Ancla del buque-aljibe Contramaestre Castelló

Ancla del buque-aljibe Contramaestre Castelló

En la Calle Ruperto González, al principio de la Avenida Marítima de Puerto del Rosario, una imponente ancla se erige como un testamento silencioso de la historia marítima de Canarias. El ancla perteneció al buque-aljibe Contramaestre Castelló. Este ancla no solo adorna la entrada de la capital majorera, sino que nos  transporta a una época en la que la Armada desplegó su influencia para afrontar uno de los desafíos más apremiantes: la sequía.

La Avenida Marítima de Puerto del Rosario atestigua la presencia imponente de buques-aljibe, protagonistas de viajes cruciales que, durante años, garantizaron el suministro de agua potable a las islas orientales de Canarias.

Un poco de historia sobre los buques-aljibe en las costas de Fuerteventura

Buque Aljibe A-4

En una época en la que la sequía desencadenaba miseria y emigración, la Armada Española se erigió como la guardiana del abastecimiento hídrico, desplegando soluciones ingeniosas con los medios de los que disponía,. Puso a disposición de la población sus buques-aljibe.

En los años 50 del pasado siglo y durante una década, La Armada, liderada por el almirante Luis Lallemand Menacho, llevó a cabo una iniciativa especial conocida como la “Operación de Aguada” en Puerto del Rosario, con el fin de suministrar agua potable gestionada y financiada por el Ayuntamiento local. 

Estos colosos no solo transportaban agua en sus cubas, sino que también llevaban consigo la esperanza a través de los mares.

Buque-Aljibe A6 frente a las costa de la Graciosa

Este esfuerzo conjunto implicó la participación de diversas embarcaciones, como las barcazas de desembarco K-5 y K-6, que originalmente transportaban carbón a la zona.

Además de estos, se contaba con remolcadores que brindaban apoyo en las maniobras, así como los buques aljibe A-2, A-4 y A-6. El proceso incluía el transporte del agua en cubas proporcionadas tanto por el Regimiento de Infantería Fuerteventura como por civiles. Estas cubas se utilizaban para llevar el agua desde los depósitos hasta lugares estratégicos, como el depósito denominado “El Filtro”, desde donde se redistribuía a carreteros, aguadores y otras cubas para su posterior reparto en los distintos pueblos de la isla.

Entre estos buques resalta el “Contramaestre Castelló”, un coloso propulsado por una máquina alternativa de triple expansión, que se erigió como el último barco militar español impulsado por esta tecnología.

El buque-aljibe “Contramaestre Castelló”.

Buque-aljibe “Contramaestre Castelló”.

Construido con maestría en los prestigiosos astilleros Bazán en Cádiz, el “Contramaestre Castelló” vio la luz del día el 25 de julio de 1949. Su entrada oficial en la lista de activos navales tuvo lugar el 26 de enero de 1952, y a partir de entonces, este imponente buque desempeñó un papel vital en la historia marítima de Canarias hasta su retiro el 20 de diciembre de 1993. 

En la travesía, el barco llevaba consigo a una tripulación compuesta por 32 marineros. La base de operaciones del “Contramaestre Castelló” estaba estratégicamente ubicada en el Arsenal de Canarias, desde donde emprendió su misión: abastecer de agua a las unidades destacadas en el Sahara.

El buque, inicialmente clasificado como A-6, experimentó transformaciones a lo largo de los años que reflejaron su versatilidad. En 1980, se redesignó como AA-6 (auxiliar-aljibe), y a partir de 1986, asumió la designación final de A-61, manteniéndose activo hasta su baja definitiva. Su legado, sin embargo, persiste en la memoria de aquellos que lo conocieron como el “Contramaestre Castelló”.

Ancla del buque-aljibe Contramaestre Castelló

En términos de dimensiones, el coloso marítimo medía 65,50 metros de eslora, 9,60 metros de manga y tenía un calado de 4,80 metros. Impulsado inicialmente por motores a carbón de 800 caballos de vapor, en 1967 experimentó una transición significativa al adoptar motores diésel, reduciendo su potencia a 780 caballos y alcanzando una velocidad de 9,5 nudos.

La capacidad de carga del “Contramaestre Castelló” era impresionante, albergaba hasta 1000 toneladas de agua en su bodega. Además, su arsenal incluía dos ametralladoras Browning de 12,7 mm, mostrando que no solo llevaba vida líquida a destinos áridos, sino que también estaba preparado para defenderse en situaciones desafiantes.

La historia del buque “Contramaestre Castelló” culminó en 1995. El barco se convirtió en blanco durante los ejercicios del Ejército del Aire llevados a cabo durante las maniobras S1NKEK el 5 de abril de 1995, marcando así el fin de su ilustre carrera en los mares, justo frente a las costas de Canarias. Este último acto sirvió como un cierre simbólico y memorable para la vida operativa del “Contramaestre Castelló”.

Ancla del buque-aljibe Contramaestre Castelló

¿Sabías que hubo otro buque con el nombre Contramaestre Castelló?

Es una tradición en la Armada Española rendir homenaje a sus héroes inmortalizando sus nombres en los buques. Esta práctica es una forma especial de reconocer las hazañas, a veces heroicas, de suboficiales y marineros que han dejado una marca indeleble en la historia naval.

En 1924, bajo la orden del dictador Primo de Rivera, se llevó a cabo la adquisición de ocho buques guardapescas destinados a vigilar las costas españolas. Se decidió asignar, a los buques, los nombres de suboficiales y clases que habían perdido la vida en los combates navales de Cavite, en Filipinas, y Santiago de Cuba. Los nombres de estos valientes hombres quedaron grabados en la historia a través de los buques: Condestable Zaragoza, Contramaestre Castello, Maquinista Macías, Torpedista Hernández, Cabo de Infantería de Marina Garciolo, Marinero Cante, Fogonero Banobre y Marinero Jarana.

Estos buques, construidos en los Astilleros Niclausse en el Sena entre 1918 y 1919, inicialmente prestaron servicio en la Marina francesa. Fueron adquiridos por España en 1925.

Durante la Guerra Civil Española seis de estas unidades quedaron en la zona nacional, específicamente Zaragoza, Macías, Garciolo y Jarana en Cádiz, y Castelló. La mayoría de ellos fueron hundidos durante o poco después de la contienda bélica.

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