La Oliva

La Oliva

La Oliva - vista desde Escanfraga

La Oliva – vista desde Escanfraga

El pueblo de La Oliva se sitúa en la zona norte de la isla de Fuerteventura y es cabecera del término municipal.
Su nombre se debe, según algunos autores, a que en la zona se encontraban antiguamente acebuches, una especie de olivos silvestres.
El lugar de La Oliva se nombra, ya en el año 1602, como caserío habitado en los acuerdos del Cabildo. En el mapa que el ingeniero Torriani realiza de la isla de Fuerteventura en el siglo XVI, se indican, en el norte: La Oliva, el puerto del Tostón y la cala de Corralejo.
La Oliva tiene unas excelentes condiciones geográficas: fértiles y llanas tierras, buenos pastos, fuentes, buenas posibilidades de aprovechamiento de las aguas de lluvia, cercanía al mar…, que son los responsables del establecimiento de sus pobladores tras la conquista.

En un manuscrito anónimo, que parece ser del siglo XIX, aparece que la fundación de La Oliva se hizo por unos hermanos, apellidados Hernández, que construyeron dos casas en el sitio de Puerto Escondido, que utilizaban durante el tiempo de las sementeras. A estos hermanos se unieron otras gentes que empezaron a construir sus casas animados por el cultivo de cereales.

Los habitantes de La Oliva compaginaron agricultura y ganadería, a diferencia de otras zonas de la isla donde las familias se dedicaban, casi en exclusiva, a una de estas actividades. Casi todos los vecinos poseían cabras que les servían para abastecerse de leche, queso y carne.
En el pueblo se estableció una sociedad agraria tradicional dedicada al cultivo de cereales: trigo, centeno, cebada…, también papas, habas y otras legumbres. Una vez realizada la siega y la trilla, los cereales se transportaban en burros y camellos hasta las casas. Con la paja se construían los pajeros, y se usaba como alimento para animales y para rellenar colchones.

El grano se guardaba en taros y se molía en las tahonas. En La Oliva había una cilla, dedicada a almacenar el grano que pertenecía a la iglesia (bien por proceder de tierras de su propiedad o por corresponder a rentas decimales) a la espera de embarcarlo hacia otras islas en los periodos de buenas cosechas. Además de la cilla de La Oliva también existieron estos almacenes en Tindaya, Tetir, Betancuria y Tiscamanita.

Junto con los cereales y el ganado en La Oliva también se produjo orchilla y cal.
Hasta el siglo XIX, la recolección de la orchilla fue una de las actividades desarrolladas en el pueblo. Este líquen tintóreo se exportó fundamentalmente a Inglaterra.
La cal fue otro de los productos elaborados en La Oliva, donde aun quedan vestigios de los hornos de cal.

La población de La Oliva se situó en un primer momento de forma dispersa, unas casas se encontraban cercanas a los caminos, y otras diseminadas por el campo, más tarde por motivos de seguridad se fueron agrupando, especialmente en las zonas próximas a la iglesia de La Oliva. La mayoría de las casas eran modestas, de una sola planta y con dos o tres dependencias. Disponían de aljibe, pajero, horno de pan y corral para el ganado. Estas casas, por lo general, contaban con pequeñas parcelas de tierra que sus propietarios cultivaban ayudados de burros y camellos, que alimentaban con los rastrojos y pajas de las cosechas.
En La Oliva también se establecieron familias con una buena situación económica, que vivían en las mejores viviendas, de dos pisos y tejados a cuatro aguas. Estas familias estaban relacionadas con el poder militar, eclesiástico y jurídico-administrativo de La Oliva y poseían las mejores tierras, junto con fuentes y maretas.

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Si visitas La Oliva no olvides que allí se encuentran:
Iglesia de la Candelaria.
Casa de la Cilla.
Casa de los Coroneles.
Centro de Arte Canario «Casa Mané».
Casa del Coronel.
Ermita de Puerto Escondido.
Lugar de Rosa Blanca, que albergó la Ermita de Ntra. Sra. del Rosario.
Majada de la Lengua

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