LA LANGOSTA EN FUERTEVENTURA Cuando se convierte en plaga, es espectacularmente voraz

LANGOSTA AFRICANA

LANGOSTA AFRICANA

Desde que Fuerteventura está habitada se ha visto expuesta a multitud de condicionantes naturales y humanos, que han hecho que la vida, a veces, fuese muy inhóspita. A los ataques de corsarios y piratas, hay que sumarles la baja pluviometría, la gran cantidad de horas de sol, los constantes vientos reinantes, y las plagas, pero también las epidemias. De estas últimas, las más importantes y repetidas fueron las de la peste y la de la gripe. Cuando había algún brote epidémico los puertos de la isla se cerraban.

Entre las plagas destacaron por su incidencia las de las langostas, las de cuervos y las de ratones. 

Si hay una plaga que lo devora todo es la de las langostas africanas, que llegan a Fuerteventura empujadas por los vientos cálidos. Estos artrópodos denominados por los científicos Schistocerca gregaria, cuentan con un cuerpo de algo más de 5 centímetros y se caracterizan por su voracidad cuando están en grupo.

Cuando la langosta está en solitario, es inofensiva, pero cuando se producen abundantes precipitaciones, tras largas épocas de sequía, la vegetación se desarrolla rápidamente, y es cuando las langostas solitarias se agrupan y son temidas por su voracidad. Al hacerse gregarias adquieren una gran capacidad de reproducción, al tiempo que reducen su mortalidad. Forman enjambres capaces de realizar grandes desplazamientos. Mutan su aspecto físico e incluso el color del cuerpo.

Las langostas han llegado a Fuerteventura, desde hace milenios. Sin embargo, es a partir del siglo XVI con el auge de la agricultura cerealista cuando se constata su mayor incidencia y perjuicio para el campo majorero. Según el historiador Manuel Ramírez, en Canarias, se han producido 85 plagas de langosta desde el primer tercio del siglo XVI.

A principios del siglo XVII, ya se registró documentalmente la presencia de la langosta en los campos majoreros.

222 Legajo 2, f. 14, 20 Marzo 1623. Villa de Betancuria.

(…) El Personero General da noticia de que en la Vega de Río Palmas han aparecido unas manchas de langosta, trayendo la muestra de una pequeña que se ha engendrado. Acuerdan que el día 23 acudan a Río Palmas todos los vecinos de esta Villa, Río de Palmas, Tiscamanita, Pájara y Antigua, al amanecer, con el Regidor Gaspar Fernández Peña, para matar la langosta, so pena de 4 reales a los que no acudieren. También mandan que si alguna persona supiere que en otra parte de la isla hay alguna langosta, venga a dar la noticia a este Cabildo, para acudir a matarla.

Tres años después la langosta se había extendido por toda la isla.

Legajo 2, f. 77, 16 Marzo 1626. Villa de Betancuria.

(…) Es notorio que en muchas partes de la isla hay langosta, que se está multiplicando, de lo que resultará gran daño para esta isla, por hallarse abundante la actual cosecha.

Los habitantes de Fuerteventura poco podían hacer para evitar la expansión de la voraz langosta. Tan solo matarlas manualmente, o espantarlas con unas antorchas llamadas “hachos”, con disparos de arcabuces, y como último remedio, hacer prerrogativas a santos y vírgenes, para que les protegiera. Incluso la Santa Inquisición tuvo que intervenir, nombrando una persona que realizara una ceremonia de exorcismo contra los insectos.

En los archivos históricos de Lanzarote del 11 de marzo de 1618 se puede leer:

“…que es notorio que hay mucha langosta y que ya comienza a hacer daño y conviene acudir a pedir a Dios Nuestro Señor se sirva quitar esta plaga, y que se vaya a la parte y lugar donde ha nacido con los exorcismos”.

“…106 reales para el gasto de dos religiosos venidos de Canaria para hacer los exorcismos de la langosta.”

En los Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura se reflejan disposiciones religiosas contra la langosta. Veamos un ejemplo.

