La Luz de Mafasca

La Luz de Mafasca

La Luz de Mafasca

La tradición oral de la isla de Fuerteventura, nos narra de una antigua historia isleña que en tierras majoreras ocurrió, caminaban unos pastores rumbo a casa tras un largo díaapacentando el ganado los dos hombres hambrientos y fatigados decidieron hacer un alto en el camino para encender un fuego y asar así el carnero que acababan de matar.

Pasaron horas y horas juntando algo de leña y justo al borde de un camino escondido tras unas aulagas encontraron una pequeña cruz de madera.

Entonces era ya costumbre en Fuerteventura colocar una cruz en el lugar de fallecimiento de una persona, pero a quién podía pertenecer aquella cruz y que recuerdos encerraba poco pareció importarles a los hambrientos pastores que sólo vieron en ella dos simples trozos de madera cruzados ideales para alimentar el fuego que les calentaría esa noche y sin pensarlo más dispuestos a seguir con su trato.

Lentamente las llamas consumieron aquella cruz de madera desgastada y dicen que ante la mirada llena de espanto de los pastores surgió una extraña luz entre las cenizas que inquieta saltaba de un lado a otro. Los pastores corrieron y corrieron dejando atrás ese objeto luminoso que no era sino el alma que albergaba esa cruz, el alma molesta e indignada del difunto que en forma de luz quiso asustar a esos pastores imprudentes que osaron perturbar su paz y quemar el único recuerdo que le unía este mundo.

Luz de Mafasca ( el alma en pena) no iba a desaprovechar la ocasión para lograr que al menos se rezara una misa de difuntos, por el. Y así nació la LUZ de MAFASCA, cuando una noche surgió de las cenizas, en el que los dos asustados pastores se les ocurrió quemar la cruz para encender un fuego. Corrieron los dos hombres llenos de pánico, pero la extraña luz les seguía, ya aceleraran o disminuyeran su alocada carrera, hasta que tras una loma desapareció de la vista de los aterrados cabreros, pero al anochecer del día siguiente, el “alma errante”, que hasta la noche anterior “vivía en la cruz a la vera del camino, comenzó a seguir a cuantas personas osarán pasar por el lugar, persecución que se prolongaba siempre durante un buen trecho del solitario camino.

Desde entonces son muchos los que cuentan haber visto esa luz, la luz Mafasca, esa luz que acompaña al viajero por los senderos solitarios de la isla de Fuerteventura.

 
 Algunas variantes

Una variación de esta leyenda identifica al protagonista del acto sacrílego con un pastor, que acuciado por el hambre quemó igualmente una cruz de madera con el fin de asar un carnero, falleciendo al poco tiempo de una grave enfermedad y vagando su alma en pena en forma de luz. Según la tradición popular, en ocasiones se ha visto también al carnero y se han escuchado sus cadenas y berridos.

Por último, una tercera variante parte de un personaje supuestamente histórico, Marina de Muxica, una sevillana afincada en Canarias que fue acusada de brujería en tiempos de la Inquisición. Según la leyenda histórica, tras un largo peregrinaje en busca de una hija secuestrada por moriscos, viajó a Roma a pedir el perdón por un grave pecado que sólo el mismísimo Papa podía perdonar. Para cumplir la penitencia, nuestra protagonista se fue a vivir a Jandía, donde construyó una casa conocida como “Casa de la Señora”, en la cual trabajaba entre otros, Pedro Arias, quién posteriormente quemaría la cruz para asar un carnero y moriría por ello en un lugar que en su honor pasó a llamarse Cuesta de Pedriales. Esta versión la recoge entre otros Cullén del Castillo, quién además mencionada como la luz pasó, de asustar a camellos y burros, a juguetear entre los coches y camiones. Pero no adelantemos acontecimientos, pues lo importante ahora es observar como la leyenda no parece sino un intento frustrado de explicar la naturaleza de un fenómeno anómalo mediante una historia con argumentos cristianos y moralizadores. Sobre este tipo de mimetismo religioso existen muchos ejemplos a lo largo y ancho de toda la geografía española e internacional.

Llegados a este punto sería conveniente trazar un retrato robot de nuestra protagonista. Básicamente, la Luz de Mafasca podría ser descrita como una pequeña bola de un tamaño no inferior a la luz de un cigarro encendido, y que no sobrepasaría demasiado el de una pelota de tenis al agrandarse. Su luz generalmente no emite destellos ni parpadea y aunque se la ha descrito con tonalidades azules y verdosas, la mayoría de los testimonios señalan el rojo y el naranja como su color habitual. Sus apariciones se producían durante todo el año, según unos con más frecuencia en verano aunque según otros en invierno, y siempre de noche, tanto en las despejadas como en las nubladas.

