7 litros cada uno.

 

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