558 Legajo 4, f. 94, 2 Diciembre 1659. Villa de Betancuria.

El Alcalde Mayor mandó a los vecinos matasen la langosta, pero por ser tanta no se puede extinguir, por lo que se espera la ruina total de la isla, (…) y la langosta cada vez viene más a la isla, no siendo las fuerzas a mano equivalentes al remedio, por lo que hay que acudir a Dios en petición de aguas, acordaron se dé cuenta a los beneficiados para que se hagan procesiones convenientes y que los Santos que se tienen se depositen en las iglesias que se señalaren. Y no teniendo propios el Cabildo para ello, se tratará de pedir entre los vecinos la limosna que pudieren dar, para pagar cera y misas.

Son varias las procesiones de Fuerteventura que tienen su origen en las plagas de langosta. Por ejemplo, la festividad de San Juan Bautista, se comenzó a celebrar en marzo 1691, debido a la plaga de “cigarrón” que asoló, ese año, los campos majoreros. El Cabildo, para remediarla, eligió un Santo que les protegiera. Se echó a suertes y salió S. Juan Bautista, y se acordó hacerle una procesión todos los años con asistencia del Cabildo. Los gastos serían sufragados por todos los vecinos de la isla. Esta festividad no tuvo gran acogida por los majoreros y cayó en desuso, hasta que una nueva plaga de langosta, en 1779, provocó el aumento del fervor popular por este santo.

Desde finales del siglo XVIII hasta las primeras décadas del XIX, las desgracias se arraigaron en Fuerteventura. Hubo plagas de langosta en  1779, 1782, 1791 y 1793. Posteriormente, en los años 1810, 1811 y 1812 además de la langosta, se sumó una gran sequía. La lluvia no hizo acto de presencia, durante tres años consecutivos, por lo que no se pudo cosechar. La hambruna se hizo crónica y las epidemias de fiebre amarilla se sucedieron. 

Para que la población sobreviviera fue preciso introducir cargamento de millo extranjero a precios exorbitantes. Diego Miller contó que “la gente moría a montones”, y relató cómo llegaban las langostas a Fuerteventura.

Estos monstruos sobrevinieron en nubes que llegaron a oscurecer la faz del día y, por el mar, en tal cantidad que parecían islas flotantes. Aparecieron tantas en una noche que no se podía ver tan siquiera una brizna de grano, ni un arbusto, ni siquiera una piedra ni absolutamente nada, por toda la isla, que no estuviera cubierto por ellas. En menos de tres días, toda la tierra sucumbió arrasada y ocurrió un fenómeno sublime y horrible al mismo tiempo: la tierra parecía cubierta por todas partes de un manto escarlata, (…)

La gente dice que cubría el suelo con tres o cuatro pulgadas de grosor y qué eliminarlas les llevó muchos meses.

Antes de que terminara la primera mitad del siglo XIX, muchos más de estos insectos africanos llegaron a devastar Fuerteventura, provocando un gran éxodo humanitario. La isla se quedó casi despoblada. También  la langosta berberisca ha llegado a nuestras islas en el siglo XX, y en la centuria actual. Las personas mayores seguro que recuerdan las plagas de 1958, y de 1988, los no tan mayores la de 2004, que tuvo especial incidencia en el Parque Natural de las Dunas de Corralejo.

PLAGA DE LANGOSTA DE 2004 - FOTO EL PAÍS

PLAGA DE LANGOSTA DE 2004 – FOTO EL PAÍS

Para concluir, pensamos que no sería descabellado decir que en la dieta de los mahos estuviera incluido este artrópodo. El empleo de langostas en la alimentación en el Norte de África está muy arraigado y son muy apreciadas. Se consumen en grandes cantidades, previa cocción y secado al sol. Se trata de prácticas recolectoras directamente heredadas de tradiciones prehistóricas y protohistóricas, como la mencionada por Herodoto en el siglo V a.C. 

“Van a la caza de langostas, las que muelen después de secar al sol y mezclando aquella harina con leche se la beben”.

Así que si vuelve a haber otra plaga de langosta mejor abrimos las puertas de las despensas 😉 .

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