Su comportamiento inofensivo denota al mismo tiempo inteligencia, toda vez que la misteriosa luz tenía por costumbre aparecer en la lejanía y a gran velocidad desplazarse hasta situarse a pocos metros, en ocasiones centímetros, de los testigos, y acompañarles en su camino a veces durante horas. Así de insólita y desconcertante en la Luz de Mafasca.

 

 

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2 comentarios

  1. EL AUTOR Y LA “LUZ DE MAFASCA”

    Fuerteventura, tierra apartada y olvidada desde la oscura lejanía de los tiempos, llega hasta nuestros días, en que se abre al mundo, cargada de anécdotas y leyendas propias, fruto de un aislamiento tradicional; lo que hace que tenga un acervo cultural distinto en ciertos matices, con relación al resto de las islas del Archipiélago Canario.

    Así por ejemplo tenemos la popular leyenda de la “Luz de Mafasca”, siendo esta la mas comentada en toda la isla; traspasando incluso nuestra reducida frontera. Todos, desde niños, hemos oído contar a nuestros mayores infinidad de historias con esta mítica “Luz de Mafasca”; y ya mayores continuamos la tradición contando a nuestros hijos y nietos, agregándole, cómo no, las propias vivencias, o las del vecino, que por supuesto ya llegan desbordando la realidad; pero no por eso dejan de tener un interesante contenido.

    Esta arraigada historia, como todas, fue utilizada por los avispados de épocas anteriores, para los fines más diversos; como por ejemplo: robar los pastos ajenos en las oscuras noches majoreras, ahuyentar a la chiquillería de las huertas de frutales – abundantes en épocas pasadas – ahuyentar algún mozo de otro lugar enamorado de alguna guapa del pueblo, amén de muchas cosas más. Indudablemente era la luz, real o imaginaria, reina y señora de las noches majoreras; que bien con sus apariciones o ausencias estaba siempre presente en la mente de todo caminante.

    Hay varios puntos de la isla donde inciden más cantidad de apariciones de esta mítica luz; como son en primer lugar el “Llano de Mafasca”, del cual toma su nombre, situado al Sureste de Valles de Ortega; “Casa del Notario” y “Cuesta de Pedrales”, en el mismo lugar, “Rosa de Catalina García” y “Llano de la Higuera”, en Tuineje, y muchos puntos más igualmente propicios a estas “apariciones”. En este último lugar, en el Llano de la Higuera, allá por los años cuarenta, esta amable lucecita acompañó a un sacerdote que en altas horas de la noche viajaba en su destartalado y ciego automóvil, haciendo el trayecto de Tuineje a Gran Tarajal, colocándose suspendida del suelo a dos metros de distancia del guardabarro delantero del lateral izquierdo, manteniéndose así largo rato, y desapareciendo espontáneamente al final del Llano, al igual que había aparecido.

    Este testimonio lo recibí directamente del propio sacerdote, agregando éste que prefería no hablar del tema.

    Sobre este fenómeno se ha hablado mucho; versiones para todos los gustos, unas más creíbles que otras. Yo personalmente creo haber visto dos fenómenos de este tipo bastante extraños. El primero, el año cuarenta y nueve, en un lugar muy próximo al ya mencionado Llano de la Higuera, llamado la Cañada de “La Mata”; paraje completamente solitario en aquella época.

    Mi padre había comprado un trozo de terreno en aquel lugar y había construido una finca de regadío. Llegado el momento me envió allí encargado de realizar las labores hasta encontrar a otra persona que lo hiciera; y así pasé trescientos sesenta y cinco días, con sus noches correspondientes, en aquella extrema soledad.

    A poco de estar allí una noche de una oscuridad aterradora observé que en una vieja casa derruida que había a poca distancia de mí aparecía una lucecita diminuta moviéndose siempre sobre el mismo lugar; y en más de una ocasión, y en noches sucesivas, convirtiéndose en dos, apareciendo o desapareciendo caprichosamente, sin sentido aparente.
    Ni que decir tiene que, dada mi corta edad – pues solo contaba con dieciséis años y la cabeza llena de estas leyendas -, las noches para mí fueran un verdadero martirio.

    Pasados los años lo comenté con mi padre, el cual me confesó que también él había visto estas luces en épocas anteriores, en el mismo lugar, y que cierta noche encontrándose en compañía de otro señor, después de estar observando estas luces largo rato, decidieron acercarse al lugar por ver de qué se trataba. Al aproximarse las luces desaparecieron; no vieron ni oyeron nada en aquella casa abandonada.
    Por lo tanto ante lo inexplicable tenemos una versión más sobre la “Luz de Mafasca”. El segundo episodio luminoso extraño visto por mí, fue allá por el año mil novecientos cincuenta y cuatro, en la “Cañada de los Africanos”, al sur de Tiscamanita.

