Antiguas profesiones en Fuerteventura: El Aguador.

Aguadores en Fuerteventura

Los aguadores han sido, a lo largo de la historia, un oficio de gran trascendencia en Fuerteventura. Su actividad consistía en la venta ambulante de agua en las diferentes localidades. El aguador era esencial en una isla, como la nuestra, en la que la pluviometría es muy baja y no cuenta con embalses activos.

Pero, antes de comentar cómo era el oficio de aguador en Fuerteventura, me gustaría describir algunas de las características de esta isla.

La lluvia en Fuerteventura

La pluviometría en Fuerteventura apenas llega a 130 mm anuales que precipita en unos 20 días al año. Cuando llueve en la Maxorata lo hace, a veces, de manera torrencial, arrasando gavias y campos. Esto es debido a la poca presencia de vegetación, y a lo arcilloso y rico en sales que es el suelo majorero. Características que provocan una poca infiltración del agua de lluvia, y que la mayoría se pierda en el mar o se evapore.

BARRANCO DE RIO CABRAS
BARRANCO DE RIO CABRAS

A pesar de la gran evaporación del agua de lluvia, lo cierto es que Fuerteventura llegó a contar, hasta principios del siglo XIX, con el agua suficiente para abastecer a la población de la isla. 

Fuerteventura disponía de un importante acuífero subterráneo y contaba con casi 40 nacientes de agua, algunos de ellos muy importante, como el del barranco del Río Cabras. La Fuente del Río Cabras, era un naciente natural cerca de Casillas del Ángel, contaba de varias albercas: una de ellas para dar de beber a los camellos, otra para abastecimiento de las casas, y una tercera, para lavar la ropa.

El aprovechamiento del agua en Fuerteventura.

Desde la llegada de los primeros pobladores a Fuerteventura, sus habitantes se han afanado en la búsqueda del agua. Las crónicas de la conquista de Fuerteventura (siglo XV), nos dan una imagen diferente de la isla actual. En estas crónicas se pueden leer frases tan singulares como:

“en cuatro o cinco sitios se encuentran arroyos con suficiente corriente de agua dulce para que puedan moler molinos.”

E incluso: 

“las fuentes son hermosas, vivas y corrientes”. 

Desde entonces, en cada época se han desarrollado diversas técnicas para extraer el agua de Fuerteventura, dando origen a un paisaje salpicado de gavias, nateros, maretas, cadenas, alcogidas y molinos. Muchas de las casas tradicionales majoreras conservan sus antiguos aljibes, pozos, y norias. Además, en toda las casas había “destiladeras”, un ingenio canario que sirve para filtrar el agua.

La implantación, desde el siglo XIX, de molinos, para la extracción de agua del subsuelo, fue el principio del declive. En menos de 80 años se perforaron casi 2500 pozos. Esto unido a la nefasta gestión del agua, la creación de cultivos de regadío y la sobrexplotación de los acuíferos, ocasionó una mayor concentración de sales en el agua, y que esta dejara de ser potable.

¿Sabías que hubo intentos de explotar las aguas de Fuerteventura, de manera industrial, tanto en los manantiales y minas de Puerto del Rosario como en las montañas de El Cardón, y Chilegua?.

Los aguadores en Fuerteventura

Escultura del Aguador – Puerto del Rosario

Desde la colonización de Fuerteventura cada familia era la encargada de abastecerse de agua. La mayoría de las viviendas disponían de un aljibe donde se recogía el agua de lluvia. Sin embargo, otras tantas no contaban con estos depósitos subterráneos, teniendo que transportar el preciado líquido en grandes barricas desde los aljibes, pozos o las fuentes lejanas hasta las casas. Los toneles llenos de agua eran acarreados en camellos o burros.

La industrialización del campo majorero, a finales del siglo XIX, trajo aparejado un aumento poblacional y una mayor demanda de agua. El acuífero natural ya no daba más de sí. Así que se traía el agua desde otras islas, en barcos. Primero se utilizaron unos pequeños vapores llamados “correillos”. Una vez que arribaba el barco al muelle de Puerto del Rosario, Puerto Cabras por aquel entonces, una pequeña falúa tendía una manguera desde la costa a la embarcación. El agua era traspasada a un aljibe, que había cerca del Muelle Chico, propiedad de los Castañeyra. Después los aguadores eran los encargados de ir vendiendo el agua por las casas. 

Los aguadores utilizaban cualquier tipo de recipiente para acarrear su pequeño tesoro, desde toneles de madera hasta viejas latas de aceite reutilizadas.

Las latas tenían una capacidad de unos 6 litros y se transportaban a hombros. Una larga vara de madera servía para colgar, en cada punta, una lata. En estos casos los aguadores trabajaban en lugares pequeños como podían ser Puerto Cabras, o Gran Tarajal. Hacían muchos viajes al depósito principal y vendían agua a comerciantes y transeúntes. 

Reparto de agua en Tiscamanita

En la capital majorera los aguadores se abastecían del agua en los “filtros” (denominación popular de los grifos). Había dos en Puerto del Rosario. Uno de los grifos se encontraba en la trasera de la iglesia, donde había un pequeño depósito. El otro se localizaba cerca de la actual Fuente de la Explanada.

En Gran Tarajal los aguadores se abastecían de agua de un pozo comunitario situado donde actualmente está correos.

Aguadores 1925

A mediados del siglo XX el agua era traída en buques cisternas de la Armada española, que fondeaban en Puerto del Rosario. Se transportaba a los aljibes y depósitos municipales. Y, a pesar de que la mayor parte del agua era donada, por otras islas e instituciones, para que fuese distribuida gratuitamente, las autoridades majoreras cobraban a los vecinos por ese agua, tan necesaria y escasa.

Durante buena parte de los años 60 del pasado siglo coexistieron tanto los aguadores de a pie como los que transportaban bidones de 200 litros en carros tirados por burros.

Aguador en Puerto del Rosario – 1965

En aquellos tiempos el agua llegó a ser racionada. Cada familia de Puerto del Rosario tenía un volumen de agua asignado. Y los aguadores repartían el agua mediante vales. Cada vale equivalía a unos 6 bidones semanales. Debido al aumento poblacional y de los hábitos higiénicos y de consumo los únicos aguadores que pervivieron fueron los que llevaban bidones.

A comienzos de los setenta la red de distribución de agua comenzó a extenderse por las diversas localidades majoreras, dejando de ser necesarios los aguadores. Ahora bien, la capital majorera cuenta con una escultura y una calle, que ayudan a que este oficio no se extinga de la memoria colectiva.

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