La Torre Fortaleza del Barranco de La Torre.

La Torre Fortaleza del Barranco de La Torre.

Restos de la Torre fortaleza de el Barranco de La Torre - Foto - Carlos Gonzalez

Restos de la Torre fortaleza de el Barranco de La Torre –

En el municipio de Antigua encontramos el Barranco de la Torre, cuya toponímia hace referencia a la Torre fortaleza de uso militar que allí se encuentra. Esta torre, que data del siglo XV, forma parte de los llamados castillos betancurianos, como el castillo de Lara, castillo de Richerocque, el castillo de La Torre, castillo de Baltarhais… Todos ellos fueron obras defensivas de uso militar que se ordenaron construir por los franco-normandos Juan de Béthencourt y Gadifer de la Salle.

La primera referencia conocida de esta fortaleza en el Barranco de La Torre la encontramos en los mapas del siglo XVI de Leonardo Torriani. Hasta que en el verano de 1945 Sebastián Jiménez Sánchez, Delegado Provincial de Excavaciones Arqueológicas de la Provincia de Las Palmas, hace el hallazgo de los restos de la torre no se tenían más noticias de dicha construción, más allá de la toponimia del barranco.  Este arqueólogo indica:

«He descubierto soterrada una antiquísima torre-fortaleza, precisamente en el llamado Barranco de la Torre… una torre-fortaleza que estimamos ser de comienzos del siglo XV».

Esta torre es de planta circular irregular, al parecer este tipo de forma constructiva corresponde a una estrategia para camuflar el emplazamiento con el entorno y que no sea tan visible, a la vez que se consigue dominar un amplio campo de visión tanto hacia la costa como hacia el centro de la isla.

Plano de la torre levantado por  Don Miguel Tarquis,  en 1959.

Plano de la torre levantado por  Don Miguel Tarquis,  en 1959.

El diámetro exterior de esta torre-fortaleza es de 12 m, mientras que el recinto interior es de 5 o 6 m.  Este recinto interior  es la zona que aun se puede observar a simple vista, y aquí era donde se encontraban las dependencias. Destaca una dependencia o cuerpo de guardia con puerta al norte, de cuyo interior arranca una escalera con tres peldaños de piedra.

Formando parte del muro circular interior había doce huecos utilizados como depósitos de material bélico. Sobre estos huecos se alzaban otras tantas mirillas, en disposición de abanico, para puestos de arqueros y ballesteros.

En su parte central el torreón tiene un grueso muro, constituido por cuatro filas de piedras largas, que actuó de soporte de la techumbre.

Sebastián Jiménez encontró abundante material: una moneda, un trocito de moneda, hebillas y botones metálicos, un platito de metal amarillo, punta de pica, punta de puñal y de estoque, empuñaduras de sables y de puñal. Este material se encontraba mezclado con gran cantidad de vestigios de la población prehispánica, como son concheros, caracoles perforados, hueso taladrado en su centro, cuchillos, hachas y bruñidores de piedra.

La mezcla entre construcciones y material de los aborígenes con construcciones y material de los conquistadores, llevó a los arqueólogos a pensar que los conquistadores normandos hicieron uso de una zona en la que se habían asentado los mahos anteriormente, llegando a desplazar a sus antiguos pobladores.

Historiadores como Elias Serra se inclinan más por pensar que esta torre ya existía en tiempos prehispánicos y,  por tanto, que era indígena en su origen, justificando su parecer por los caracteres del aparejo, piedras no escuadradas a martillo y unidas sin mortero.
No se conoce a qué se debió el abandono de la torre, aunque Jiménez Sánchez especula que bien pudo deberse a un contraasalto de los isleños aborígenes o a un abandono de los conquistadores al adentrarse cauce arriba del propio barranco, hacia las zonas más fértiles de Betancuria y Antigua.

 

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