    Fue una estela de fuego de color violeta azulado que en forma de cinta recorrió el llano a ras de la tierra, a la velocidad de un rayo, y sin producir el menor ruido. Fue un destello instantáneo e inexplicable, ya que sucedió en una noche pacífica, sin ninguna perturbación meteorológica, y por lo tanto debió ser un escape de energía de la propia tierra.

    Esto fue visto por otra persona que me acompañaba en ese momento y seguramente sería visto por otras personas que, a falta de una explicación sobre este fenómeno”, lo habrán cargado en la cuenta de las apariciones de la “Luz de Mafasca”.

    Pasa el tiempo y por fin a Fuerteventura llega la claridad. Desaparece la”Luz de Mafasca”, no se oye el balar del “Cordero de la Cruz” y las almas en pena dejan de existir. Por lo tanto los majoreros hemos pedido el “alma” y solo nos quedan las “penas” para el recuerdo.

    ¿Existió en realidad esta luz?
    ¿Existe en la actualidad?
    ¿Seguirá existiendo en el futuro?
    Sin lugar a duda, siempre existirá.

  2. Hay una peli de esto te mando un reportaje.
    Gracias

    Un alma en pena, un fenómeno paranormal o un espejo en el que mirarse a uno mismo. Cualquiera de las tres definiciones le cabe al asunto de «La luz de Mafasca», el largometraje que el director canario Zacarías de la Rosa presentó con buena respuesta del público en el festival de cine de Las Palmas.
    Es la segunda vez que participa en el Foro canario de la cita fílmica y en esta ocasión lo hace con un particular tratamiento del fenómeno de las luces populares o luminarias, que se da en varios lugares de todo el mundo, pero que en este caso aparece particularizado en Fuerteventura.
    Patricia Álvarez encarna a Ico, una periodista que llega a la isla para investigar el fenómeno y se instala en la soledad de la playa de Cofete. «A mi personaje le suceden cosas que en un principio no se tomaba en serio, pero que más tarde avanzan sobre su propia persona y acaban condicionando su relación con la materia sobre la que iba a investigar», explica la actriz.

    La leyenda popular indica que la luz es un alma en pena, del siglo XVII, el de la señora Marina de Mújica. Pero la relación que se establece con la luz no necesariamente es de temor, porque muchos de los relatos dan cuenta de una interacción, cierto acompañamiento de la persona que se la encuentre. Y trasciende las edades. Contrariamente a lo que se podría suponer, no es materia de conversación de viejos supersticiosos, sino que las generaciones más jóvenes también participan de la creencia.

    Ensayo sobre la luz
    A Ico no se le aparece la luz, porque se trató de evitar algo que podría haber sido considerado como un recurso efectista. «Hemos preferido ahondar en qué significa la luz para las personas. Buscamos hacer un ensayo sobre la luz de Mafasca, en clave de ficción, con la salvedad de que los testimonios de la gente del lugar son todos reales», apunta el director.

    Esa mezcla de ficción y realidad da como resultado algo así como realismo mágico a la majorera, donde el espectador no sabe bien dónde está el límite entre la experiencia sensorial y la sugestión. Un thriller psicológico que demandó mucho trabajo de preparación, porque De la Rosa quería ganarse la confianza de la gente del lugar, que al igual que el paisaje de la isla, juega un papel relevante en la cinta.
    «Toda esta historia nos da pie para hablar sobre cómo es la gente a partir de estos hechos sobrenaturales; es la excusa para hablar de los miedos personales, que es a lo que te enfrenta la luz de Mafasca», explica el realizador, que puntualiza una frase-síntesis de su obra, «las cosas no son tal y como las vemos, sino tal y como somos».
    Tras su estreno en el festival de Las Palmas, la prioridad es buscar un distribuidor nacional y tener presencia en otros festivales. El filme se emitirá por la TV autonómica, que tiene parte de los derechos y aspiran también a lograr una distribución no convencional, que podría derivar, por ejemplo, en ir pueblo por pueblo de Fuerteventura y otras islas, en proyecciones autogestionadas.
    Mito y realidad
    Ico da por terminado el reportaje cuando encuentra los testimonios que había ido a buscar. «Resuelve la parte periodística, aunque ella convive con otras dos mujeres en ese lugar aislado de todo, y por eso le suceden cosas que no esperaba», apunta Patricia Álvarez. El misterio, el juego con hechos reales o imaginados se vincula a clásicos de las letras americanas del siglo XX, como «Pedro Páramo», una referencia ineludible para el director de la película.

    Aunque la cinta también dialoga con hechos reales como la tragedia de Tefía, de la que se cumplen 40 años en estos días, cuando trece paracaidistas murieron en unas maniobras militares, arrastrados por el fuerte viento.